REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Turbocrónicas


Marco Aurelio Carballo

PONENCIA (¡!??) de MAC (alias) MARCO AURELIO CARBALLO, LEÍDA EN EL FESTIVAL FRAY MATÍAS DE CÓRDOVA, EN TAPACHULA, CHIAPAS, EL 30 DE NOVIEMBRE DEL 2013
El texto: “Tribulaciones de un Cabeza Hueca” está subdividido en 10 capítulos, cada uno con el título de turbocrónicas subtitulados a su vez


MORIBUNDO SIN SABERLO
para la doctora Bárbara Nettel y para Patricia Zama (a) la Princesa Petunia Flowers, quienes me salvaron la vida desde dos ejes: CEREBRO Y CORAZÓN.

Queridos parientes y amigos: el doctor Rodea, de oncología del IMSS, me informó el martes 8 de octubre, les cuento, de que pasé del cuarto ciclo al quinto en el tratamiento anticáncer a base de quimioterapia. Después de 35 sesiones de rayos atómicos de la radioterapia, serán seis ciclos de quimio, en principio. Empecé el quinto ciclo el miércoles 9 de octubre. Cinco cápsulas de temozolamida, un total de 260 miligramos diarios 5 días. Descanso los 25 restantes del mes. Y valoran si aguanto otro ciclo.
El 11 de octubre me hicieron una resonancia magnética para determinar, el día 15, si el tumor se fue mucho pal carajo. Eso me lo informaría la doctora Bárbara Nettel. Ella me operó el 23 de enero del 2013, y ordenó otro estudio para el 4 de diciembre del 2013. Cualquier cosa que signifique eso. La doctora es originaria de Tapachula y una su prima escribe cuentos y ha ganado premios internacionales. Grandiosas señales, ¿eh?
El tumor medía 7.11 centímetros de largo, dijo la doctora, 5.56 de alto y 5.41 de ancho. Pregunté la forma. Elipsoidal, dijo, sonriente, con un aire semejante al de Mia Farrow. Esa forma, ¿la remitía a cosa conocida? Exhibió imágenes de la resonancia magnética, pero no les hallé ningún parecido a nada. Le pregunté a Petunia Flowers. “Parece una chirimoya”, dijo. ¿A qué se parecía la chirimoya? a una piña o a una guanábana, dijo Nunca imaginé que pudiera darse tal parecido. En todo caso guanábanas o piñas feas, Pensé, acaso transgénicas sin el sosegante y terso color rosa del papauce o de las fundas blancas y aterciopeladas semillas del caspirol o de la paterna frutos exquisitos del Soconusco.

El PELO DURO, PRÍNCIPE LACANDÓN, PERO NUNCA MUCO PLATEADO
Cabeza hueca quiso saber, sin conseguirlo, ¿cuánto pesaba el tumor cerebral. Para saber cuántos gramos de sesera le había robado el mal y también para jactarse: “Vean, seseras rebosantes, con todo respeto, diría, me faltan equis gramos de magín y aún tecleo turbocrónicas”.
Tras la radioterapia, la quimio provocó efectos devastadores. A Narciso MAC, pelo enralecido en las sienes, le importaría un diputado matraca quedarse pelón. Fernando Macías Cué, querido amigo y colega, el Nano, en casa, llama pelos duros a las personas de cabello negro e hirsuto. EL compa Guillermo Martínez (compa de la doble A) nos llama “paisitas”, y somos paletos en España, metecos en París, nacos en el DF y mucos en Tapachula. Excepto en San Juan Chamula, donde el nativo es llamado “neto”. El padre de Fernando era originario de Asturias, al Nano le dije “No puedo ser más que un pelo duro”, un muco de la costa de la selva”, pues pertenezco a la etnia chiapaneca mame. Ya les recordé en otro texto que el volcán Tacaná me vomitó recién nacido, en el verano del 42, el veinte de septiembre, bajo un pijazo de agua, Rodé dos mil y pico de metros por las faldas volcánicas, humeante, despidiendo chispas al compás de mis aspavientos, capeado con una lava ardiente, como si fuera chile relleno de trozos de iguana y hojas de chipilín. Capeado, repito, con un magma fogoso y chisporroteante, y enfriado al atravesar, efervescente, las aguas espumosas de las tres olas del océano Pacífico, llamados tumbos en Puerto Madero, Soconusco, la costa de Chiapas, erizada de una selva, emputecida de verdor, escribió el poeta y periodista chiapaneco Ricardo Poery, con quien, de reportero, yo brindaba, empuñando un jarro de hojitas maceradas con aguardiente en la proverbial Candelaria de los patos del DF. Brindaba con los habituales de mi clase, la clase trabajadora, unos de Tepito y de la Lagunilla, otros de la Merced, y dos o tres mariachis colados de Garibaldi, tololoche al hombro.


LA ENVIDIA DE LOS PAISITAS MAZAHUAS
Los chilangos, gente rubia de ojos azules, la gente bonita de la gran urbe, me endilgó el apodo de “El Príncipe Lacandón”, para envidia de mis paisitas mazahuas, quienes invadieron y cercaron el DF. Salvo sonrisas de lado, pensando en lo bien intencionados de mis anfitriones, no me causó mayor gusto ser reputado príncipe de Lacandonia, no a mí, no a un alumno del admirado profesor Rogerio Canto Pool, historiador de origen tabasqueño, fanático de las causas republicanas, con Benito Juárez, ese pelo duro, a la cabeza de mi raza. Claro, “El Príncipe Mame” no es una expresión eufónica, melodiosa. El profesor Canto Pool nos hizo republicanos y antiyanquis a un grupo mayoritario de la escuela secundaria, preparatoria y normal Miguel Alemán Valdés, de Tapachula, aunque nunca faltan los genuflexos, abyectos besamanos y mamacallos.


CUÁNDO DEJÉ DE SER UN PELO DURO
El Nano, quien se nos logró en la colonia Narvarte y a quien llaman el Güerito Macías, sospechó de que estaba albureándolo con eso de la etnia mame.
Debí explicarle y me adorné al decirle que los mames opusieron feroz resistencia a los aztecas, en el profundo sur mexicano (cuando pretendieron, ilusos, dejarnos sin chocolate, cobrando excesivos impuestos en granos de cacao). Incluso los guerreros mames se arrojaron al vacío del Cañón del Sumidero, antes que ser esclavos de nadie. Otro güerito, el maestro Jean de Vos, un antropólogo aguafiestas, dijo que los mames se lanzaron al vacío porque los traidorzuelos mamacallos aztecas, colonizados, y quizá sodomizados, dicho sea con todo respeto, obedeciendo a los españoles, arrojaron teas ardiendo al interior del refugio de los paisitas mames.
Haya sido cierto o no, él, Fernando Macías, hombre de mundo, aceptó la explicación. Así que dejé de ser un pelo duro a los sesenta y pico cuando encanecí. Pero ¡la radio y la quimio me tumbaron las canas.

ESCASA PLATA EN LAS SIENES
La radioterapia, provoca efectos devastadores. No hubiera importado que se me cayera el pelo, enralecido en las sienes. La doctora Nettel dijo: tranquilo, retoñarán. Pude ser “El Muco Plateado”, pero a nadie se le ocurrió el mote. Seré muco hasta el final, con escasa plata en las sienes.


EMPEORA EL NEURAS DE ATAR
Además, en mi caso el tratamiento me provoca sueño y un cansancio infinito, y, aparte de quitarme el apetito por las náuseas, me exacerba la neurosis. Ustedes lo saben, siempre he sido un neuras de atar. Bueno pues empeoré. Claro, trato de controlarla. Sé qué debo hacer y dispongo de la ayuda de los doce pasos de la doble A. En ocasiones pienso que el control lo tuve cuando me zumbaba unos lingotazos de whisky o varios cañazos de ron. Pero no empino el codo desde hace más de un sexenio. Por supuesto, no defiendo el trago, enfermedad progresiva y letal.
Lo peor fue el teléfono. Nunca imaginé abominarlo. Usé un celular de cuarta generación y fracasé, por mi neurosis y porque me trepanaron. Quise actualizarme para consultar en línea, las 24 horas del día, el Diccionario de la Real Academia Española. Estaba a punto de arrastrar adonde fuera una pequeña maleta con dos o tres tumbaburros dentro. ¡Qué horror!, habría dicho René Avilés Fabila. Al complicárseme la vida, Petunia tuvo que rescatar el teléfono portátil de la basura. Intenté leer y escribir en casa para tener los diccionarios al alcance. El teléfono fijo, el cual me tuvo frito diez sexenios, tampoco lo uso ya.
Estoy a punto de hacer concesiones porque mis parientes llamaron alarmados. Corrió el rumor de que había entregado el equipo a mi poder superior. No el equipo del celular sino 80 kg de peso y uno setenta y tres metros de una osamenta apenas en regular estado, y apachurrada 7 centímetros por el padecimiento.


MENSAJE TRUFADO DE PALABROTAS
Harto desde hacía diez sexenios del teléfono fijo, también dejé de usarlo. Si lo uso, no leo tres periódicos diarios ni escribo mis tres columnas periodísticas. Tampoco reviso mi undécimo mamotreto, y no duermo. Recordé a Silvia Molina quien grabó un mensaje para disculparse de no contestar porque escribía en ese momento. Parientes y amigos dijeron haz lo mismo. Gran idea. Sí, pero ella es una dama, una señora y de mí escucharían frases cristalizados de palabrotas. La princesa se habría. indignado.


PALMAN DE TRES EN TRES
Como la neurosis empeoró tras mi operación y las horas siguen de 60 minutos y los años de 12 meses, obligado, ultraselecciono lecturas y películas. Antes abandoné, esnif, tres pálidos jaiboles diarios. ¿Y mi premio?: neurosis in crescendo, diría el mamón, pertenezca a la etnia mame o no.
A pesar de la neurosis, o justo por eso, en el periodo del apachurramiento, al cabeza hueca lo acosaron los temas.
El colmo fueron las muertes del querido colega Raúl Torres Barrón y del doctor Ricardo Shell. Me neuroticé más porque a fines del siglo pasado existía el mito en el gremio periodístico de que la gente palmaba, de tres en tres, si pertenecían al mismo gremio. Así que me dije, “de Torres Barrón sigo yo”. ¡A causa del orden alfabético siempre estoy entre los primeros de la lista! No sentí miedo sino descargas de neurosis, por mis trabajos inconclusos, como era la revisión de mi undécimo mamotreto, con el título de “El último protomacho creativo y perfeccionista en el país de las colas sin fin y las narices de mango”.
Antes de que me trepanaran escribí el borrador de mi décima segunda novela. Faltan las revisiones. Su título provisional, antes de pasar la censura de la Princesa es “Diosas de radiante pubis”. Falta pulirlo y barnizarlo. Al texto, no a las diosas.


EL HÚNGARO, UN FUTBOLISTA ELEGANTE
A punto de escribir la turbo “Tribulaciones de un cabeza hueca” me asaltó la idea del mamotreto 13, quizá no una novela y sí un mamotreto de trescientas a quinientas páginas, con la recopilación, seleccionadas de modo riguroso, de crónicas y turbocrónicas. Me llegó la idea y el título. “Los nuevos periodistas”. Y ¿qué creen? ¡ring, ¡ring, ¡ring el teléfono de casa. Eran mi hermana María Eugenia y mi hermano Enrique, el Húngaro. Querían confirmar el rumor de que yo estaba moribundo. Mi hermano pertenece a mi etnia. El sobrenombre de húngaro le quedó de cuando jugaba futbol. “Efectivo y elegante”, dicen. Fue como supe de mi estado de salud. Rumorólogos inoportunos pues aún no decido mi epitafio entre media docena: “¿No que no?” “Por fin libre” y mi preferido, “Disculpen si no me levanto”, de Groucho Marx. Enseguida los amigos quisieron saber también qué onda con el tal MAC. Entonces ¿qué hacía?, ¿contestaba o pensaba en la estructura del mamotreto trece? Ganó mi vocación, obsesión. Destino, lo diría Borges.


MEJOR BOLETÍN
Antes de tirar el cel pensé en un boletín médico en lugar del mensaje de mi querida amiga Silvia Molina. Pero lo desaprobará la Princesa, prejuzgué. Dirá: “Viejo patético y autoconmiserativo”. Así que acaso sea primera y última vez que reciban este boletín del estado de salud del cabeza hueca. Pero, momento, se me está ocurriendo, ¿y si estas páginas leídas constituyen el principio del mamotreto 13?