REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 09 | 2019
   

Confabulario

Inventativa errónea


Yurazzy

Se van entre las hojas los provectos estilos de contarnos los secretos, como lo hacen las luciérnagas que alumbran en la noche mi figura desgastada, mi silueta tan enfurecida por la falta de ánimo, por el frenesí que sin nada más se va opacando con las sombras que salen de mi propia lengua ardiente, de mi mente fumífera dividida en veinte columnas de sangre color mostaza.
Y cuando caen las hojas, ellas se suicidan y nada se puede hacer para ayudarlas y volver a darles vida, porque están muertas, sobre una cae otra y otra y se aplastan lentamente y se convierten en bellas damas de la tierra, detallando el suelo raso con sutiles formas que destruyen así a la planicie. Me miras como miras a la televisión cuando aparecen en la pantalla hermosas féminas que regalan la imagen de sí mismas sin pudor… entonces me miras cuidadosamente y completamente, entonces me miras al centro de mis ojos… toma mi mano derecha y después toma la izquierda, toma mi cintura y mi espalda acaricia por favor… te doy ahora el aliento que le sale al alma, para suspirar y vivir entre las tres lunas y el sol.
Promete en voz alta que me dejarás mostrarte bajo la sábana a las estrellas fugaces que se alojan ahí. Que dejarás que yo te lleve colgando de lianas hasta la última ventana de láser donde suelo estar y permanecer días para poder ver tus alas amarillentas, tu boca en boceto de media luna… pero deja primero que yo te escuche, entre tu voz sé que esconden las hadas el secreto que le cuentan celosas a cada uno de los musgos terrenales que habitan en aquel pequeñísimo bosquesote. Si, ése a donde fuimos el verano pasado a nadar, ¿si lo recuerdas?... es mejor que nos callemos, no queremos nada que pueda destruir a la torre de silencio y quietud que hemos construido a base de gritos apagados, de sólo el recuerdo del llorar con gemidos, es tarde, ven ya por mí como siempre, ven ya como lo hacías ayer… ah, por favor, no dejes la luz encendida que odio verme en su reflejo.
¿Ya lo entiendes todo?, o por lo menos tírate sobre la obstinación y parte como un pedazo de papel en agua las frases graciosas que no dices asiduamente. Aunque nada se parezca a nada, ni nadie a nadie de nosotros, entiéndeme, así como lo hacen las voces iluminadas por sonrientes… las voces iluminadas por los destellos de tus sonrisas y tus risas. Retrocédeme al tiempo donde realicé las pirámides con todas las palabritas de mi infancia, que con la inocencia perdida las redacto ahora, con tanta rudeza.
Piérdeme y piérdete dentro del túnel donde abunda el polvo que inhalan los unicornios, donde se anidan las abejas más dulces que he comido, y no digas nada, no digas que puedes dejarme aunque estés más lejos que la estrella Deneb, para entonces regresaré porque me echarán de la embarcación simpática que se aleja de todas las buenas pretensiones que escribo sobre mi mano trémula al amanecer, a la hora de decirte a ti que tienes que rayar las olas que vienen de la penetración de la oscuridad en mi alcoba, y colorearlas cual pintor desesperado, de colores y colores y mezclas de los mismos y resultantes de ellos otros llamativos y vivaces, que no tendrán en su contraste una parte de uniformidad, y mañana te lo diré al mismo tiempo que va a parir la sirena al infundio que fue concebido cuando ella se relacionaba con una sílfide durante una orgía maravillosa y de la cual fue arrojada una copa de silicón perecedero… al tercero de los días de su nacimiento ya se habrán llenado los buitres que circundan mis pasillos mentales que conducen hasta mi hemisferio izquierdo… lamento todo, en serio, aunque todo suene tan burdo, porque mi lenguaje áptero seguirá tus sonidos y de emular lo que no ve es lo que tratará, pero antes mantendré alerta al despertador de mi memoria de esas calientes pesadillas en las que es asesinada la belleza corporal, entonces serán de las que no necesitaré despertar y sumergir mi ser en su única y deseada camilla, permanecer ahí por varias horas y diversos serán los actos que se ejecutarán con tan irreal motivo, con tal remecedor de luces. Y saltar junto a la esfera gigante y orgásmica, tanto como el ave que siente placer de su vida pasar volando. Deseando no terminar el vuelo se encaminan hacia otros ríos los arroyos, y sus peces vivos y contentos de sus colas y aletas ver crecer, de sus lágrimas agridulces volcar en tren ligero y decirle adiós para siempre a plañir.
Es para el bien común el comerme tus ojos, sin sangre, sin vasos ni venas, sin carne, sin ti. En fin, cuánto alboroto por un torpe escrito redactado con desvelo acumulado y con múltiples voces anónimas hablando muy en el fondo de esta cabeza incongruente y no funcional. El homicida que debe estar a tu lado no está para encargarse de la muerte de tus ideas desechables, que no van a ningún lado, que se detienen y caminan y corren y luego duermen y más tarde se desesperan y hambrientas se devoran entre sí.
Nada acabará para terminar lo que no comienza pronto, ve y regresa por esta indigente a la que llaman sin decirle algún sobrenombre, a la que no se le ve entender lo que no debe entenderse y de lo que no deben de reírse. Para hallarme fiel se trata de quemar las férvidas marañas causantes de la aparición del revólver cargado con 934 balas, y sexualmente lamentaré el infortunio que se despliega al volver a doblarla. Basta con todo y chorreando vinyl de las uñas recogeré los pares de células muertas, de las neuronas que no caen y se van acumulando por doquier, para hacerse de mí miles de conjeturas e inmolar a las reinas de corazones análogos que repiten por las tardes la misma frase insigne que resurge y continúa tan vigente como antaño. En mí, errar es perder tiempo y dejar que la garúa solitaria me invada completamente y me provoque gazuza. Dilapidar los restos de algas marinas para verterlas en coágulos de miel con espesor austero del cual me sienta tan alegre diseñándole el vientre con la gubia en mano. Presentarlo al sequito tuyo y ahí se me observará maniatada y desmañada con el pensamiento incólume, falto de glucosa para no estar en coma diabético y mutilarme las piernas con navajas, y a pesar de mi anopsia distingo cuantos ataques de zozobra hay en tus días, teniendo de mi anticipado conocimiento acerca de vivir con vesania que me acompaña sobre todo en días festivos en los que la gracia con los que ellas portan los vestidos me da aversión… en la suma total del afecto dado, el resultado es que el afecto se define como algo finible.
La diacronía de las psicopatías ajenas se aproxima a ser epitafio de mi pertenencia, puesto que ha sido arrebatado por un tentáculo vehemente, que ha salido del caparazón de una ballena jocosa, y que de ella en filas explotan los calamares y todos los monstruos que han vivido en mi frigobar. Brindo hoy por ti, pero antes dime que sí logras escuchar el tintín, para estar extática de una vez por todas… así, a la hora de la escancia, en punto de las 5 a.m. tu magnificencia utilizar como pretexto. No se te olvide también escuchar mi silencioso miedo, mi fatal enfriamiento de lucidez al frecuente parpadear de la hipocresía. Seré la irrisión perfecta y sin motivo ni causa ya estaré en veintitantos meses convertida en algo relacionado con la ostra que soy ahora mismo. A ti, se te acabarán las palabras y buscar bajo la cama olorosa a soledad será inútil, estaré, recuerda bien, estaré en un lugar más húmedo, que soporta a mi mismo ser, al ser que no encuentro…