REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 11 | 2019
   

Confabulario

Canto a la cañada de los lobos


Miguel Ángel Aguilar Fuentes

Es cierto
es tal
y es única:
trátase de la mañana muy temprano
las montañas en el cielo nublado
los tonos inmaculados, nobles, exactos
y el resplandor siempre presente de la Cañada de los Lobos

Son mis montañas tan mías y
ruego al mundo la exacta medida
el cielo entrando a mis pulmones
una cañada, un río, un lago, un árbol en medio
del agua y las naciones de pinos erguidos exigiendo
lluvia, aire puro y repleto de inocencias
que se aspiran con
deleite

Es cierto
son cerca de las 6 de la mañana
enfilo por los tonos verdes y negros de las montañas
y una nube baja a sus filamentos
se desplaza lentamente
y el cielo de escarpadas nubes
inventa agua a raudales por la noche sedienta y suculenta

Amo los días nublados
los anhelo con el frenesí de mis mejores días en el mundo
colecciono las montañas tan amadas desde la infancia
y un rezo al altar de las serranías
invoco cada mañana buscando el resplandor y la elegía

Soy yo el enamorado
soy yo el hechizo
el ansia de verdad
el regocijo de sentir
de cerca
las abultadas
cordilleras
los cimientos de la edad antigua
las nirvanas medievales
los sueños de mundo irracional

soy el que las mira
las montañas sagradas de
San
Luis
Potosí
otrora simientes de reacios sentimientos
gran elevación y el declive
la austera democracia
el monte erizado de pinos
y la piedra, el musgo, los seres vivientes
de un planeta que se hizo a semejanza
del infinito

espíritu montaraz
eso
y sugerencia
y retobo
y ansia

es la cañada
el deslizamiento del agua entre dos alturas
cuya memoria está en el eco de un cerebro juvenil
y extasiado

voy que canto en medio de los montes
y los míos celebran corriendo
y aventando piedras a la suculencia del agua
las aves en húmedas sonrisas
en polvorientas heces
en nimiedades turbias

que nada nos perturbe
que nadie nos separe
¡oh!, mis montañas nubladas
mis lóbregas
nostalgias
mis alegrías perfectas dando tumbos
en medio de letras, visiones, alabanzas

que nadie ose exhortar la virtud austera
sin venir a tus presencias
a tus tardes donde
las nubes
bajan lentamente
en cámara lenta
subyugando toda letanía
al raudal de tus enormes proporciones

que nadie escatime
el logro
la lluvia sincera
el musgo en la pradera
el elogio a la montaña y sus laberintos

que ningún potosino encierre su estrategia
y en su familia el empeño
de un iluminado camino a tus laderas
sea precisa la mañana en que todo va bien
sea el himen
el obstáculo
el pudor y la nostalgia
el ruido suculento de los manantiales
la cañada precisa y sus centurias
el cariño
lo legal
sin naufragios
y sin los llantos

soy el extasiado nuevamente
el que se regocija dos y tres veces
a los pies de tu magnífica adolescencia
soy el país entero
70 mil años de aire puro
las manadas de lobos
siguiendo
al alba
las madrugadas del mundo
eso
y
luego
otro en demasía
caminar cuesta arriba
cada piedra
cada razón de ser

ruego al mundo más días nublados
son los más sublimes de la tierra
octavados y en línea espiral por los
caminos de la patria que me gané lustrando botas
lavando carros
podando céspedes
izando el velamen de libros
que nunca imaginé

ruego al planeta el rigor de las montañas
que son
por así decirlo
toda la entereza que
el tiempo
hizo a su medida

veo las montañas
y rio
y lloro
y
lo digo
sin menoscabo
son mi deleite extremo
en un mundo a la medida.

Soy el que soy
Y las cañadas del mundo se parecen
En toda idolatría
En toda sagaz lejanía por las turbiedades
Del infinito

Soy el que recibe
El que añora
El que hace reverencia
El que cautiva su voz ante
El presagio solemne de las montañas

Es un sueño demasiado
bello
¡cuidado al despertar!

Atisba en la ladera
La chispa de un mundo alejado de
Los mundanales
Atisba en la memoria
Las tardes de hechizo
El embrujo enamorado
El deleite y sus maneras

Es así
que los días nublados
quisieron ser
luz en la pupila
lluvia de otros atardeceres
música de mis manos en medio
de juventudes que creyeron en sí
para despertar
los instintos
La manera de amar y de vivir

Siento todo
El lado sur de las laderas
El paraíso terrenal
El ensueño de un niño que
Se agita de alegría
Y la mujer amada que
Me mira
En una distancia

Que nadie
Ignore
esta alegoría
este pedazo de ansiedad
la mano temblorosa
el éxtasis
el hallazgo
y el que canta

Allá la ciudad y sus toscas maneras
Allá la humanidad entera
y yo con mis
invocaciones
y yo con mis ausencias
los árboles
el río suculento
los sueños de verdad
el agua toda…