REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Fragmentos diarios 3


Hugo Enrique Sáez A.

Hoy me levanté metafísico, acosado por algunas interrogantes que generan comezón mental. Por Darwin sabemos que la especie humana desciende de ancestros primates que desembocaron en el llamado homo sapiens. No nos dio, sin embargo, la clave para investigar de dónde proviene cada individuo. Por eso me pregunto, ¿quiénes fueron mi abuela y mi abuelo monos? ¿Se los llamaba por algún nombre o sólo eran objeto de un pronombre demostrativo (éste y aquélla)? ¿Eran bien parecidos para los estándares de la época o les decían “cara de simio”? ¿En qué punto del planeta habitaban y si vivían en los árboles o en una cueva? ¿Qué fiestas celebraban con los demás miembros de la manada a la que pertenecían? ¿Se alimentaban sólo de bananas o ya se animaban a cocinar un pollo, carne que me causa repudio? ¿Tenían algún oficio y profesión? Y en la noche, ¿pasaban horas mirando los mismos programas del fuego, a falta de televisión? Otro de los grandes enigmas familiares: ¿cómo hizo el espermatozoide del que me formé para ganarle la carrera a los millones que lo perseguían? Que alguien me ayude a dilucidar este abanico de incertidumbres. Me evitará las pesadillas más horrendas, ésas que no dejan conciliar el sueño.

Escribe Sloterdijk: “Hace ya muchísimo tiempo que al cinismo difuso le pertenecen los puestos clave de la sociedad, en las juntas directivas, en los parlamentos, en los consejos de administración, en la dirección de las empresas, en los lectorados, consultorios, facultades, cancillerías y redacciones.” No obstante, este tipo de cinismo no sería efectivo si no abarcara todos los niveles sociales, en los que se rige empleando un tipo de moralidad para justificar la inmoralidad. Se distingue por la fórmula 'Saben lo que hacen, pero lo hacen como una necesidad'. Son la contracara del imperativo categórico kantiano: “si yo pago el préstamo que me hizo un amigo sería un tonto. Cualquiera en mi lugar haría lo mismo que yo al desconocer esa deuda.” Son los creadores del imperativo personal elevado a categoría universal. Luego, la supervivencia se erige como el valor supremo.
Frente al cinismo, Sloterdijk ubica el 'quinismo', heredero de Diógenes el perro. Se emplea la farsa para dar vuelta el 'no me importa lo que digan' del cinismo dominante. Diógenes se masturbaba en la plaza pública aduciendo que si sobándose el estómago calmaría el hambre, también lo haría. Ponía en escena 'la necesidad' como causa de la acción y de este modo mostraba el extremo cómico de la corrupción.

Escribió Wittgenstein que los parlantes humanos nos comunicamos mediante “juegos del lenguaje”. Freud descubrió en su pequeño nieto un juego de relevancia para su esquema emocional. El niño tiraba cualquier objeto hasta el fondo de la habitación y decía “fort” (desapareció, se ha ido); luego lo recuperaba y exclamaba “da” (ahí está, regresó). Simbolizaba de esa manera la ausencia de su madre (objeto real que era reemplazado por el significante; en este caso, el carrete tirado por hilos). Como adultos seguimos jugando con distintas estrategias al expresarnos. Recuerdo en particular la fórmula de la seducción, señalada precisamente por Freud: “tengo algo interesante para ti”. De hecho, aparece escondida en invitaciones tan inocentes como “a ver cuándo nos tomamos un café”. El significante “café” reemplazaría en este caso la frase “quiero tener algo contigo”. Por supuesto, no se trata en exclusiva de un deseo sexual -en algunos sí-; también sirve como lazo de unión para amistades, cooperación en un proyecto, y diversas tareas. Jugar a las “escondidas” o “escondidillas” (según el país) es una de las múltiples combinaciones en que tratamos de saber quiénes somos. Y tú, ¿a qué juegas cuando hablas?

Digamos que se llamaba Diana, por ejemplo. Como funcionaria del gobierno central le tocó hacer un relevamiento de la pobreza en un pueblo algo perdido en la geografía de Chihuahua, escogido en función de los famosos quintiles. Al aterrizar en el aeropuerto de la capital del estado, en su mente se debatían las alternativas que tendría para llegar al sitio remoto objeto de su viaje. Casi seguro que rentaría una camioneta de ésas que llaman 4x4, la más indicada para desplazarse en una brecha endemoniada. Para su sorpresa, un hombre de traje y corbata, vestimenta insólita en aquel verano ardiente, le mostraba un cartel con su nombre. Pensó para sus adentros que sería un homónimo. Y no. Se presentó como enviado por el presidente municipal del poblado motivo de su misión. Sintió alivio. Preguntó si venía en camioneta. De nuevo se equivocó. “No, partimos de aquí mismo en el jet del municipio…” Por un instante requirió pellizcarse invocando realidad y hasta desconfió del individuo amable que la había abordado. El piloto resultó un experto en el cómodo avión para 12 pasajeros. Y sí, había aeropuerto, precario, y el aterrizaje fue muy suave. Entonces conoció a Antonio, que la recibió quitándose el sombrero con un ademán y esbozando una sonrisa. Un norteño “echado palante”. “No, yo no soy el presidente municipal, señorita. Sólo que él es mi amigo y le presto mi nave. Encantado, además, de que haya transportado a una dama tan bella y culta como usted.” “Te cuento, Hugo, hasta era guapo el tipo pero yo me moría del susto cuando me propuso matrimonio. Bueno, ni siquiera me lo propuso, me lo impuso diciendo que yo sería buena para ayudarle a criar a sus hijos porque su esposa, lamentablemente, había muerto en un accidente. ¿Tú crees? Que me llevaría a Nueva York para escoger el anillo en Tiffany. ¿Qué te parece?” De regreso en el DF, el celular de Diana terminó sumergido en el lago de Xochimilco y por suerte, Telmex cambió el número de su teléfono fijo.

La duda es una puerta para acceder al pensamiento. Si se duda es porque algo no está funcionando como nos lo habíamos imaginado. Entonces, la tarea es revisar las nociones y conceptos con que miramos el mundo. Esas nociones y conceptos son los lentes que seleccionan aquello que vemos y lo que no queremos ver. En cambio, la fe no duda. No admite la duda. La prohíbe. El papado colocó la obra de Descartes en el Index por haber cometido el pecado capital de la duda. Stalin mandó a sus enemigos a congelarse en Siberia. Se apartaban de la sagrada línea trazada por el PCUS inspirado en el gran jefe de un proletariado abstracto. No resuelve todo la duda, es un comienzo de una aventura que provoca adicción: pensar.