REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
14 | 12 | 2018
   

Para la memoria hist贸rica - Encarte

Los grandes sucesos de la Revoluci贸n Mexicana - El asesinato del general 脕lvaro Obreg贸n


Luis Garfias M.

Aunque en muchos momentos de la historia mexicana reciente la historia de la Revoluci贸n Mexicana apasion贸 a la gente, hoy apenas se le estudia y se le hace para degradarla, verla como una enorme lucha de poderes y caudillos. Atr谩s de cada acci贸n siempre hubo una intensa actividad que movieron a personajes e ideas que poco aparece m谩s que en alguna forma de vida acad茅mica. El asesinato de Obreg贸n, ha sido enfocado desde diversas perspectivas. Hoy el general invicto, el pol铆tico agudo y de fiero car谩cter, es poco recordado. El general Luis Garfias, sin duda uno de los m谩s l煤cidos investigadores de la lucha armada, ha dejado diversas obras en las que, como ser pol铆tico tambi茅n, no ha dividido los hechos armados de las acciones pol铆ticas. En esta ocasi贸n, nuestra revista ha seleccionado un cap铆tulo de su libro El triunfo de la Revoluci贸n Mexicana para recordar o conocer sucesos que conmovieron a la opini贸n p煤blica y que hoy, con una derecha consistente, ha quedado como un hecho de justicia divina. El crimen de Obreg贸n tiene muchos puntos discutibles, pero hay uno que es la base del debate: fue asesinado por instigaci贸n del fanatismo cat贸lico mexicano y apoyado por el Vaticano. La versi贸n que nos ofrece el general Garfias es intensa y describe con datos y precisiones el hecho y sus consecuencias. Vale la pena leerlo.
El general Luis Garfias es un s贸lido militar, ya retirado de la milicia, de clara postura pol铆tica avanzada y un hombre que ha recurrido a los libros y al periodismo para dar su opini贸n experta sobre batallas y part铆cipes de la Revoluci贸n Mexicana.

El B煤ho

1928*

ATENTADO CONTRA EL GENERAL 脕LVARO OBREG脫N. FUSILAMIENTO DE LOS AUTORES. ATENTADO DINAMITERO CONTRA LA C脕MARA DE DIPUTADOS. EL GENERAL OBREG脫N ES REELECTO COMO PRESIDENTE DE LA REP脷BLICA. ASESINATO EN SAN ANGEL, D. F., DEL PRESIDENTE ELECTO OBREG脫N. JOS脡 DE LE脫N TORAL Y LA MADRE CONCHITA. CONTINUACI脫N DE LAS OPERACIONES CONTRA LOS CRISTEROS.

Eliminados los generales Serrano y G贸mez, cabezas del movimiento antirreeleccionista, el general Obreg贸n ten铆a el camino libre para llegar nuevamente al poder. Las experiencias de Obreg贸n y Calles derivadas del triunfo del Plan de Agua Prieta (1920) y de la 鈥渞ebeli贸n sin cabeza鈥 (1923-1924) delahuertista hicieron que ambos personajes utilizaran todos los medios a su disposici贸n para asegurarse en el poder; de ah铆 la dureza en el aplastamiento del intento de sublevaci贸n de los l铆deres del antirreeleccionismo.
El ingeniero Marte R. G贸mez hizo los siguientes comentarios respecto de la lucha pol铆tica de Serrano y G贸mez: 鈥淭anto el general Serrano como el general G贸mez supieron que se lanzaban a una lucha que era de vida o muerte. Expon铆an su vida con la esperanza de cobrar la vida de sus enemigos. Si el general Obreg贸n hubiera ca铆do en manos de Serrano, 茅ste hubiera fusilado a su antiguo jefe, como su antiguo jefe estuvo de acuerdo en que se fusilara a Serrano cuando 茅ste cay贸 preso. No hab铆a duda ni secreto sobre el particular. En una entrevista dram谩tica que tuvo el general Serrano con el general Obreg贸n y en la cual le anunci贸 que aceptar铆a su candidatura, Serrano ofreci贸 que har铆a una campa帽a de caballeros, y Obreg贸n le explic贸 que no podr铆a ser as铆, que se separaban para luchar y que luchar铆an como la fatalidad de las circunstancias impon铆a entonces que se luchara en M茅xico... La bandera de la sublevaci贸n fue antirreeleccionismo, pero el pa铆s no sigui贸 a los rebeldes a pesar de la popularidad que tiene esa bandera en M茅xico, porque se consideraba que la madurez pol铆tica del general Obreg贸n era una garant铆a para el pa铆s, mientras que Serrano, con una conducta personal poco edificante, y G贸mez, con una ligereza que daba escasas garant铆as, no pod铆an ser opositores serios a un caudillo que estaba en la c煤spide de su madurez鈥. La opini贸n del ingeniero G贸mez es discutible, ya que el general Obreg贸n hac铆a a un lado el principio capital de la Revoluci贸n Mexicana: la no reelecci贸n, y adem谩s de que era indiscutible que Obreg贸n se hubiera convertido en un presidente al estilo del general D铆az, posiblemente sin las virtudes de 茅ste.
Aun cuando Obreg贸n se convirti贸 en candidato 煤nico, el pa铆s distaba mucho de estar en paz, el conflicto religioso continuaba, hab铆a intranquilidad pol铆tica y hab铆a tensiones con los obreros; en especial con su l铆der Luis N. Morones, que era un callista furibundo y estaba en contra de la reelecci贸n de Obreg贸n.
El 28 de mayo de 1928 explot贸 una bomba en la C谩mara de Diputados, y despu茅s de investigaciones polic铆acas se captur贸 a Carlos Castro Balda, como presunto autor del atentado. Castro Balda fue condenado y enviado a las Islas Mar铆as, en donde a帽os despu茅s conoci贸 a Concepci贸n Acevedo de la Llata, la 鈥淢adre Conchita鈥, con quien se caso y vivi贸 a帽os despu茅s en la ciudad de M茅xico. Como detalle interesante, los 煤ltimos a帽os de la vida de la famosa exreligiosa los pas贸 en una habitaci贸n de la Avenida 脕lvaro Obreg贸n en la colonia Roma. El destino la llev贸 a morir en la calle que llevaba el nombre por el cual fue condenada a 20 a帽os de prisi贸n en el Penal del Pac铆fico.
En los c铆rculos religiosos, principalmente entre los miembros de la Liga Religiosa, la famosa Liga, exist铆an grupos de personas radicales que pensaban que s贸lo por medio de la eliminaci贸n f铆sica del enemigo se lograr铆a el triunfo de la causa. Se hab铆an decidido por el crimen pol铆tico, el magnicidio, acto efectuado a trav茅s de la historia de la humanidad como medida desesperada y que a veces tiene 茅xito y muchas otras no, pues sobrevive la idea aunque desaparezca la persona. Tal fue el caso, en la 茅poca moderna, de los atentados contra Gandhi, contra el gran l铆der socialista franc茅s Jean Jaur猫s y contra Le贸n Trotsky que, aunque muertos, vieron perdurar sus ideas y a la larga vencieron, como lo demuestra el l铆der pacifista hind煤.
Dentro del grupo de personas que hab铆an decidido acudir a la acci贸n directa, estaba el ingeniero Luis Segura Vilchis, que hab铆a nacido en Piedras Negras, Coahuila, el 23 de abril de 1903. Hu茅rfano de padre, fue tra铆do por su madre a la capital de la Rep煤blica, en donde creci贸 y estudi贸 en un ambiente religioso.
Existe una biograf铆a de Segura Vilchis, escrita por Andr茅s Barqu铆n y Ruiz, libro muy parcial en favor de los cristeros y del biografiado, pero que arroja interesantes datos sobre la vida de esta persona y del ambiente que se viv铆a en la ciudad de M茅xico en la d茅cada de los veinte.
Reci茅n graduado como ingeniero agr贸nomo, Segura Vilchis entr贸 a trabajar a la Compa帽铆a de Luz, pero a la vez se desempe帽aba como un activo miembro de organizaciones religiosas, como la Asociaci贸n Cat贸lica de J贸venes Mexicanos (ACJM).
El sacerdote Jos茅 Antonio Cordero y Salinas describe as铆 a Segura en aquellos a帽os: 鈥淒otado de extraordinario talento y de excepcionales virtudes y cualidades varoniles, destacando en 茅l aquel valor civil que lo distingui贸 de los dem谩s y que siempre le reconocimos y admiramos sus amigos y compa帽eros鈥.
Fernando Diez de Urdanivia, miembro de la ACJM, y compa帽ero del ingeniero Segura, lo pinta as铆: 鈥淐onoc铆 a Segura en el Centro de Estudiantes Cat贸licos, que estaba ubicado en la calle del Correo mayor n煤mero 4, que fue el que sirvi贸 de punto de partida a la ACJM. Por el a帽o de 1921 ingresaron varios estudiantes, que eran casi unos ni帽os. Todos ellos acababan de terminar su preparatoria e iniciaban estudios profesionales. Entre ellos figuraba un muchacho de car谩cter bondadoso, con cierta apariencia de timidez, muy discreto y comedido; era Luis Segura Vilchis. Piadoso, angelicalmente piadoso, amante del estudio de los problemas sociales, en lo cual siempre demostr贸 exactitud de apreciaci贸n y afici贸n muy particular, tuvo esos dos apoyos fundamentales para la vida activa, sin los cuales toda acci贸n es desorientada y endeble. Luis se entregaba a la acci贸n sin l铆mite y sin ego铆smo. As铆 fuera necesario enfrentarse con un peligro, como enfrentarse con la misma muerte, no por eso amainaba, ni se desconcertaba ni retroced铆a. Ocasiones hubo en las cuales dio admirables pruebas de un valor que rayaba en la temeridad鈥.
Despu茅s, en el semanario La Libertad, editado en Los Angeles, California, el mismo Diez de Urdanivia escribi贸, el 3 de febrero de 1929: 鈥淪i ha habido p茅rdidas verdaderamente irreparables durante la persecuci贸n religiosa en M茅xico, pocas son comparables con la p茅rdida de Luis Segura, porque el m谩rtir era una bella y magn铆fica esperanza. Dios le hab铆a dotado de cuantos dones son necesarios para un jefe: claro talento, valor sin l铆mites, ductilidad de car谩cter, formaci贸n s贸lida en su criterio cat贸lico, exuberante salud, energ铆a arrolladora, simpat铆a atrayente, discreci贸n exquisita, don de mando, peculiar dinamismo. Gracias a este c煤mulo de innatas cualidades, Luis Segura Vilchis alcanz贸 pronto en las filas de la ACJM un lugar de primera l铆nea. Y en las filas de la misma benem茅rita juventud cat贸lica, se destac贸 desde un principio no como simple socio de resuelta acci贸n, sino como el l铆der de peque帽a escala que arrastra con su palabra, con su ejemplo y con su vida a cuantos le contemplan鈥.
脡sta era la persona que, hecha jefe del llamado Comit茅 Especial de la Liga, conocido tambi茅n como Control Militar, se dedic贸 a una serie de actividades de tipo militar, a las que dio especial atenci贸n. Uno de sus subordinados nos dice: 鈥淣o obstante sus labores en la Compa帽铆a de Luz, Segura Vilchis era incansable para desarrollar los trabajos que ten铆a encomendados como jefe del Control Militar鈥.
Ya decidido a cometer el atentado contra la vida de Obreg贸n, comenz贸 a prepararse. El citado Diez de Urdanivia nos dice: 鈥淧or lo que Segura me dijo, pude colegir que se hab铆a formado la conciencia de que era un deber suyo o de cualquiera, pero que 茅l arrastraba con absoluta decisi贸n, suprimir a los principales causantes de la tragedia mexicana. Recuerdo algunas de sus ideas: bien vistas las cosas, no son sino unos cuantos los autores de lo que pasa en M茅xico. La agresi贸n contra la libertad religiosa es una agresi贸n contra la patria, porque la inmensa mayor铆a del pueblo de M茅xico es cat贸lica y la religi贸n es el 煤nico verdadero nexo de nacionalidad鈥.
M谩s adelante, Diez de Urdanivia le pregunta: 鈥溌縋or qu茅 Obreg贸n?鈥. 鈥淵 como yo expresara mi incomprensi贸n por centralizar los actos de violencia en la persona del general Obreg贸n, que no era precisamente el que ejerc铆a el poder, ni tampoco el que m谩s se significaba por su encono contra la Iglesia, Segura razon贸 de esta manera: 鈥淐iertamente que Calles es el que ocupa la presidencia y el que se ha manifestado m谩s fren茅tico en la direcci贸n de la persecuci贸n religiosa. Pero el verdadero hombre fuerte es Obreg贸n, el cual no s贸lo impide los desmanes, sino que t谩cticamente los atiza y los alienta. Una palabra de Obreg贸n bastar铆a para hacer variar el furor sectario de Calles. Es preciso empezar por el hombre fuerte. Yo creo que no hacemos otra cosa que asumir la justicia que dimana de la sociedad鈥.
En relaci贸n con esto, creemos que Segura estaba en lo justo al pensar que el general Obreg贸n era el 鈥渉ombre fuerte鈥: los 煤ltimos acontecimientos de la revuelta Serrano-G贸mez lo hac铆an perfectamente claro, como lo fue tambi茅n su deseo de volver a la presidencia y hacer que Calles, a trav茅s de un senado sumiso, esclavo e incondicional, aprobara la modificaci贸n de la Constituci贸n en un punto capital como era el de la reelecci贸n. El destino ten铆a marcado para el general Obreg贸n una muerte violenta y, para Calles, muchos a帽os despu茅s (1944) una muerte tranquila.
A fines de febrero de 1927 se decidi贸 la eliminaci贸n f铆sica del general Obreg贸n. El ingeniero Segura escogi贸 a varias personas para que lo acompa帽aran en aquella terrible aventura.
Para los primeros d铆as de noviembre se sab铆a por los peri贸dicos que en fecha pr贸xima vendr铆a a la ciudad de M茅xico el general Obreg贸n, lo que determin贸 que Segura tomara su fatal decisi贸n.
Primeramente, y en su car谩cter de jefe del Control Militar, le pidi贸 al delegado regional de la Liga en el Distrito Federal que consiguiera una casa sola, sin decirle el objeto, aunque se sab铆a que ah铆 se almacenar铆an municiones y se fabricar铆an bombas para los cristeros.
Tambi茅n se consigui贸 un autom贸vil Essex placas 10101, que le fue dado por Humberto Pro Ju谩rez en su car谩cter de delegado regional en el Distrito Federal, sin saber Pro Ju谩rez el objeto preciso para el que ser铆a usado el autom贸vil. La casa de Alzate 44-A tambi茅n fue alquilada por Humberto Pro Ju谩rez con el mismo car谩cter de delegado.
Ahora bien, en la ciudad de M茅xico, las restricciones religiosas eran casi totales, lo que ocasion贸 que muchas personas hicieran propaganda religiosa en forma subrepticia; en casas particulares se practicaban actos del culto religioso, se efectuaban misas, bautizos, confirmaciones, etc茅tera.
Entre estas personas estaban los hermanos Pro Ju谩rez. El mayor de ellos era el sacerdote jesuita Agust铆n, reci茅n llegado de Europa, en tanto que Humberto y Roberto hac铆an una activa propaganda religiosa. El padre Pro fue detenido en algunas ocasiones y enviado a la c谩rcel. En esos a帽os, la polic铆a del Distrito Federal estaba a las 贸rdenes del general Roberto Cruz, famoso por su dureza, crueldad y odio a los cat贸licos.
El ambiente era tenso y dif铆cil, y en ese medio se dio, el atentado contra Obreg贸n.
Finalmente Segura Vilchis prepar贸 su plan. Reuni贸 a Jos茅 Gonz谩lez, quien manejar铆a el autom贸vil Essex, y lo acompa帽ar铆an Nah煤m Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias. Lo que hicieron ese domingo 13 de noviembre de 1927, est谩 sintetizado en la declaraci贸n que despu茅s hiciera el propio ingeniero Segura:
鈥淨ue el d铆a del atentado estuvieron frente a la estaci贸n Colonia, mejor dicho, cerca de ella, esperando la llegada del general Obreg贸n, pues esperaban encontrar oportunidad para agredirlo; que como no pudieron hacerlo en este lugar, se dirigieron a las calles de Jalisco (hoy 脕lvaro Obreg贸n), donde vive el divisionario, quien hab铆a penetrado a su habitaci贸n; que lo esperaron en la esquina y luego que sali贸 acompa帽ado de otras personas, siguieron su coche por todas las calles de su recorrido hasta llegar al Bosque de Chapultepec, y que al llegar cerca del lago emparejaron su coche al de dicho general, arroj谩ndole, como antes se ha dicho, tres bombas de dinamita; que quien hizo los disparos de pistola fue Nah煤m Ruiz por ser el 煤nico que llevaba pistola; que despu茅s huyeron perseguidos por unos acompa帽antes del general Obreg贸n que ven铆an haciendo fuego, hasta llegar a la esquina que forman las calles de Insurgentes, Niza y Liverpool, en donde chocaron contra un autom贸vil Ford; que luego corrieron sobre la Avenida Insurgentes hasta llegar a donde 茅sta hace esquina con la Calzada Chapultepec, en donde aprehendieron a dos de sus acompa帽antes (Nah煤m Ruiz y Tirado Arias); que el declarante al chocar su coche dio orden de que cada quien se fuera por su lado y que al llegar a la esquina de Chapultepec abord贸 un tranv铆a y se fue en 茅l, dirigi茅ndose despu茅s a la plaza de toros, en donde estuvo un rato; que el declarante asume toda la responsabilidad moral y material como autor del atentado dinamitero del que fue director; que no tiene nada m谩s que declarar. En lo dicho, se afirm贸 y ratific贸 previa lectura firmando al margen para constancia鈥.
En efecto, ese domingo el general Obreg贸n hab铆a decidido ir a la plaza de toros, y para matar un poco el tiempo se hab铆a dirigido al bosque de Chapultepec, acompa帽ado por varias personas, entre ellas sus ayudantes los coroneles Ignacio Otero Pablos y Juan Jaime Hern谩ndez, Arturo Orc铆 y Tomas Bay, guiando el autom贸vil Catarino Villalpando. Encontr谩ndose en el lado Oriente del Lago de Chapultepec, fue alcanzado por el veh铆culo de Segura Vilchis. La bomba no lo mat贸. M谩s tarde, como ya se ha indicado, fueron capturados Nah煤m Ruiz, grav铆simamente herido, y Tirado Arias. El general Obreg贸n result贸 con algunas excoriaciones en la cara y en la mano, ocasionadas por fragmentos de los vidrios del coche al romperse. El autom贸vil del general, un Cadillac placas 20454, qued贸 parcialmente destruido. Obreg贸n regres贸 a su casa, cambi贸 de coche y asisti贸 a la corrida de toros, en donde Segura Vilchis, con gran presencia de 谩nimo, se acerc贸 a saludar a Obreg贸n y as铆 poder establecer este hecho como una coartada a su favor.
Al terminar la corrida, Segura Vilchis, se enter贸 por una extra de El Universal Gr谩fico que hab铆an sido aprehendidos Nah煤m Ruiz y Tirado Arias; el primero hab铆a sido llevado en estado ag贸nico al Hospital Ju谩rez, donde qued贸 encamado y detenido, y Tirado Arias a los separos de la Inspecci贸n de Polic铆a. Tambi茅n los hermanos Pro Ju谩rez se sorprendieron al saber del atentado, en especial Humberto, al enterarse de que el carro de la Liga, el Essex, hab铆a sido utilizado en el atentado, lo que los compromet铆a, aunque indirectamente.
En un 鈥渂olet铆n鈥 expedido por la Inspecci贸n de Polic铆a se dec铆a, entre otras cosas, lo siguiente: 鈥淪ujeto el herido (Nah煤m Ruiz) a severos interrogatorios, tanto en esta inspecci贸n como en una de las salas del Hospital Ju谩rez, se logr贸 saber que los autores intelectuales y materiales del atentado son miembros prominentes de la Liga de Defensa de la Libertad Religiosa, entre los que se cuenta el ingeniero Luis Segura Vilchis, el sacerdote cat贸lico Miguel Pro Ju谩rez y su hermano Humberto del mismo apellido鈥.
Fueron dos agentes de la polic铆a 鈥斆乴varo Basail Calero y Jos茅 Mascorro, este 煤ltimo 鈥淛efe de las Comisiones de Seguridad de la Inspecci贸n General de Polic铆a鈥濃 los encargados de difundir en ese momento y despu茅s esta versi贸n. Nah煤m Ruiz hab铆a sido herido muy gravemente en la cabeza y era muy dif铆cil, por no decir imposible, que se hubiera dado cuenta de los hechos posteriores y efectivamente las revelaciones 鈥渦n tanto incoherentes鈥 al detective Antonio Quintana, comisionado para el caso.
El peri贸dico Exc茅lsior, en su edici贸n del 15 de diciembre, dec铆a: 鈥淩uiz se encuentra en el Hospital Ju谩rez en el estado ag贸nico. Como Ruiz est谩 moribundo y no puede pronunciar ni una palabra, nada ha dicho, y Tirado se ha negado terminantemente a confesar, por lo que, de hecho, la polic铆a, hasta estos momentos, no ha logrado averiguar qui茅nes son los otros culpables... Debido al estado de extrema gravedad en que se encuentra Ruiz, cuya cama en el hospital se encuentra rodeada de gendarmes y agentes que impiden que nadie se acerque, no ha pronunciado ni una sola palabra, y como lo m谩s probable es que cuando circule esta edici贸n ya haya muerto, se habr谩 llevado a la tumba el secreto del complot tramado contra el general Obreg贸n鈥.
El 21 de noviembre, el mismo diario anunciaba: 鈥淓n el Hospital Ju谩rez, en la sala n煤mero 3, cama 14, ayer a las ocho de la ma帽ana falleci贸 Lamberto Ruiz, uno de los aprehendidos a ra铆z de haber cometido el atentado dinamitero del domingo 13 del presente mes, en el Bosque de Chapultepec, contra el general 脕lvaro Obreg贸n. Ocho d铆as dur贸 Ruiz luchando contra la vida y la muerte. Pas贸 una semana completa de agon铆a y llam贸 poderosamente la atenci贸n de numerosos facultativos su enorme vitalidad鈥.
El 22 de noviembre, La Opini贸n, de los Angeles, California, dec铆a: 鈥淔alleci贸 otro asaltante del general Obreg贸n. Durante una semana de constante gravedad, Lamberto Ruiz no pudo decir ni una palabra. Lamberto muri贸 sin haber podido arrojar luz alguna en el caso, pues desde que fue recogido en las calles, con un balazo en el cr谩neo, entr贸 en estado de coma鈥.
Despu茅s de varias investigaciones, hoy se sabe que quien delat贸 al ingeniero Segura Vilchis fue la esposa de Nah煤m Ruiz, que estaba disgustada por las actividades de su esposo, las cuales la hab铆an alejado de ella. Jos茅 Mascorro escribi贸 a帽os despu茅s, en relaci贸n con el 16 de noviembre de 1927: 鈥淓n el curso de ese mismo d铆a, se present贸 en el Hospital Ju谩rez, tratando de ver a su esposo, la se帽ora Luz del Carmen Gonz谩lez de Ruiz, acompa帽ada de Mar铆a de la Luz Gonz谩lez y Alberto del mismo apellido, t铆os de la esposa de Nah煤m estos 煤ltimos, Rodolfo Ruiz, hermano del herido鈥.
El padre jesuita Joaqu铆n Cardoso tambi茅n afirma: 鈥淟a denuncia en contra de los que realmente participaron en el atentado sali贸 de otra parte. Una mujer, sometida a b谩rbara presi贸n moral, tuvo la debilidad de hablar. Su nombre me lo reservo, porque todav铆a vive. Cuando habl贸 era una fresca muchacha. Hoy su cabeza es completamente blanca, como si se tratara de una anciana. Ha sufrido mucho m谩s con el doliente recuerdo que con la tortura moral de 1927鈥.
El hecho es que hoy se sabe que fue esposa de Lamberto Nah煤m Ruiz. En relaci贸n con la captura de los hermanos Pro Ju谩rez, tambi茅n se sabe que el delator fue Jos茅 Bolado Montes de Oca. El 17 de noviembre se hizo la aprehensi贸n de Segura Vilchis. Basail Calero escribi贸 a帽os despu茅s lo siguiente: 鈥淒espu茅s de esta aprehensi贸n (la de Encarnaci贸n Garc铆a, antiguo propietario del Essex), el agente Basail se dirigi贸 a la Compa帽铆a de Tranv铆as, donde se le inform贸 que el ingeniero Segura Vilchis prestaba sus servicios en el Departamento Hidr谩ulico de la Compa帽铆a de Luz y Fuerza Motriz, en el tercer piso del edificio de la empresa, en las calles de Gante.
鈥淧ronto se encontr贸 ante un joven de 23 a帽os de edad, blanco, delgado, perfectamente acicalado.
鈥溾斅縀s usted el ingeniero Luis Segura?鈥 le pregunt贸 el polic铆a.
鈥溾擲铆 se帽or, para servir a usted.
鈥溾擵engo, ingeniero, con una molestia: soy agente de la Inspecci贸n General de Polic铆a.
鈥淏asail hizo una pausa, clavando la mirada en Segura, quien, sin inmutarse en lo m谩s m铆nimo, hizo una ligera reverencia con la cabeza.
鈥溾擡l se帽or general Cruz 鈥攁greg贸 el agente鈥 me ha encargado que suplique a usted pase a verle para un asunto de importancia.
鈥溾擟on todo gusto ir茅, si esos son los deseos del se帽or general Cruz 鈥攃ontest贸 Segura, sonriendo amablemente, agregando鈥: Lo acompa帽ar茅 en este momento.
鈥溾擭o hay necesidad, ingeniero; el general me indic贸 que pod铆a esperarlo a la hora que usted quisiera.
鈥溾擭o, no deseo hacer esperar al general Cruz. Puedo salir de aqu铆 a la hora que yo desee, y en este mismo momento ir茅; jam谩s he tenido l铆os con la justicia鈥
鈥淓l ingeniero arregl贸 algunos papeles, se puso el saco y sali贸 de la oficina seguido del agente.
鈥淐uando la pareja bajaba por el elevador, Basail le dijo:
鈥溾斅縀st谩 nervioso, ingeniero? Lo veo temblar un poco.
鈥溾擲铆, siempre acostumbro bajar por la escalera porque el elevador, con el r谩pido descenso, me pone un poco nervioso, 鈥攔espondi贸 sereno Segura.
鈥淧ocos minutos despu茅s, el ingeniero Segura era presentado al general Roberto Cruz, inspector general de Polic铆a en M茅xico, por el agente Basail.
鈥溾擬ucho gusto en conocerlo, ingeniero 鈥攍e dijo amablemente Cruz, a帽adiendo鈥: Si茅ntese, ingeniero. Me he permitido molestarlo para hacerle algunas preguntas.
鈥溾擲铆, general; estoy a sus 贸rdenes.
鈥淓l inspector Cruz se acerc贸 a Segura, pregunt谩ndole con severidad:
鈥溾擨ngeniero, 驴qu茅 sabe usted del atentado al general Obreg贸n?
鈥淟o que dice la prensa, general 鈥攃ontest贸 Segura.
鈥溾 驴Nada m谩s?
鈥溾擭ada m谩s, general.
鈥溾斅縔 podr铆a decirme qu茅 hizo ayer?
鈥溾擭o lo podr茅 hacer con mucho lujo de detalles, porque no pens茅 que podr铆a serme de utilidad alguna. Pero ver谩 usted: en la ma帽ana fui a misa鈥
鈥溾斅緼 misa? 鈥攊nterrumpi贸 el inspector.
鈥溾擲铆, se帽or; a misa.
鈥溾斅緿贸nde?鈥
鈥溾擥eneral, me va a permitir guardar el secreto, porque s茅 la pena en que incurren las personas en cuyos domicilios se dice la misa.
鈥溾擬uy bien; pero, d铆game, 驴es usted cat贸lico?
鈥溾擲铆 se帽or.
鈥溾擟ontin煤e鈥
鈥溾擠espu茅s de misa fui a comer a casa, y como a las dos de la tarde me fui a los toros. 隆La corrida fue monumental! Estaba yo cerca del general Obreg贸n; me acuerdo que brindaron a usted un toro. Despu茅s de la corrida me fui a un restor谩n cercano, luego fui a casa y, en la noche, al teatro. A grandes rasgos, eso es todo.
Sin embargo, el general Cruz, no acept贸 la versi贸n y orden贸 que Segura quedara detenido.
El d铆a 18, el mismo agente Basail detuvo a los hermanos Pro: 鈥淓l d铆a 18, finalmente, a las cuatro de la ma帽ana, estando los hermanos Pro durmiendo tranquilamente en la casa n煤mero 22 de la calle de Londres, llegan agentes de la polic铆a reservada y de la montada, por las azoteas y por la puerta鈥.
En la Inspecci贸n de Polic铆a, los hermanos Pro y Segura Vilchis determinaron no reconocerse; la coartada de Segura tuvo 茅xito y se orden贸 su excarcelaci贸n, pero entonces supo que se iba a condenar a los hermanos Pro, a quienes sab铆a inocentes de un crimen no cometido por ellos, y se decidi贸 a hablar con Cruz nuevamente, a quien le dijo:
鈥淪铆, yo fui el que plane贸 el atentado. Yo los enga帽茅. Yo soy el culpable de todo. No hay m谩s responsable que yo. Yo los conduje a esa casa abandonada, sorprendiendo su buena fe. Que me maten a m铆, si quieren, en este mismo momento, pero dejen en libertad a los que son y han sido inocentes toda su vida鈥.
A帽os despu茅s, en 1961, el propio general Cruz ratific贸 lo antes dicho al periodista Julio Scherer, de Exc茅lsior, y exclam贸:鈥 隆Qu茅 hombre el ingeniero Segura Vilchis!... 脡ste s铆 que fue un hombre. Me impuso respeto desde el principio鈥 A 茅se s铆 sent铆 que lo hubieran tronado鈥 (Entrevista del 6 de octubre de 1961).
El fusilamiento de Luis Segura Vilchis, Miguel Agust铆n y Humberto Pro Ju谩rez y Juan Antonio Tirado Arias se orden贸 sin formaci贸n de causa y sin consignaci贸n legal alguna el 23 de noviembre.
En apego a la verdad, el general Cruz en alguna forma se resisti贸, haciendo ver la inconveniencia de este acto, pero no se pudo hacer nada; era una orden superior; Jos茅 Mascorro as铆 lo afirm贸 a帽os m谩s tarde: 鈥淟a orden para esas ejecuciones vino de muy arriba, de m谩s arriba de quien pod铆a haberlas ordenado legalmente, pero prefiero que se lea un art铆culo del periodista don Gonzalo de la Parra, publicado por El Universal de esta ciudad el 5 de febrero de 1937, para que se disipe cualquier duda que exista respecto a la orden de fusilamiento. En este art铆culo se se帽ala al general Obreg贸n como el hombre que dio la orden de ejecuci贸n contra todos los complicados鈥.
A帽os despu茅s, el general Cruz, en entrevista con el se帽or Julio Scherer, dijo que el 22 de noviembre de 1922, acudi贸 a informar al presidente Calles sobre el asunto del atentado, que el Presidente lo ley贸 y que despu茅s dijo: 鈥淓ntonces est谩 comprobada la culpabilidad de estos individuos. Y del cura que fue el autor intelectual. Estos individuos son implacables en sus procedimientos. Ahora fue el general Obreg贸n, ma帽ana ser茅 yo, despu茅s usted. As铆 es que d茅 las 贸rdenes correspondientes y proceda a fusilarlos a todos鈥 Seg煤n Cruz, le hizo notar al presidente la conveniencia de consignarlos a un tribunal, pero Calles le contest贸: 鈥淗ay que cortar el mal a tiempo, general Cruz. Ejec煤telos, y en cuanto est茅 cumplida la orden, venga a darme cuenta de ella鈥.
Lleg贸 el d铆a de la ejecuci贸n. Exc茅lsior inform贸 sobre el fin de los ajusticiados. El padre Pro 鈥渓levaba la cabeza baja y s贸lo cuando faltaban unos cuantos pasos para llegar al jard铆n, la alz贸 y se not贸 que pasaba por su rostro una fuerte emoci贸n, seguramente al ver formadas las fuerzas en doble fila y dispuesto todo el aparato de la ejecuci贸n鈥.
En relaci贸n con Segura Vilchis, el peri贸dico inform贸: 鈥淓l profesionista sinti贸 tambi茅n la misma impresi贸n del sacerdote Pro Ju谩rez al ver las fuerzas que formaban el cuadro; pero instant谩neamente se repuso y sigui贸 caminando con entereza y serenidad鈥.
El sacerdote belga Clautriaux escribi贸: 鈥淓l joven ingeniero, con la cabeza en alto, el andar flexible, es un bello atleta vencedor. Su figura irradia juventud鈥. Se sabe con el derecho de levantar alta la frente, ante los que reconoce que van a verle morir. Una sonrisa leve viene a florecer en sus labios. Su serenidad hace visible en los que lo rodean el miedo: el miedo al ma帽ana, a la traici贸n, al capricho del tirano que suda, abyecto, a trav茅s de su m谩scara: Intr茅pida y leal es la juventud cat贸lica mexicana que pasa.
El agente 脕lvaro Basail Calero lo describi贸 as铆: 鈥淐amin贸 rectamente hacia el pared贸n. Lanz贸 una mirada a su derredor fij谩ndola brevemente, con una sonrisa despectiva, en el general Cruz quien, acompa帽ado de otros jefes, presenciaba tranquilamente el acto鈥.
La ejecuci贸n hab铆a terminado. Cuatro personas, dos de ellas inocentes, hab铆an muerto v铆ctimas de las arbitrariedades y la injusticia.
Una p谩gina negra se escrib铆a en la historia de M茅xico.
Despu茅s de estos sombr铆os acontecimientos, la vida en M茅xico continu贸 su marcha. En el aspecto pol铆tico, el general Obreg贸n era el candidato 煤nico a la presidencia. A decir verdad, en importantes regiones del pa铆s, especialmente en el Norte, el general ten铆a popularidad y aceptaci贸n, pero en otras no tanto; lo que nunca ha sido problema en la lucha pol铆tica de M茅xico.
El Partido Agrarista y sus l铆deres 鈥攅l diputado Aurelio Manrique; el licenciado Soto y Gama; Aar贸n S谩enz, director del Centro Obregonista y otros m谩s鈥 acompa帽aron al general Obreg贸n en su gira pol铆tica.
Luis N. Morones, el corrompido l铆der, atac贸 en Orizaba al obregonismo y elogi贸 a Calles. Dijo: 鈥淨ue nuestros enemigos nos arrebaten nuestros lugares en el Congreso, los cargos municipales y dos o tres gubernaturas que han sido controladas por el Partido Laborista... D茅jenlos que nos quiten nuestras curules... Pero nunca permitiremos que ataquen los derechos de los trabajadores de organizarse y de proteger sus intereses鈥. Como siempre, en nombre de los pobres obreros la demagogia estaba en su apogeo; hab铆a que ver la mansi贸n que Morones ten铆a en Tlalpan y en donde organizaba fiestas orgi谩sticas, que sin duda alguna no eran en beneficio de los sufridos obreros.
Al t茅rmino de su campa帽a pol铆tica, Obreg贸n se retir贸 a Cajeme, Sonora, a esperar el resultado de las elecciones, que deber铆an efectuarse el primero de julio de 1928. Obviamente, fue elegido para un nuevo cuatrienio (1928-1932); en el Distrito Federal logr贸 85 000 votos, cantidad respetable para aquella 茅poca.
El 15 de julio, regres贸 Obreg贸n a la capital de la Rep煤blica ya como presidente electo, visitando al presidente Calles. Ese d铆a el presidente electo pronunci贸 su 煤ltimo discurso pol铆tico, ya que tan s贸lo le quedaban unas 48 horas de vida.
El 17 de ese mes, la diputaci贸n guanajuatense organiz贸 un banquete en honor del divisionario sonorense en el restor谩n La Bombilla, ubicado en San 脕ngel, Distrito Federal. En el kiosco central del establecimiento hab铆a un enorme arreglo floral con la inscripci贸n: 鈥淗omenaje de honor de los guanajuatenses al C. 脕lvaro Obreg贸n鈥.
Antes de entrar en los detalles que culminaron con el asesinato del general Obreg贸n, mal llamado 鈥淓l Manco de Celaya鈥, ya que perdi贸 el brazo, no en Celaya, sino en la Hacienda de Santa Ana del Conde, vayamos al trasfondo de este drama describiendo en primer lugar a los dos principales actores: la abadesa Mar铆a Concepci贸n Acevedo de la Llata, La Madre Conchita, y Jos茅 de Le贸n Toral, el magnicida, as铆 como algunos de los personajes secundarios.
Mar铆a Concepci贸n Acevedo de la Llata naci贸 en Quer茅taro en 1891. Su padre fue un hombre modesto, de clase media, llamado Salvador Acevedo, y ella se cri贸 desde muy joven en un ambiente de religiosidad, pues Quer茅taro siempre ha sido un estado caracterizado por su catolicismo. Muy joven entr贸 a la Iglesia como monja de la Orden de las Capuchinas Sacramentarias, donde su devoci贸n y actitud de entrega religiosa la hicieron ascender hasta llegar a abadesa. Se estableci贸 en M茅xico desde 1923, haci茅ndose cargo de un convento en Tlalpan, disuelto por orden del gobierno en 1927, fecha a partir de la cual la Madre Conchita y sus monjas tuvieron que buscar refugio en diversas casas de la capital.
A principios de 1928, se hab铆a establecido con sus religiosas en la calle de Chopo 133, en ese lugar donde se efectuaban diversos servicios religiosos para hombres y mujeres, en especial j贸venes, entre quienes ejerc铆a una gran influencia la Madre abadesa. La 茅poca era propicia para estas actividades: la persecuci贸n religiosa normalmente aviva los sentimientos de los creyentes y los hace proclives a los sacrificios de cualquier tipo, y tambi茅n, llevar a cabo actos que hoy podr铆amos llamar terroristas, como ataques con explosivos a centros pol铆ticos, atentados contra la vida de personas significadas, etc茅tera.
La exacerbaci贸n de los sentimientos en aquellos meses de 1928, la reelecci贸n del general Obreg贸n como, presidente de la Rep煤blica, la idea de que la persecuci贸n religiosa continuar铆a m谩s fuertemente que con Calles, la prolongaci贸n de la Guerra Cristera; todo ello hac铆a que gente, principalmente joven, estuviera dispuesta a los mayores sacrificios por su fe.
Entre quienes frecuentaban la casa de la religiosa estaba Carlos Castro Balda y Mar铆a Elena Manzano, los cuales en una ocasi贸n recibieron una jeringa con veneno para que la se帽orita Manzano, en un momento oportuno, pudiera inyectarle el veneno a Obreg贸n, intentos que sin embargo fracasaron. Castro Balda se especializ贸 en fabricar bombas, una de las cuales puso en la C谩mara de Diputados; la polic铆a localiz贸 pronto al autor del atentado y lo encarcel贸. Hab铆a otros que, como Manuel Trejo tambi茅n usaban la dinamita, pero que no ten铆an el mismo contacto con la Madre Conchita, la que ante el asedio policiaco, tuvo que abandonar la casa de Chopo y buscar una nueva casa en la colonia Guerrero, esta vez en Zaragoza 68.
A ese lugar lleg贸 un buen d铆a Jos茅 de Le贸n Toral, un joven de clase media, originario de Matehuala, San Luis Potos铆, hijo de una familia de clase media. De Le贸n Toral era un hombre introvertido, profundamente cat贸lico, m谩s bien fan谩tico, y que se hab铆a dedicado a ser profesor de dibujo. Durante sus pr谩cticas como estudiante, se negaba a entrar al estudio si hab铆a mujeres desnudas como modelos. Nunca fue un alumno sobresaliente, aunque s铆 dedicado. En aquellos meses de 1928, Le贸n Toral se volvi贸 un hombre taciturno, con un aspecto preocupado; como cat贸lico estaba decidido, a buscar una soluci贸n para los males que aquejaban a su religi贸n, y por eso comenz贸 a acudir a los lugares donde se practicaba el culto religioso, todo ello a escondidas de las autoridades. El destino habr铆a de guiarlo hacia la casa de Zaragoza, donde conoci贸 a la Madre Conchita a quien particip贸 de sus preocupaciones. Ella coincid铆a en gran parte con los pensamientos de Le贸n Toral, y parece ser que logr贸 convencerlo de la 煤nica manera de lograr que la religi贸n ya no fuera perseguida, era la eliminaci贸n f铆sica del general Obreg贸n, en quien se concentraban los odios de aquellos fan谩ticos. Para Le贸n Toral, esta idea se convirti贸 en una obsesi贸n. El asesinato, castigado por la Iglesia, en ese caso para 茅l no ser铆a un pecado, sino una forma de liberar a M茅xico de un tirano.
En el mes de mayo, parece ser que De Le贸n Toral conoci贸 en algunos de los sitios de reuni贸n de cat贸licos a Manuel Trejo, con quien trab贸 amistad, y como ambos ten铆an ideas parecidas, un d铆a le pidi贸 prestada una pistola; 茅ste le entreg贸 una Star, calibre 35, as铆 como 18 cartuchos 煤tiles. Toral recibi贸 la pistola sin informar a Trejo para qu茅 la quer铆a, y el 12 de julio sali贸 al campo para poder hacer algunos disparos y familiarizarse con el uso de la pistola.
Se volvi贸 m谩s taciturno y en su casa de las calles de Sabino, su familia, en especial su esposa, madre de dos ni帽os y embarazada de un tercero, sospech贸 algo, pero Le贸n Toral no dijo nada y contest贸 con evasivas.
La idea de matar a Obreg贸n se convirti贸 para 茅l en una idea fija, de modo que comenz贸 a buscar la oportunidad para llevarla a cabo. Sab铆a que Obreg贸n llegar铆a pronto a M茅xico y, en efecto, el 15 de julio arrib贸 a la capital el presidente electo, quien de inmediato se vio envuelto en una vor谩gine de manifestaciones, discursos, banquetes, reuniones, etc. Para Le贸n Toral era muy dif铆cil seguirlo, pues carec铆a de autom贸vil, de manera que ten铆a que moverse en camiones y tranv铆as. Adem谩s, el general iba siempre escoltado y seguido por un numeroso grupo de amigos, de aduladores y curiosos. De Le贸n Toral adopt贸 entonces la costumbre de abandonar en las ma帽anas su casa 鈥攙iv铆a en el n煤mero 17 de la privada de Naranjo, mientras que sus padres habitaban en Sabino 212, colonia Santa Mar铆a de la Ribera鈥 y llegar hasta la casa marcada con el n煤mero 185 de la Avenida Jalisco (hoy 脕lvaro Obreg贸n), donde sin embargo no permanecer铆a mucho tiempo, pues pod铆a hacerse sospechoso. No obstante, poco despu茅s decide pasar algunos d铆as fuera de su casa, quiz谩 para no comprometer a su familia, quiz谩 para librarse de la presi贸n de sus padres y su esposa, que lo observaban nervioso e inquieto, y 茅l tem铆a traicionarse.
El d铆a 16 vag贸 sin rumbo por la ciudad de M茅xico; volvi贸 a la casa de Obreg贸n en la Avenida Jalisco, y sin un itinerario fijo se dirigi贸 a varios lugares. Seguramente que las dudas, las tensiones nerviosas, las vacilaciones interiores y el temor hac铆an mella en 茅l de modo que acudi贸 a ver a la Madre Conchita para que le ayudara a salir de la depresi贸n, sin indicarle cu谩l era la causa de ella finalmente, al anochecer de ese d铆a lleg贸 a la calle de Justo Sierra 33, en donde la se帽ora Dolores Azcona, a petici贸n del sacerdote Manuel Jim茅nez, le rent贸 una habitaci贸n por una o dos noches. A la se帽ora le llam贸 la atenci贸n que su inquilino llevara tan s贸lo una peque帽a maleta.
Lleg贸 por fin el d铆a fat铆dico. El martes 17 de julio de 1928, Toral sali贸 temprano de la casa de Justo Sierra, llevando tan s贸lo la pistola Star y un cuaderno de dibujo. Se dirigi贸 de inmediato a la casa de la Madre Conchita, donde oy贸 misa para despu茅s hablar con la religiosa, y finalmente se dirigi贸 como los d铆as anteriores, a la casa del general Obreg贸n. A pesar de que a煤n era temprano, not贸 movimiento en la casa; hab铆a varios carros, gente que entraba y sal铆a hasta que, al mediod铆a, sali贸 un carro grande rumbo a San 脕ngel. Toral lo sigui贸 en un taxi pero como no estaba seguro de su destino, se detuvo en el restaurante Treppiedi, lugar en el que vio pasar de regreso el carro del general Obreg贸n. Pensando que era muy posible que se hubiera dirigido al restaurante La Bombilla, se encamin贸 a ese lugar, donde, en efecto, la diputaci贸n de Guanajuato le ofrec铆a una comida al presidente electo.
El lugar estaba lleno de gente. Presid铆a la mesa Obreg贸n, y a sus lados estaban el diputado Federico Medrano, presidente de la Confederaci贸n de Partidos Revolucionarios Socialistas de Guanajuato; Aar贸n S谩enz, presidente del Centro Obregonista; Arturo H. Orci, Ricardo Topete, Antonio Vald茅s Ram铆rez, Jes煤s Guzm谩n Baca, Jos茅 Luis Sol贸rzano, Antonio D铆az Soto y Gama, Aurelio Manrique, Ezequiel Padilla, David Montes de Oca, Tom谩s A. Robinson, Jos茅 Aguilar y Maya y el doctor Alejandro S谩nchez.
El general platicaba animadamente con sus vecinos mientras Toral hac铆a bocetos y dibujos del director de la orquesta, Alfonso Esparza Oteo, cuyos m煤sicos tocaban El limoncito, una de las piezas favoritas de Obreg贸n. Inquieto al darse cuenta de que Topete lo observaba, se decidi贸 a acercase a mostrarle sus dibujos al general. En esos momentos sac贸 la pistola y dispar贸 sobre su v铆ctima que re铆a. 鈥淣o me di cuenta de cu谩ntos tiros m谩s dispar茅; lo hice maquinalmente鈥, declar贸 despu茅s.
Al producirse el atentado, se produjo una gran conmoci贸n. El general cay贸 boca abajo sobre la mesa, mientras los m谩s pr贸ximos al lugar detuvieron a Toral. Muchos sacaron las pistolas, pues no sab铆an si el asesino estaba solo o acompa帽ado, y se comenzaron a o铆r los gritos de 鈥溌o lo maten!鈥, 鈥溌o lo maten! 鈥, 鈥溌usquen a los otros!鈥, 鈥溌ierren las salidas!鈥. Nadie se imaginaba que Le贸n Toral hubiera actuado solo, sin el apoyo de nadie. Recibi贸 muchos golpes, en ese momento, que lo dejaron semidesvanecido, semiinconsciente, y a jalones y empellones fue conducido a un autom贸vil y llevado a toda velocidad a la Inspecci贸n de Polic铆a. Se hab铆a tratado de buscar alguna identificaci贸n, pero no se hall贸 ninguna.
Hab铆a desaparecido el general Obreg贸n, la personalidad m谩s fuerte en el escenario pol铆tico mexicano, y comenzaron a surgir las dudas. Se recordaban las veladas amenazas de Morones, se sospechaba que pudiera ser un atentado preparado por los callistas, ya que la muerte del 鈥淢anco de Santa Ana del Conde鈥 a quien m谩s iba a beneficiar era a Calles, pues desaparecido Obreg贸n, 驴qui茅n o qui茅nes se le opondr铆an? Despu茅s de las tremendas 鈥減urgas鈥 de 1923-1924 y de 1927, s贸lo hab铆an quedado figuras menores. Entre los obregonistas comenzaron las tremendas dudas: 驴qui茅n hab铆a movido o impulsado a Le贸n Toral? 驴Eran los cat贸licos? 驴Eran los callistas movidos por Morones? En fin, la capital y el pa铆s estaban inmersos en una gran conmoci贸n.
El general Obreg贸n hab铆a sido hombre simp谩tico, de gran inteligencia, extrovertido; le gustaba la poes铆a, hac铆a versos que, seg煤n los conocedores, eran cursis, era despiadado y cruel, como se comprob贸 a trav茅s de su vida, pero hab铆a sido la mayor personalidad del pa铆s en esos a帽os.
Por su parte, el general Calles, El Turco era un hombre retra铆do, m谩s bien introvertido, de car谩cter sombr铆o, que se hab铆a distinguido en su lucha contra la religi贸n cat贸lica mucho m谩s que Obreg贸n; las medidas represivas y su lucha contra todo lo que fuera cat贸lico fueron mucho mayores que la actitud de Obreg贸n. Sin embargo, pes贸 m谩s la personalidad de 茅ste y fue la v铆ctima del fanatismo religioso. Obviamente, en cuanto a la reelecci贸n, no se volvi贸 a hablar ni una palabra; el presidente Calles hizo a una lado la modificaci贸n que se hab铆a hecho a la Constituci贸n y decidi贸 ejercer el poder tras bambalinas. No falt贸 un pol铆tico servil que calificara al general Calles como 鈥淓l Jefe M谩ximo de la Revoluci贸n鈥 y, as铆, este personaje ejerci贸 una influencia decisiva sobre los pr贸ximos tres presidentes: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodr铆guez, hasta que el general C谩rdenas se sacudi贸 al famoso jefe m谩ximo.
Despu茅s de ocurrido el crimen, el cad谩ver de Obregon fue trasladado a su casa en la Avenida Jalisco 185, acompa帽ado por los se帽ores S谩enz, Manrique, Topete y Medrano. Poco despu茅s lleg贸 el presidente Calles, acompa帽ado por su secretario particular, Fernando Torreblanca, quien se traslad贸 a la Inspecci贸n de Polic铆a para entrevistarse con el asesino Le贸n Toral, a quien le pregunt贸 por qu茅 no lo hab铆a matado a 茅l, a lo que Toral respondi贸 que cuando se mina un edificio se ataca a los cimientos que en este caso era Obreg贸n, y el edificio Calles. Torreblanca regres贸 molesto a Jalisco 185, donde el gent铆o era enorme; las 鈥渆xtras鈥 de los peri贸dicos se vend铆an en forma impresionante; nunca hasta esa tarde los diarios hab铆an tenido tal auge.
Un importante grupo de obregonistas, entre los que destacaban Aar贸n S谩enz, R铆os Zertuche, Francisco Manzo, Orc铆, Portes Gil y otros, se entrevistaron esa noche con el presidente Calles y le manifestaron su desconfianza, Calles le dijo a Orc铆: 鈥淓ntonces usted es el inspector general de polic铆a鈥. Orc铆 manifest贸 que ser铆a mejor que el cargo fuera ocupado por un militar, de manera que se nombr贸 a Antonio R铆os Zertuche, quien desempe帽aba el puesto de jefe de Operaciones Militares en Sinaloa.
Es obvio que, Morones hab铆a buscado prudentemente un refugio para esconderse de la ira de los obregonistas.
El cad谩ver fue conducido al Sal贸n de Embajadores del Palacio Nacional, donde se le rindi贸 un homenaje oficial, y el d铆a 18 sali贸 por tren hacia Sonora, para ser inhumado en su pueblo natal, como hab铆an sido los deseos de Obreg贸n. Hab铆a terminado la vida de 脕lvaro Obreg贸n, El V茅rtigo de la Victoria鈥, como lo calificar铆a el historiador Enrique Krauze.
Volvamos ahora a los hechos. Al d铆a siguiente, El Universal publicaba: 鈥淓n el restaurante campestre La Bombilla, sito en las cercan铆as de San 脕ngel, se desarroll贸 ayer a mediod铆a una tremenda tragedia, cuya trascendencia nacional es incalculable. Un hombre desconocido logr贸 llegar hasta el lugar donde com铆a el presidente electo, general 脕lvaro Obreg贸n, y por la espalda le dispar贸 seis balazos, haciendo blanco en todos, porque el asesino estaba muy cerca de su v铆ctima y la agresi贸n fue tan s煤bita, que no permiti贸 poner en obra ning煤n medio de defensa.
鈥淟a confusi贸n que se produjo en los primeros momentos fue indescriptible. Nadie pasaba a explicarse la escena que ante sus ojos se hab铆a desarrollado, dejando una oleada de espanto en cuantos la presenciaron.
El 19, el mismo peri贸dico dec铆a, entre otras cosas: 鈥淧odemos decir que ha sido ya establecida la identificaci贸n del asesino. Se trata del joven de veinticinco a帽os de edad Jos茅 de Le贸n Toral, originario de San Luis Potos铆, aunque algunos de sus familiares son jaliscienses. Este joven prest贸 hace tiempo sus servicios en una negociaci贸n como dibujante, y entre las pruebas a que fue sujetado en la Inspecci贸n para conocer su personalidad, hubo la de hac茅rsele dibujar, produciendo un buen trabajo de ese g茅nero鈥.
Durante el mismo d铆a 17 comenz贸 el interrogatorio a Toral, seguido por tormentos y torturas, fue suspendido y colgado por los dedos de los pies y manos a fin de que informara sobre sus c贸mplices, pero Toral se neg贸 rotundamente. Sin embargo, el detective Valente Quintana logr贸 la identificaci贸n tanto de Toral como de sus m谩s cercanos familiares, ejerciendo presi贸n sobre 茅l con la amenaza de torturar a su familia, no obstante, los investigadores optaron despu茅s por seguir otro camino, hablarle en forma amistosa, y as铆 lograron convencerlo de que les proporcionara algunos informes. Primeramente le pidi贸 al detective Quintana unos minutos para reflexionar, y despu茅s dijo que hasta que hubiera hablado con 鈥渃ierta persona鈥 podr铆a hablar m谩s, obviamente, Quintana lo autoriz贸 y lo acompa帽贸 esa noche a la casa de la calle de Zaragoza, donde al tocar la puerta le abri贸 la Madre Conchita, quien lo encontr贸 en un estado lamentable; supuestamente, la religiosa ignoraba lo sucedido. Ya en el interior de la casa, Toral le dijo a la monja: 鈥淗e venido a ver si le creen a usted. Vine para ver si usted desea morir conmigo鈥 La abadesa contest贸: 鈥淪铆, con mucho gusto鈥. Hab铆a contestado con seguridad y serenidad, muy de acuerdo con su car谩cter y convicciones. Siguieron a esta escena unas conversaciones entre Toral, la Madre Conchita, y algunas de las personas que hab铆an acompa帽ado al detective Quintana, entre ellas el licenciado Orc铆. Al t茅rmino de las pl谩ticas, la religiosa, as铆 como algunas monjas, fueron arrestadas.
Hall谩ndose ya todos en la Inspecci贸n de Polic铆a, incluyendo a la familia de Toral (padres y esposa), prosiguieron las investigaciones. Las autoridades pronto se convencieron de la inocencia de los padres y esposa del asesino, as铆 como de las monjas presas, y todos fueron dejados en libertad.
Despu茅s de lo ocurrido con Segura Vilchis y los hermanos Pro, que hab铆an sido ejecutados sin previo juicio, lo que hab铆a causado mala impresi贸n en la sociedad, en esta ocasi贸n se orden贸 un proceso legal a los inculpados.
El proceso se iba a llevar a cabo en el juzgado de lo penal de San 脕ngel, donde fue juez presidente de debates el licenciado Alonso Aznar Mendoza; secretario, el licenciado Luis Lajous; procurador general de justicia y territorios federales, el licenciado Juan Correa Nieto; agentes del Ministerio P煤blico, licenciados Ezequiel Padilla, Enrique Medina, Antonio del Palacio y Antonio Taracena, y defensores los licenciados Alejandro Gonz谩lez Cueto, Demetrio Sodi, Jos茅 Garc铆a Gaminde, Gabriel Gay Fern谩ndez y Fernando Ortega.
Algunos testigos o inculpados hab铆an desaparecido, como el padre Manuel Jim茅nez, a quien se acusaba de haber bendecido la pistola homicida durante una misa, Manuel Trejo Morales, quien le hab铆a proporcionado el arma a Toral. Tambi茅n se hab铆a ofrecido una recompensa de 5 000 pesos por la captura de Carlos Castro Balda, pero 茅ste se present贸 voluntariamente.
El 31 de julio se inici贸 el juicio. El Universal describi贸 as铆 el hecho: 鈥淐on camisa limpia, el traje diverso del que llevaba el d铆a de la tragedia, bien planchado, los zapatos con brillo y cierta pulcritud en lo general, rota por la carencia de cuello y corbata, Jos茅 de Le贸n Toral hizo su aparici贸n en el despacho del inspector general de Polic铆a.
鈥淯n gendarme de la montada, con el rifle terciado, era su custodio. El preso estaba sereno, absolutamente tranquilo. Llevaba la cara cuidadosamente lavada y la barba algo crecida. El moret贸n que tuvo los primeros d铆as, se conoce que ha ido desvaneci茅ndose hasta convertirse en una mancha color sepia. Los periodistas, tanto los nacionales como los extranjeros, materialmente llenaban el saloncito, y abrieron valla al paso del reo. En esos primeros momentos, la curiosidad period铆stica abr铆a materialmente sus fauces sobre el reo: 隆Era preciso saber, saber mucho y desde luego!
鈥淭odos se aprestaron a preguntar, contestando el reo con voz pausada y queda...
鈥溾斅縌ui茅n lo impuls贸 a matar al general Obreg贸n?
鈥溾擭adie, yo solo fui el autor.
鈥溾 驴Cu谩l fue el m贸vil?
鈥溾擟onoc铆 que si no lo mataba entonces, despu茅s ser铆a muy dif铆cil, pues ya iba a tomar posesi贸n de la presidencia.
鈥溾 Bien, pero 驴los motivos cu谩les fueron?
鈥溾擰ue hubiera libertad religiosa.
鈥淥tro periodista interrog贸:
鈥溾斅縐sted era futbolista?
鈥溾擲铆.
鈥溾斅緿e qu茅 team?
鈥溾擠el Alvarado; pertenec铆a a la Federaci贸n Mexicana de Futbol.
鈥淵 un tercero intervino:
鈥溾斅縌ui茅n le dio la pistola?
鈥溾擬e la prest贸 Manuel Trejo. Yo se la ped铆 a 茅l.
鈥溾 驴Se encuentra arrepentido?
鈥溾擲铆, estoy ciertamente arrepentido. He sabido cosas que entonces no sab铆a, como era que el general Obreg贸n estaba en v铆as de arreglar la cuesti贸n religiosa, pero lo supe tarde. Entonces no pod铆a saberlo, porque, como yo no lo conoc铆a, no lo trataba, y por eso ignoraba sus prop贸sitos.鈥
Mientras se iniciaba el juicio, que iba a durar hasta el mes de noviembre, la situaci贸n pol铆tica del pa铆s era muy delicada. La muerte de Obreg贸n, adem谩s del impacto pol铆tico, hab铆a causado una crisis de confianza entre los grupos dominantes. El bloque obregonista 鈥攅n el que figuraban generales, gobernadores, secretarios de Estado, diputados gobernadores y senadores era muy fuerte, y exist铆a entre un numeroso grupo de sus integrantes la sospecha de que la muerte de Obreg贸n hab铆a sido planeada principalmente entre los grupos cronistas, que encabezaba el nefasto Morones.
Entre los obregonistas, estaba el licenciado Emilio Portes Gil, gobernador de Tamaulipas, decidido partidario del asesinado pero no radical; era mesurado, y con otros de la misma tendencia buscaba una soluci贸n pol铆tica para el pa铆s.
El general Calles, a pesar de ser el presidente y tener una gran fuerza pol铆tica, no estaba tranquilo, por lo cual tuvo varias reuniones y efectu贸 algunas declaraciones a los peri贸dicos en las que afirm贸 que M茅xico hab铆a perdido 鈥渁l estadista m谩s completo de los tiempos recientes鈥. Hubo algunas renuncias de connotados cronistas, que no fueron aceptadas de inmediato, pero posteriormente, a sugerencia de Portes Gil y Luis L. Le贸n, se aceptaron las de Morones como secretario de Industria, Comercio y Trabajo; del general Celestino Gasca, director de los establecimientos Fabriles Militares; de Eduardo Moneda, director de los Talleres Gr谩ficos de la Naci贸n, y de Jos茅 L贸pez Cort茅s, del Consejo Municipal de la ciudad de M茅xico. Como consecuencia de estos cambios en el gobierno, el ingeniero Luis L. Le贸n fue asignado secretario de Agricultura, y Portes Gil de Gobernaci贸n; en agosto recibi贸 la Secretar铆a de Industria, Comercio y Trabajo el doctor Puig Casauranc, y hubo adem谩s una designaci贸n que no era muy importante pero que iba a tener relevancia en el futuro: el general Francisco J. M煤gica, fue nombrado rector del Penal de las Islas Mar铆as, donde en a帽os posteriores har铆a amistad con la Madre Conchita, que ah铆 purgaba su pena, y gracias a esa relaci贸n, la religiosa escribir铆a sus Memorias con datos muy interesantes sobre el origen del magnicidio.
En esos d铆as, y con motivo del pr贸ximo e inminente informe presidencial, comenzaron los rumores. Hab铆a un grupo que pretend铆a que el presidente continuara dos a帽os m谩s, pero otro grupo afirm贸 que si el presidente no se iba al t茅rmino de su gobierno, lo sacar铆an. La ciudad de M茅xico herv铆a materialmente en rumores y comentarios. Con motivo del informe, llegaban a M茅xico los gobernadores y los generales jefes de las operaciones militares, y se reun铆an para discutir la situaci贸n pol铆tica del pa铆s, algunos en el desaparecido Regis.
Como ya hab铆a sido modificado el art铆culo 83 para que el periodo presidencial fuera de seis y no de cuatro a帽os, se propon铆a que esto fuera con car谩cter retroactivo, para que as铆 Calles pudiera permanecer dos a帽os m谩s. Entre quienes deseaban la continuidad estaban Luis Montes de Oca (secretario de Hacienda), Puig Casauranc (secretario de Industria, Comercio y Trabajo), el embajador norteamericano Dwight Morrow, los gobernadores de Puebla, Yucat谩n, Nayarit y Tabasco y otros grupos pol铆ticos, pero la oposici贸n obregonista era mayor, m谩s importante y m谩s peligrosa.
Finalmente lleg贸 el primero de septiembre de 1928, fecha en relaci贸n con la cual dijo el licenciado Alessio Robles: 鈥淟a sesi贸n del parlamento mexicano celebrada el d铆a primero de septiembre de 1928 ha sido, sin duda alguna, la m谩s memorable de todas en la agitada historia pol铆tica de M茅xico鈥 y, en efecto, as铆 fue. En ese informe, sigue diciendo Alessio Robles, Calles anunci贸 el advenimiento del gobierno institucional, el imperio de la ley; dijo que era hora de 鈥渁cabar de una vez por todas con el caudillaje y establecer un gobierno institucional de acuerdo con las leyes鈥, y afirm贸 en forma definitiva que el primero de diciembre abandonar铆a el poder y no volver铆a a ocupar la presidencia. 鈥淓se informe鈥, dice Alessio Robles, fue una encendida requisitoria en contra de la memoria del general Obreg贸n鈥.
Termina su comentario el licenciado Alessio Robles diciendo: 鈥淟as promesas de la sesi贸n memorable del d铆a primero de septiembre de 1928 se las llev贸 el vago viento en sus alas invisibles. El jefe de la naci贸n no cumpli贸 su formal ofrecimiento. Desde un c贸modo sitial sigui贸 gobernando a la Rep煤blica, despu茅s de terminado su mandato, sin freno y sin ley, sin responsabilidades, hasta que hubo un momento supremo en que se escuch贸 la voz severa de la justicia. Pero nada m谩s la voz severa de la justicia; a煤n falta escuchar el fallo de los tribunales para que sirva de ejemplo a todos los gobernantes y a todas las generaciones鈥.
Durante el informe, el diputado obregonista que interrumpi贸 al orador grit谩ndole: 鈥溌arsante, farsante, eres un farsante!鈥.
El presidente Calles termin贸 con palabras dirigidas al ej茅rcito mexicano: 鈥淣unca como hoy, por mi resoluci贸n irrevocable y que durar谩 hasta mi muerte, de no abrigar la m谩s remota ambici贸n de volver a tener el car谩cter de presidente de la Rep煤blica; nunca como hoy he podido sentirme m谩s l贸gicamente autorizado para constituirme, ante el pa铆s, como me constituyo en fiador de la conducta noble y desinteresada del ej茅rcito鈥.
El presidente del Congreso, Ricardo Topete, contest贸 defendiendo la memoria del recientemente asesinado presidente electo.
Despu茅s, el presidente Calles, aprovechando la presencia de los generales con mando de tropa, y de otros m谩s los convoc贸 a una reuni贸n el 5 de ese mes, en Palacio Nacional, donde les pidi贸 que dieran amplias facultades para hablar con diputados y senadores y nombrar a un candidato civil para la presidencia. En esa reuni贸n estaban los generales Joaqu铆n Amaro, Jos茅 Gonzalo Escobar, Miguel Acosta, Juan Andrew Almaz谩n, Fausto Topete, Francisco Manzo, Saturnino Cedillo, Jos茅 Luis Amezcua, Agust铆n Mora, Francisco Urbalejo, Jes煤s M. Aguirre, Roberto Cruz, L谩zaro C谩rdenas Pedro Gabay, Alejandro Mange, Jes煤s Ferreira y otros m谩s.
Entre otros interesantes conceptos, Calles expres贸 entonces 鈥淓l ej茅rcito debe mantenerse al margen de la situaci贸n.
鈥淣inguno de sus miembros debe presentarse como candidato, porque ese solo hecho traer铆a la divisi贸n dentro de la instituci贸n鈥, y continu贸 diciendo: 鈥淗asta el momento, francamente, no tengo candidato ni he recomendado candidato alguno, ya he sentido que dentro del ej茅rcito se est谩n formando bander铆as; he sentido dos o tres corrientes de opini贸n distintas, y esto es signo de divisi贸n... He cre铆do prudente鈥 abstenerme de tratar ese punto, porque no quiero yo tener鈥 la m谩s ligera responsabilidad de que mi sugerencia vaya a tomarse como determinante de esa divisi贸n鈥 quisiera escuchar la opini贸n de ustedes鈥.
Hubo algunas opiniones y comentarios de los presentes, pero finalmente el general Juan Jos茅 R铆os quiso interpretar el sentir de todos y afirm贸 que estaba de acuerdo con que ning煤n jefe militar deb铆a aspirar a la presidencia, a lo que a帽adi贸: 鈥淟os compa帽eros que est茅n de acuerdo que se pongan de pie鈥.
Todos los generales se levantaron. El general Escobar dijo: 鈥淵o creo que debemos confiar absolutamente en el se帽or presidente; 茅l sabe bien que no tengo la intenci贸n de cometer un acto de servilismo鈥 pero lo considero con una visi贸n pol铆tica muy superior a la nuestra, porque 茅l si est谩 especializado en cuestiones pol铆ticas. Yo estimo, pues, que el se帽or presidente tiene toda la raz贸n, y abund贸: 鈥淓l ej茅rcito ha quedado definitivamente purgado de los elementos sin verg眉enza鈥 ya no debemos admitir la palabra 鈥榗uartelazo鈥; debe ser proscrita absolutamente. Si el se帽or presidente, en su informe ante el Congreso, se constituy贸 en fiador del ej茅rcito, lo hizo porque considera que el ej茅rcito actual no es el ej茅rcito de los cuartelazos鈥. Muy poco tiempo pasar铆a para que el general Escobar se tragara sus palabras, pues 茅l encabezar铆a la 煤ltima rebeli贸n, y con 茅l algunos de los ah铆 presentes, como los generales Manzo, Aguirre y otros.
El general Calles termin贸 la reuni贸n diciendo que seguir铆a el consejo de los generales en 鈥渆ntenderme con las c谩maras para darles la orientaci贸n m谩s conveniente para la designaci贸n de presidente provisional. Voy a aceptar esta responsabilidad, porque as铆 borro diferencias de criterio鈥 De antemano me esperaba yo esta actitud patri贸tica del ej茅rcito, no puede ser su actitud m谩s patri贸tica y desinteresada, y demuestra que ya estamos en el camino para llegar a la tranquilidad y a la prosperidad de la patria鈥 Felicito a todo el ej茅rcito鈥.
Varios eran los posibles candidatos para la presidencia provisional: el general Manuel P茅rez Trevi帽o, gobernador de Coahuila; Emilio Portes Gil, gobernador de Tamaulipas; en menor escala, tambi茅n figuraban el coronel Carlos Riva Palacio, gobernador del Estado de M茅xico, y Saturnino Cedillo, de San Luis Potos铆.
Pronto se perfil贸 la figura del licenciado Emilio Portes Gil, que era obregonista mesurado y quien en su estado hab铆a implementado una reforma agraria y era defensor de los obreros sin ser partidario de Morones. Su personalidad satisfac铆a a los pol铆ticos y adem谩s calmaba los caldeados 谩nimos.
En consecuencia, el 25 de septiembre de 1928, el Congreso design贸 como presidente provisional al licenciado Emilio Portes Gil; s贸lo votaron en contra dos ac茅rrimos obregonistas, Antonio D铆az Soto y Gama y Aurelio Manrique. En esa misma sesi贸n se estableci贸 el d铆a 20 de noviembre de 1929 para las nuevas elecciones y para un periodo que ir铆a del 5 de febrero de 1930 al primero de diciembre de 1934.
Hab铆a terminado as铆 el gobierno del general Calles. Durante su cuatrienio hab铆an ocurrido grav铆simos problemas pol铆ticos, que ser谩 la historia quien d茅 su veredicto final; pero la historia real, no los mitos que se crean para soslayar verdades. Durante su gobierno el pa铆s tuvo un importante desarrollo en otros 贸rdenes: se comenz贸 a iniciar la red de carreteras modernas, as铆 como las importantes obras de irrigaci贸n que hoy existen en todo M茅xico; se cre贸 el Banco de M茅xico, muy importante en la vida p煤blica; se cre贸 el Partido Nacional Revolucionario, que si bien no surgi贸 durante su cuatrienio, naci贸 casi inmediatamente despu茅s para terminar con una serie de partidos pol铆ticos que aparec铆an al calor de las elecciones y que en alguna forma disgregaban las ideas de la Revoluci贸n.
La obra del general Calles posiblemente requer铆a todav铆a de la cr铆tica desapasionada, objetiva, verdadera despojada de partidarismos y de antipat铆as, y que ponga en su justo medio a este hombre, a quien le toc贸 vivir y gobernar en una 茅poca muy dif铆cil y, sobre todo, con un problema enorme, como lo era el religioso. Sin duda alguna, todav铆a no se ha dicho la 煤ltima palabra sobre su gesti贸n, que est谩 a la espera de los estudiosos de la historia de M茅xico.

*Tomado de Luis Garfias M. El triunfo de la Revoluci贸n Mexicana. Panorama Editorial. 1陋 edici贸n, 1994. P.p. 131 a 156.