REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

La comunicación de la ciencia del calentamiento global


Mauricio Schoijet

Ciencia e incertidumbre

La teoría del calentamiento global fue propuesta en 1896 por el científico sueco Svante Arrhenius, y ha sido utilizada para dar cuenta de las observaciones climatológicas sobre aumento de las temperaturas promedio a lo largo de las últimas décadas, también para los datos paleoclimatológicos. A partir de ésta se han desarrollado los llamados modelos de circulación general, que permiten pronosticar la evolución futura del clima para países y áreas geográficas. Esta teoría cuenta con un gran consenso dentro de la comunidad de los climatólogos, en tanto que ni se han propuesto teorías alternativas que recibieran algún apoyo, ni nadie ha intentado refutarla. Sí existen incertidumbres, que en parte dependen de la dificultad de comprensión de algunos fenómenos, por ejemplo en lo relativo al deshielo de áreas cubiertas de hielo, como Groenlandia y la Antártida; y al problema complementario de la magnitud y velocidad de un previsible aumento del nivel del mar. Vale la pena señalar que el consenso científico puede ser revertido, pero que las teorías científicas no son un conjunto de proposiciones aisladas, desconectadas, sino estructuras lógicas, luego es improbable que una teoría como la del calentamiento global, que explica en forma coherente los hechos observados, pueda ser refutada, aunque sí podrían serlo aspectos particulares.
Simon Shackley y Brian Wynne se refieren al problema de cómo los científicos tienen que comunicar las incertidumbres en los resultados científicos, evitando al mismo tiempo que el reconocimiento de éstas perjudique la autoridad de la ciencia (Shackley, 1996).
Existe un interés sustancial por parte de poderosas empresas que explotan los combustibles fósiles, y de empresas que los utilizan, como las de generación y distribución de energía eléctrica, para negar el fenómeno del calentamiento global. Para ello han utilizado un reducido número de espadachines con antecedentes científicos, en algunos casos respetables. Los que se prestan a semejantes maquinaciones pueden recibir jugosos emolumentos, pero se marginan a sí mismos de las comunidades científicas. Hay políticos irresponsables que afirman, sin molestarse en mencionar ninguna evidencia, que los científicos actúan en función de sus intereses personales. Nadie que tenga una mínima capacidad de análisis puede tomarlos en serio.

Los aspectos más catastróficos ocultados hasta ahora
Cuando surgió la ciencia moderna, los científicos eran prisioneros de la ideología del fijismo, o sea que creyeron en la estabilidad y permanencia de las estructuras del mundo natural, de un mundo eternamente igual a sí mismo salvo pequeñas oscilaciones en torno a estados de equilibrio. Esta visión comenzó a ser reemplazada por una visión evolucionista, presente por ejemplo en la teoría de Kant-Laplace sobre formación del sistema solar, formulada en el siglo XVIII. Los primeros elementos de visiones catastrofistas, que aparecieron en ese mismo siglo no fueron aceptados, pero hacia fines del siglo XIX volvieron a aparecer y se consolidaron en el siglo XX, por ejemplo con la teoría de Sagan y Turco sobre el llamado invierno nuclear; con la de Louis y Walter Álvarez sobre la caída de un meteorito o asteroide que llevó a la extinción de los dinosaurios, y varias otras.
Sugiero que entre 2003 y 2008 se fue dando un cambio en la percepción de la problemática del calentamiento global, en dirección hacia las posibilidades más catastróficas, incluyendo la que llamaría una situación ultramalthusiana, es decir el confinamiento de la humanidad en una faja de tierra habitable y cultivable alrededor del Océano Ártico, que incluiría a Canadá, Siberia, norte de Rusia, países escandinavos y probablemente Gran Bretaña. Ello implicaría una reducción drástica de la población, del orden de miles de millones. La otra sería la máxima catástrofe, la extinción de la especie humana.
La primera propuesta en ese sentido fue la del climatólogo neozelandés Peter Barrett, en una entrevista radial en 2004. Sugirió que el calentamiento global podría causarla en cien años. Mencionó el calentamiento del Ártico y la liberación incontrolable del gas metano (CH4) que se encuentra bajo la superficie de éste y de otros océanos. Se encuentra bajo la forma de caltratos, o sea compuestos moleculares formados por agua y este gas. Cabe mencionar que la primera propuesta sobre liberación del gas metano pronosticó que podría producirse en varios siglos, pero sus primeros efectos fueron observados en las costas del noreste de Siberia, en el Océano Ártico, en 2008.
Ambas posibilidades, la ultramalthusiana y la de extinción, fueron planteadas en 2006 por el científico británico James Lovelock (The Independent, 16/I/2006; artículo sobre Lovelock en Wikipedia). El primer trabajo de investigación que sugirió esta posibilidad de extinción, fue publicado por Lee R. Kump, Alexander Pavlov y Michael Arthur, que se apoyaron en datos paleoclimatológicos para afirmar que el calentamiento global disminuiría la capacidad de absorción de oxígeno de los océanos, luego habría un mayor desarrollo de las áreas anóxicas, o sea carentes de oxígeno, que podrían emitir ácido sulfhídrico (SH2) que envenenaría la atmósfera. Un aumento de mil o diez mil veces en la concentración de este gas en la atmósfera sería suficiente para matar a la mayor parte de las especies, incluyendo a la nuestra (Kump, 2005). Cabe mencionar que el número de áreas anóxicas está aumentando rápidamente, de 149 conocidas en 2004 a 200 en 2006. Estos autores se abstuvieron de cualquier conjetura sobre el tiempo necesario para ello. Las posibilidades catastróficas fueron también defendidas por Peter D. Ward (Ward, 2010).
Hay dos informaciones muy poco conocidas que sugieren que la extinción de la especie humana es una posibilidad realista. La primera se refiere a la existencia de los llamados supervolcanes y de las glaciaciones, y está sustanciada por los datos de la genética.
Los supervolcanes se diferencian de los volcanes convencionales en que su morfología es diferente, lo que explica su caracterización tardía, que comenzó en la década de 1970. Se diferencian de los volcanes convencionales en que su número es mucho menor, sus erupciones mucho menos frecuentes pero más devastadoras. Tienen el potencial de devastar un continente o más (Bindeman, 2006). Según varios autores habría entre quince o veinte, en Estados Unidos, Indonesia, Nueva Zelanda y otros países. En los últimos cien mil años habrían ocurrido dos, la del supervolcán Toba, en Indonesia, hace 72000 años, y otra en Nueva Zelanda.
Es sabido que la especie humana es de aparición relativamente reciente, de no hace más de 200000 o 250000 años, y que es la única sobreviviente de más de 35 especies de homínidos, de las que habrían sido contemporáneas de los humanos los Neandertales; los homínidos de la cueva Denisova, en las montañas de Altai, Siberia, descubiertos en 2008; y el Hombre de la Isla de Flores, en Indonesia, que habría sobrevivido hasta hace menos de quince mil años. Es además sabido que la historia del clima registra una alternancia de glaciaciones y períodos interglaciares, en una escala de decenas de miles de años. Las causas de la desaparición de estas especies no se conocen, pero en el caso de los Neandertales se ha publicado una conjetura de Jerry van Andel acerca de que su desaparición pudo haber sido causada por la transición de un período interglaciar a la última glaciación, que los habría dejado sin alimentos, al cambiar drásticamente los ecosistemas en pocos años (Mayell, 2004). Un adelanto científico sumamente importante fue obtenido a partir de la observación de hielos fósiles extraídos en Groenlandia y la Antártida en la década de 1970, que permitió determinar que las transiciones de un período interglaciar a una glaciación son, en la mayoría de los casos, sumamente rápidas, del orden de algunos años o décadas. Dado que estas transiciones producen cambios importantes en los ecosistemas, parecería plausible pensar que habría especies que se extinguirían por no poder adaptarse a éstos en un tiempo tan corto.
Existen dos teorías, que coinciden en varios aspectos, que sostienen que la especie humana habría sido diezmada por fenómenos naturales, lo que redujo drásticamente la población, colocándola al borde de la extinción. Las dos se apoyan en evidencia proveniente de estudios genéticos. Difieren en cuanto a las causas y al tiempo en que se habría producido. La de Stanley Ambrose afirma que se habría producido hace 72000 años, y que fue causada por la mencionada erupción del supervolcán Toba, que habría causado un invierno volcánico que habría reducido drásticamente la población de humanos. En ese momento ocupaban parte de África y la India (Ambrose, 1998). La de Curtis W. Marean propone que habría ocurrido en una época anterior, entre hace 195000 y 123000 años, y que la causa habría sido una glaciación particularmente severa. Ambos coinciden en que los sobrevivientes se habrían refugiado en cuevas costeras de Sudáfrica, y que se habrían alimentado de pescado y mariscos (Marean, 2010).
Aparentemente nadie ha notado que la existencia de transiciones climáticas y de supervolcanes implican la necesidad de una reformulación de la ideología del progreso, o sea que hay fenómenos naturales, altamente destructivos, que serían imposibles de ser controlados por la especie humana, aunque ésta podría tomar medidas preventivas, por ejemplo una disminución drástica de la población y el almacenamiento de alimentos, para mitigar los posibles daños, por más que el margen de incertidumbre sobre los tiempos en que podrían producirse estas catástrofes es muy grande.
Un artículo publicado por el climatólogo Gregory Ryskin (Ryskin, 2003) plantea una posibilidad igualmente inesperada, la de que el metano sustituya al dióxido de carbono (CO2) como principal gas de invernadero a consecuencia de esta liberación de metano de los fondos marinos y del permafrost. Si fuera el caso la humanidad se encontraría en mucha peor situación, porque para el CO2 sabemos cuáles serían las medidas para frenar las emisiones, pero si el metano sustituye al CO2 seríamos totalmente impotentes.
El artículo mencionado es coherente con el hecho de que el derretimiento del Ártico es mucho más rápido de lo que habían previsto sofisticados modelos computacionales, lo que muestra que éstos no son confiables en los casos en que nuestra comprensión de la física del problema es inexistente o insuficiente. Pero los gobiernos no han respondido al cambio con alguna urgencia mayor para limitar las emisiones de gases de invernadero.

Indicadores sobre la preocupación de los gobiernos sobre la problemática del calentamiento global
Existen varios datos sobre la preocupación de algunos gobiernos acerca de esta problemática. Dado que revisar toda la información acerca de las acciones de los gobiernos representa una tarea considerable, es posible que la información presentada sea incompleta.
Dos gobiernos, los de Gran Bretaña y Australia encargaron la elaboración de documentos sobre el calentamiento global, el llamado Reporte Stern (2006) en el primer caso, el Reporte Garnaud (2008), en el segundo.
País en que hubo campañas gubernamentales para informar al público sobre el tema: Gran Bretaña.
País en que el gobierno promovió una encuesta para determinar la comprensión pública del problema: Gran Bretaña.
El esfuerzo más importante, y probablemente único, para determinar la comprensión pública del problema, cuyos resultados serán discutidos más adelante, fue llevado a cabo por una organización privada estadunidense. Aparentemente a ningún gobierno ni a ninguna organización internacional se le ocurrió que era necesario buscar información sobre este tema.

El caso de Gran Bretaña
Una encuesta sobre Comprensión Pública del Cambio Climático (Public Understanding of Climate Change) llevada a cabo en el sur de Inglaterra, fue reportada por Lorraine Whitmarsh en la revista Public Understanding of Science 18, 401-420 (2009).
Desde comienzos de la década de 1990 hubo varias campañas del gobierno para informar a la población sobre el calentamiento global. Se tienen resultados de comprensión del problema por el público desde 1993.
En tanto que la mayoría de los británicos (63%) estuvo de acuerdo en que el calentamiento global es el problema ecológico más importante, la mayoría lo consideró menos serio que otros problemas (Norton, 2004). 1700 ejemplares de un cuestionario de ocho páginas fueron distribuidos en 2003 en la ciudad de Portsmouth, en el sur de Inglaterra, de los que 593 fueron retornados.
Los resultados mostraron un nivel de confusión, en que el 15% confundía el calentamiento global con el empobrecimiento de la capa de ozono, y el 4.4% con el efecto de los clorofluorocarbonos, principal causa de este empobrecimiento, utilizados en espráis y refrigeradores, y que fueron objeto del llamado Tratado de Montreal para su eliminación gradual, firmado en 2007.
Se les pidió a los encuestados definir una jerarquía de problemas ambientales. El 45% respondió con una lista en que los problemas de tráfico estaban en primer lugar, el calentamiento global estuvo en el séptimo, con 19%.

a) La evolución de la opinión pública sobre el calentamiento global en Estados Unidos
Paul M. Kellstedt, Sammy Zahran y Arnold Vedlitz (Kellstedt, 2008), citan 60 artículos, de los que quince se refieren a opinión pública y calentamiento global, entre ellos uno de M. Boykoff y J. Boykoff (Boykoff, 2004). Kellstedt y Vedlitz son profesores del Departamento de Ciencias Políticas y Zahran de la George Bush School of Government de la Texas A and M University de College Station, Texas.
Plantean que la suposición detrás de la película de Al Gore y de otra sobre el mismo tema del calentamiento global, acerca de la falta de un “clamor público (outcry)” sobre calentamiento global no es que al público no le importa sino que no sabe lo suficiente. Los resultados de las encuestas a nivel internacional muestran que los estadunidenses tienen una cantidad promedio de información respecto de otros países sobre este tema. Por tratarse del país de ciencia más desarrollada del mundo deberían estar arriba del promedio.
La tesis que plantean Kellstedt y sus coautores es que no se trata de un déficit de conocimiento.
Una encuesta realizada por ellos sobre más de mil estadunidenses muestra que aquellos que tenían más confianza en los científicos tenían menos preocupación por el calentamiento global, lo atribuyen a creencia en la eficacia y universalidad de la ciencia para proveer soluciones tecnológicas.
El artículo de Kellstedt fue comentado por John Tierney “Global Warming Paradox” en el New York Times del 29/II/2008. También se habría referido al mismo tema Andrew Revkin (Revkin, 2007). Revkin cita a Tom Lowe, científico australiano, en el sentido de que a falta de evidencia física de que algo malo puede ocurrir, la gente tiende a esperar y ver (wait and see). Si fuera el caso, no está claro por qué los estadunidenses mostrarían esta tendencia en mayor proporción respecto a otros países.
También se publicó un artículo anónimo sobre el tema, aparentemente sin fecha, en la página web de la organización ambientalista Worldwatch (leído el 13/III/2013) “US Public still Unconvinced on Climate Change”. Según éste menos ciudadanos estadunidenses consideran al calentamiento global una “amenaza seria” que dos años antes, de acuerdo a una encuesta de opinión reciente. La proporción es de 65%, hace dos años era de 77%.
Mark Drajem en un artículo publicado en septiembre de 2012 reportó que la ola de calor récord más incendios forestales catastróficos en áreas silvestres de Estados Unidos causaron un desplazamiento de la opinión pública desde marzo hasta alcanzar un 70% que sí creían en la realidad del calentamiento global, especialmente entre votantes independientes (es decir que no se definen como a favor de los dos grandes partidos) y en el estado de Texas, que habría estado en el segundo año de una sequía récord (Drajem, 2012).
Vale la pena mencionar que el consenso científico es en este caso mayor que el existente respecto a otros temas, por ejemplo el de investigación sobre embriones.
Debe tratarse del único país en que puede observarse un retroceso de la conciencia ambiental, sobre el más grave de los problemas ambientales. Si no se trata de una falta de conocimientos, entonces se puede sugerir que se debe a los efectos de la campaña anticientífica promovida por los sectores dominantes de la burguesía, que se apoya en el peso de las ideologías dominantes.
Este apoyo tiene raíces históricas profundas, y se expresó de diversas maneras a lo largo de gran parte de la historia de Estados Unidos. Por ejemplo en el racismo, que incluyó la tolerancia hacia la organización terrorista Ku Klux Klan desde su fundación a fines de la década de 1870 hasta la de 1960. En las leyes eugenistas, que permitieron la castración de sesenta mil delincuentes comunes entre comienzos del siglo XX y la década de 1960. Cabe mencionar que en este aspecto la política terrorista contra la población pobre y étnicamente diferente sólo fue superada en la Alemania nazi. En la resistencia organizada contra la enseñanza del darwinismo, y en el anti-intelectualismo (Hofstadter, 1962).
En un sentido convergente con el de Kellstedt y sus coautores Aaron McCright et al. sostienen que el movimiento conservador en Estados Unidos, contra el reporte del International Panel on Climate Change (IPCC) y de un documento similar de la National Academy of Sciences, contribuyó sustancialmente a bloquear la ratificación del Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global por el gobierno de Estados Unidos (Crighton, 2003).

b) La opinión pública a nivel internacional
Hay por lo menos dos artículos sobre el tema. Uno es el de Richard J. Bord et al. Según estos autores las encuestas sobre temas ambientales habrían comenzado en la década de 1970, las encuestas sobre calentamiento global en 1982. En ese año sólo un 12% lo consideraba “un problema muy serio”. Esta proporción aumentó a 39% en 1988, 34% en 1996, o sea que aparentemente hubo un retroceso en la percepción del problema. En 1982 y 1986 las encuestas se hicieron en doce países europeos, 34 y 38% respondieron que se trataba de un problema “muy serio”.
En 1992 hubo mayorías que lo consideraron igualmente serio en 13 de 24 países, sin embargo menos que otros problemas, ya que lo colocaron en séptimo lugar respecto a contaminación atmosférica, del agua, etc.
La preocupación por el calentamiento global resultó mayor en Canadá, algunos países europeos y sudamericanos (Bord, 1998).
Las encuestas pusieron de manifiesto errores de juicio de los encuestados, ya que muchos aceptaron que la instalación de limpiadores en chimeneas de fábricas (scrubbers) reduce los gases de invernadero, lo contrario es cierto. Cita a W. Kempton (Kempton, 1995).
Tal vez el aspecto más perturbador que se desprende de estas encuestas es que cuando el calentamiento global se incluye en una lista de otros problemas ambientales y sociales, tiende a reflejar una menor preocupación respecto a los otros. O sea que los encuestados parecerían mostrar esta mayor preocupación cuando el problema es presentado en términos abstractos.
Las mismas encuestas son objeto de un análisis más detallado en un artículo de Steven M. Brechin. Éste analiza los resultados para 24 países, obtenidos por las empresas encuestadoras Gallup y Louis Harris, que actuaron por separado (Brechin, 2003; Gallup, 1993). Once de los 24 fueron considerados de altos ingresos. El tamaño de las muestras fue de 770 en Finlandia y 5000 en la India, pero en la mayor parte de los casos fue menor, entre 300 y 600. En los casos de países no industrializados las encuestas se limitaron a áreas urbanas.
La muestra incluye catorce países europeos, cuatro asiáticos, y cuatro latinoamericanos (Chile, México, Uruguay y Brasil), y a Canadá y Estados Unidos.
Los resultados desmienten la difundida tesis de Inglehart de que las preocupaciones ambientales sólo surgen a partir de determinado nivel de bienestar (Inglehart, 1990).
Los cuatro latinoamericanos están arriba de Estados Unidos, ya que en este país sólo 47% consideran al calentamiento global como un problema “muy serio”. Canadá tiene 58%. Brasil está arriba de los otros latinoamericanos, con 71%, y es el segundo a nivel mundial, detrás de Portugal (72%). México está en 62%. India es el de menor preocupación entre los asiáticos, con 36%. Nigeria, único africano, tiene la menor cifra a nivel mundial, con 26%. Brasil, Japón y Alemania tienen los mayores índices a nivel mundial.
Hubo una primera encuesta sobre el conocimiento de las fuentes de los gases de invernadero, de la organización Gallup en seis países, Canadá, Estados Unidos, México, Rusia, Brasil y Portugal, en 1992, cuyos resultados fueron analizados por R. Dunlap en 1998 (Dunlap, 1998). Varios estudios llevados a cabo entre 1991 y 1998, por ejemplo de W. Kempton en el primer año mencionado y el mencionado de Dunlap (Kempton, 1991), mostraron que incluso en países industrializados ricos, la mayor parte de los ciudadanos no entiende que los gases antropogénicos causan el calentamiento global (el descubrimiento del efecto de las partículas de hollín fue posterior).
Encuestas de la organización estadunidense Environics Foundation International, llevadas a cabo en 27 países en 1999 y 2001, muestran que la comprensión del problema es pobre, aun en países como Alemania y Japón. En las encuestas aplicadas en 1999 se preguntó cuál era la fuente de gases de efecto invernadero, ofreciendo cuatro opciones: combustibles fósiles, deforestación, capa de ozono y contaminación atmosférica. Cabe mencionar que en algunos casos pudo haber habido una confusión, puesto que la contaminación atmosférica incluye gases de invernadero, pero su proporción es muy menor respecto al dióxido de carbono, que suele no ser considerado un contaminante. Los más ignorantes resultaron ser los indonesios, con sólo 3% de respuestas correctas. En Estados Unidos hubo un 11%, el mayor número se observó en Finlandia, con 17%. Las respuestas de que era la capa de ozono fueron las mayores, con 48% en Indonesia y 26% en Estados Unidos, igual que México. En Japón la proporción resultó mayor que en Estados Unidos (Dunlap).
El nivel de ignorancia sobre el calentamiento global es aproximadamente igual al de Brasil, en lo relativo al papel de los combustibles fósiles. Aún los cubanos, con 17% de respuestas correctas, están ligeramente más informados que los estadunidenses.
Cabe mencionar que la reacción internacional contra la no ratificación del Protocolo de Kyoto por el gobierno de Bush fue mayor en Europa, con un 87% de desaprobación en Alemania, 85% en Francia, 83% en Gran Bretaña, 80% en Italia. En Estados Unidos fue considerablemente menor, del 44%. Fue una afrenta contra la opinión pública internacional, y es probable que haya influido en el escaso apoyo europeo a la aventura militar de Bush contra Iraq.

Un intento de interpretación
En 2005 este autor publicó un libro sobre los antecedentes y la coyuntura política posterior al derrocamiento del gobierno de De La Rúa en Argentina en 2001. Este episodio, y el derrocamiento del gobierno de Sánchez de Lozada en Bolivia en 2003 fueron, por lo que este autor conoce, los primeros casos de gobiernos electos derrocados por rebeliones populares.
Este autor conocía algunos de los antecedentes de tal evento en el caso argentino, en que hubo un larguísimo proceso de deslegitimación de la democracia representativa, cuyo inicio se remonta al golpe militar encabezado por el general Uriburu, que derrocó en 1930 al gobierno electo del presidente Hipólito Yrigoyen.
Uno de los aspectos de este proceso a partir del golpe militar que derrocó al gobierno electo del general Juan Perón en 1955, fue la generalización de la anulación del voto en varias elecciones.
Cabe mencionar que hay centenares de libros publicados en varios países sobre la cuestión de la democracia, tanto en el aspecto teórico como de análisis de casos concretos, pero hay un enorme hueco en el caso del fenómeno del voto nulo, probablemente no por casualidad, sino porque revela la deslegitimación de regímenes supuestamente democráticos. A nivel internacional existen varios sitios de internet con estadísticas de resultados electorales posteriores a 1945 en varias decenas de países. Estas incluyen la proporción de votos anulados, fenómeno correlacionado con la quiebra del sistema de partidos, en el sentido de partidos que tienen un considerable apoyo de la opinión pública durante períodos prolongados, del orden de décadas y hasta más de un siglo y cuya influencia termina por disiparse. Una inspección parcial de estas estadísticas revela que el mayor número de elecciones con alta proporción de votos nulos ocurrió en seis países sudamericanos: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador. La proporción de votos anulados fue la mayor del mundo, con varios casos a partir de 1947 en que la proporción de votos anulados estuvo entre 10% y 44%, en tanto que en el caso de países fuera del continente americano la mayor proporción fue la de una elección en Italia, en que fue del 5%, y de Ucrania, República Checa y Hungría, en que apareció el fenómeno después de la caída del “socialismo realmente existente” (Schoijet, 2005).
¿Qué relación hay entre este fenómeno y la recepción del calentamiento global? Que la anulación del voto refleja la quiebra de las ideologías dominantes. O sea que de alguna manera la alta proporción de votos anulados puede ser desencadenada por eventos particulares, pero que lo que la hace posible son procesos de deslegitimación de largo plazo. Está claro de los datos sobre percepción del calentamiento global que la aceptación de la realidad de este fenómeno no tiene relación con el nivel de educación, por supuesto más bajo en todos los países latinoamericanos mencionados que en Estados Unidos. Si la aceptación de la realidad del calentamiento global está relacionada con la deslegitimación de las ideologías dominantes, ésta es resultado de un largo proceso previo de lucha de clases. Una de sus expresiones sería la susceptibilidad de las masas a aceptar la validez de informaciones y teorías que se oponen a la visión del mundo de las fuerzas sociales dominantes.

c) Los intentos de intimidación contra los climatólogos
La llamada campaña macartista (por el senador Joseph McCarthy), que tuvo lugar en la segunda mitad de la década de 1940 y primera de la de 1950, de intimidación y hostigamiento contra comunistas, simpatizantes y elementos democráticos, de los que muchos perdieron sus empleos a causa de esta campaña, en tanto que algunos fueron encarcelados por negarse a declarar, y algunos tuvieron que exiliarse, es uno de los episodios más vergonzosos de la historia de Estados Unidos.
Lo que es casi totalmente desconocido es que tuvo un precedente en la década de 1930. En efecto, cuando Franklin D. Roosevelt llegó a la presidencia en 1932, introdujo una innovación sin precedentes en la historia política de Estados Unidos, en que nombró a un número considerable de profesores universitarios en cargos gubernamentales, mayormente como asesores. Ello desató la ira de legisladores y periodistas conservadores, que acusaron a éstos, frecuentemente de manera injuriosa, no sólo de incompetentes y desubicados, sino de enemigos encubiertos de los sacrosantos valores del capitalismo. Roosevelt optó por no darse por enterado y la campaña terminó por extinguirse (Hofstadter, 1962).
Otro antecedente de hostigamiento contra intelectuales fue la campaña que tuvo lugar contra el nombramiento como profesor del New York City College del prestigiado filósofo británico Bertrand Russell, que resultó en la anulación de su nombramiento en 1940 por una resolución judicial, ya que un juez consideró inaceptables sus puntos de vista sobre moralidad sexual. Cabe mencionar que Russell fue apoyado por algunos intelectuales y científicos de gran prestigio, como el filósofo John Dewey y el físico Albert Einstein.
La campaña anticomunista de McCarthy tuvo el apoyo de otro de los personajes más siniestros de la política estadunidense, el director del FBI Edgar Hoover. Entre sus víctimas se contaron algunos de los más distinguidos científicos naturales y sociales del país, como J. Robert Oppenheimer, quien fue director científico del proyecto de fabricación de armas nucleares; el Premio Nobel de Química Linus Pauling; el distinguido sinólogo Owen Lattimore; David Bohm, uno de los más distinguidos físicos jóvenes, elogiado por Einstein; Edward Condon, director del National Bureau of Standards; el economista Paul Sweezy, y muchos otros.
Otra manifestación de oscurantismo fue la campaña histérica desatada después de la publicación del libro “Límites del crecimiento” de los esposos Meadows en 1972, que cuestionaba un aspecto central de las ideologías del capitalismo como del “socialismo realmente existente”. En esta campaña participaron publicaciones como los periódicos New York Times, Times Higher Education Supplement y la revista The Economist. También dirigentes políticos como Robert McNamara, en ese momento presidente del Banco Mundial; Nelson Rockefeller, presidente de Estados Unidos; el futurólogo conservador Herman Kahn; voceros del gran capital en la República Federal Alemana, y del “socialismo realmente existente”.
La campaña macartista se extinguió con la defenestración de McCarthy, pero aunque en las décadas siguientes no hubo ninguna campaña organizada a nivel nacional, sí hubo casos de discriminación o ataques por motivos ideológicos, por ejemplo contra la activista política Angela Davis; contra la politóloga Frances Fox Piven, de la City University de Nueva York; contra el profesor Ward Churchill, acerbo crítico de las aventuras militares estadunidenses, cesado de la Universidad de Colorado en 2007. El año anterior David Horowitz, auto-proclamado discípulo y continuador de Mc Carthy, publicó un libro sobre The Professors: the 101 Most Dangerous Academics in America. Entre los peligrosos incluyó a algún académico muy conocido, por ejemplo al historiador Eric Foner, ex presidente de la American Historical Association.
Es dentro del marco de estos precedentes que debe verse una campaña de hostigamiento de una organización conservadora y de legisladores contra algunos climatólogos. El senador James Inhofe, con antecedentes en los negocios de bienes raíces y seguros, se volvió el más prominente espadachín del capital de la industria de los combustibles fósiles en una infame campaña contra la ciencia del calentamiento global. En 2003 se refirió al calentamiento global como un fraude (hoax). Entre sus intervenciones más delirantes figura una comparación de la Environmental Protection Agency (organismo oficial a cargo de la protección del ambiente) con la Gestapo (policía política) nazi. Entre 2008 y 2010 recibió un millón y medio de dólares de donaciones de empresas petroleras y eléctricas.
La campaña anti-ciencia del Partido Republicano, en la que también se engancharon algunos legisladores del Partido Demócrata, la inició en 1995 el representante republicano Dana Rohrabacher, presidente de una comisión parlamentaria, que convocó a audiencias sobre el tema de la integridad de los científicos, en que llamó a declarar al espadachín con antecedentes científicos Fred Singer, veterano de campañas anticientíficas, como la de negación de los riesgos del tabaco y del adelgazamiento de la capa de ozono.
En 2005 Joe Barton, representante republicano por Texas y presidente de la Comisión de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, ligado a la empresa petrolera Exxon, de la que habría recibido ochocientos mil dólares para campañas electorales, envió cartas a tres climatólogos miembros del IPCC, Michael Mann, Raymond Bradley y Malcolm Hughes, pidiéndoles datos detallados acerca de un trabajo sobre calentamiento global publicado en 1998, cuyos resultados fueron incluidos en un Reporte de este organismo. Se trataba de un caso sin precedentes, de un organismo legislativo que se proponía cuestionar la confiabilidad o interpretación de datos de una investigación científica. Bradley envió los datos, mientras que Mann y Hughes le respondieron, pero no dieron a conocer sus respuestas.
En Estados Unidos en 1971 el Congreso estableció un marco legal para la operación de Grupos de Acción Política, entre cuyas facultades se incluyó la de recibir dinero para distribuirlo a partidos o candidatos. Uno de estos grupos está ligado a la industria del carbón, y se dirigió al Penn State Speakers Forum, organismo de la Pennsylvania State University, de la que Mann es profesor, para cuestionar la invitación a éste para impartir una conferencia sobre calentamiento global. Cabe mencionar que Mann ya había sido objeto de amenazas por el mencionado Inhofe (Johnson, 2012).
En 2011 el organismo directivo (board of directors) de la American Association for the Advancement of Science, organismo que agrupa a más de cien mil científicos e interesados en la actividad científica, emitió una “vigorosa” declaración contra el hostigamiento a climatólogos en Estados Unidos y Australia, mencionando los ataques contra Mann por el American Tradition Institute, una organización conservadora (Foster, 2011).
La caída en la irracionalidad del Partido Republicano, alcanzó su máxima expresión en la campaña electoral de 2012, en que numerosos dirigentes y candidatos del partido negaron la realidad del calentamiento global. El periodista Chris Mooney, quien publicó un libro sobre la campaña anti-ciencia del Partido Republicano (Mooney, 2005), que fue muy vendido (best seller), planteó correctamente que nunca antes hubo un problema político en el que la ciencia jugara un papel tan crucial. Identificó correctamente la campaña electoral de Barry Goldwater en 1964, en que éste mostró una desconfianza paranoide hacia los intelectuales, como precedente de la actual caída del Partido Republicano en la irracionalidad. Cabe mencionar que la periodista Elizabeth Kolbert señaló que Estados Unidos financia gran parte de la mejor investigación sobre calentamiento global, pero que no hay ningún otro país desarrollado que tome sus resultados con menos seriedad.
Como lo señala correctamente Paul Krugman el Partido Republicano es el partido de la anti-ciencia, como lo han mostrado el precandidato para la elección de 2010 Rick Perry, gobernador de Texas, y el candidato Mitt Romney. El primero, alineado con los millones de necios del fundamentalismo del sur, desestimó la teoría de la evolución de las especies y acusó a los climatólogos de manipular los datos, propuesta que Krugman califica como “vil”.
Krugman cita una encuesta realizada en Iowa, según la cual sólo el 21% de los votantes que se identifican como republicanos creían en la realidad del calentamiento global, sólo el 35% en la teoría de la evolución (Krugman, 2011).
Uno de los investigadores que se han ocupado de esta problemática es el sociólogo canadiense Sheldon Ungar. Contrastando la ignorancia del público con las pretensiones acerca de la emergencia de una sociedad del conocimiento ha escrito: “La ignorancia es un problema social serio con consecuencias potencialmente mortales” (Ungar, 2008).

Conclusiones
Las características centrales de la ciencia del calentamiento global son la alta complejidad y el alto grado de incertidumbre. Nunca hubo un problema político en el que fuera tan esencial la comprensión de la ciencia, nunca un problema en que se jugara la supervivencia de la especie humana.
Los resultados acerca de la comprensión del problema muestran que es más importante para ésta la fuerza de la ideología dominante en la sociedad que la calidad de la divulgación de la ciencia. Por otro lado el peso de las ideologías dominantes ha contribuido al ocultamiento de los aspectos más truculentos, o sea a la posibilidad de un brutal retroceso o de la extinción de la especie.
Por lo tanto, por un lado no es suficiente con la divulgación generada hasta ahora, sino que es necesario un esfuerzo orientado hacia estos aspectos truculentos. Por otro lado, la divulgación de la ciencia es insuficiente, debe de ir acompañada por una crítica de la ideología dominante que enfatice la peligrosidad de la ideología y de las prácticas políticas de la burguesía para la humanidad. También es necesario explicar, no sólo a las masas, sino a muchos científicos que sólo conocen aspectos limitados de la práctica científica, cómo funciona la ciencia y la complejidad de las relaciones entre ciencia, ideologías y aparatos ideológicos del Estado.
Para llevar adelante esta tarea es necesario involucrar a los científicos, a los periodistas científicos y a militantes políticos en la divulgación de la ciencia y de los peligros que representa la dominación burguesa en el siglo XXI, fuera de escala con todos los peligros anteriores que pudieron haber amenazado a la humanidad. Así está planteada la cuestión y no hay manera de esquivarla. Las ilusiones o la nada, la lucha ineludible contra las ficciones dominantes o la catástrofe más grande de la historia.
Otro antecedente de hostigamiento contra intelectuales fue la campaña que tuvo lugar contra el nombramiento como profesor del New York City College del prestigiado filósofo británico Bertrand Russell, que resultó en la anulación de su nombramiento en 1940 por una resolución judicial, ya que un juez consideró inaceptables sus puntos de vista sobre moralidad sexual. Cabe mencionar que Russell fue apoyado por algunos intelectuales y científicos de gran prestigio, como el filósofo John Dewey y el físico Albert Einstein.
Otra manifestación de oscurantismo fue la campaña histérica desatada después de la publicación del libro Límites del crecimiento de los esposos Meadows en 1972, que cuestionaba un aspecto central de las ideologías del capitalismo como del “socialismo realmente existente”. En esta campaña participaron publicaciones como los periódicos New York Times, Times Higher Education Supplement y la revista The Economist. También dirigentes políticos como Robert McNamara, en ese momento presidente del Banco Mundial; Nelson Rockefeller, presidente de Estados Unidos; el futurólogo conservador Herman Kahn; voceros del gran capital en la República Federal Alemana, y del “socialismo realmente existente”.



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