REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 11 | 2019
   

De nuestra portada

Una vida entre libros, periodismo y academia


René Avilés Fabila

Sin televisión, mi mundo era plenamente imaginativo: la biblioteca de mi madre, maestra normalista, y los libros de pedagogía, historia y literarios que escribía un padre distante, fueron el claustro ideal para mi devoción por las letras. Muy pronto conocí escritores legendarios como Juan de la Cabada, José Revueltas, Germán List Arzubide y Arqueles Vela, Andrés Henestrosa y Carlos Pellicer. Adolescente, los leí y los escuché hablar, al último, incluso leer o improvisar poesía en su casa de Las Lomas y en la de Cuernavaca.
No nací escritor, como Borges, nací admirador de la literatura y sus creadores y ello me condujo a las letras, estimulado por la fuerte presencia materna. Al cuento inicialmente. En 1959, ya tenía escritos algunos de los cuentos que publiqué en los libros primerizos. Con ellos abrí las puertas del legendario Centro Mexicano de Escritores, donde tuve como mentores a Juan José Arreola, Juan Rulfo y Francisco Monterde, al tiempo que intelectuales como José Revueltas me sorprendía con su infinita rebeldía revolucionaria y Ermilo Abreu Gómez me aconsejaba leer los clásicos del castellano. Las escuelas, como lo sentía el escritor francés Jules Vallès, miembro de la Comuna de París, eran prisiones. Ignoraba que terminaría siendo parte íntima de las universidades públicas. Fui incapaz de imaginar que ése sería el escenario donde mis tres vocaciones, se fusionarían.
El periodismo se dio por la necesidad de decir algo inquietante, crítico y disfrutar de las reacciones que en términos generales han sido positivas, tanto así, que por ahora presido el Premio Nacional de Periodismo ciudadanizado. Fue un accidente que hizo del diarismo un inmejorable complemento de la literatura y la academia. No existían las tesis del Nuevo Periodismo, pero sí los escritores que querían ser periodistas y los periodistas que anhelaban hacer novelas. Comencé, sin proponérmelo, a mezclar ambas carreras. A mi alrededor la mezcla de géneros, que realizaban Truman Capote, Norman Mailer, Tom Wolfe y muchos más, se desataba y enriquecía. Una entrevista, una crónica o un reportaje al sumar y entretejer géneros que nunca se opusieron al maridaje, mejoraba sensiblemente. Si comencé impartiendo clases de ciencia política e historia universal por consejo del ameritado profesor Ernesto de la Torre Villar, una causalidad me llevó a dar Literatura en la carrera de Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Por último, en 1974, Gustavo Sáinz me solicitó impartir una clase nueva de orden periodístico pero con amplia presencia literaria. Pasados los años he terminado titulando a los alumnos que buscan hacer periodismo cultural e ir más lejos al supervisar por mi cuenta sus textos literarios.
Ello, rápidamente contado, la historia es más compleja y llena de nombres y libros, me hizo (casi parafraseando una idea religiosa) dueño de tres vocaciones y una sola idea: la literatura, el periodismo y la enseñanza. Por eso no me asombra que la multitud de generosos homenajes que he recibido por mis 50 años de letras, se hayan dado básicamente a través de universidades públicas. La culminación de tales eventos que comenzaron con la UAM, acompañada por el IPN, la UNAM y CONACULTA, se aprecian en este magno festival de la cultura que se llama FULTABASCO 2013, donde me honran poniéndole mi nombre y otorgándome en el colmo de la esplendidez el Premio Mallinali.
Puedo añadir que la carta oficial donde me comunicaron la decisión tomada por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, incluía una idea que no percibía cabalmente, o que no veía con claridad salvo por mi presencia en las redes sociales: mi facilidad para interactuar con los jóvenes. En rigor, nunca he estado lejos de la juventud que hace mucho tuve. Por tal razón, con ella me siento bien y muchos de mis libros siguen siendo aceptados por las nuevas generaciones. Aparece aquí un principio rector: me acerqué a escritores y maestros y ninguno me rechazó. Mal haría yo en no aceptar la solicitud de ayuda de muchachos que aspiran a ser novelistas, poetas, dramaturgos o periodistas.
En mi constante búsqueda de maestros, del respeto por los mayores, hubo una intromisión: Ricardo Garibay. Para mitigar el dolor que me produjo la muerte de mi abuelo paterno, leí, entre otros, Beber un cáliz. Emocionado, fui a visitar al autor. Ricardo me dijo tajante, en su duro estilo de culto y aguerrido peleador callejero: René, fui amigo de su padre y compañero de Leyes de su tío Sergio, no me venga con eso de que requiere ayuda, cada libro es un maestro. Léalo como tal. Y eso hice. Por eso mis libros son el resultado de muchos libros.
Los caminos que seleccioné sin proponérmelo me han llevado a puertos poco comunes. Jaime Torres Bodet, en 1961, me entregó el diploma que me acredita como joven periodista, platiqué horas con Borges en Buenos Aires, cené muchas veces en París con Carpentier, entrevisté a Siqueiros, bebí con el premio Púlitzer Óscar Hijuelos, cargué parte del peso del ataúd de José Revueltas, estuve en el último homenaje en vida a Juan José Arreola, conservo una fotografía poco común de Rulfo con una cordial dedicatoria, escuché a Neruda leer su poesía, recibí el Premio Nacional de Periodismo de manos de un presidente de la República, Andrés Henestrosa se emborrachó con tres generaciones de Avilés, la última la representaba yo, tuve el honor de que Rubén Bonifaz Nuño prologara uno de mis libros y que José Luis Cueva ilustrara varias obras mías, Octavio Paz me agredió en un artículo, acaso por mi enorme amistad con Elena Garro… Hoy me hallo en Villahermosa con todos ustedes y me acompañan desde la Ciudad de México amigos que conozco y amo desde hace décadas: la incomparable María Luisa la China Mendoza, Dionicio Morales, Bernardo, Ruiz, Jorge Ruiz Dueñas, todos notables escritores. Incluyo a mi hermana Iris Santacruz Fabila, quien siempre ha sido mi agudo apoyo, una mujer distinguida intelectualmente, hoy en ANUIES.
Lo que he podido aprender de la literatura y del periodismo, lo transmito a los alumnos de la carrera de Comunicación en la UAM-X. Es todo y, pienso, no es poco. He navegado a contracorriente: marxista en un mundo globalizado por el capitalismo, agnóstico en un país creyente, escritor en una nación de escasos lectores… Pero el sentido del humor y el gusto por la vida como recomendaba Julio Cortázar, me han impedido caer en derrota. Así como supe seleccionar mis tres vocaciones, fui capaz de elegir a la mujer adecuada, a Rosario, mi compañera de estudios y andanzas desde 1960, lo que significa que tengo más de medio siglo con ella. No es una mujer común, es doctora en Economía, autora de libros especializados y siempre ha sido la primera lectora de cuanto trabajo escribo. La amo y respeto profundamente. Hemos caminado juntos más de cinco décadas y mantenemos el amor y la jovialidad, y aquí estamos, compartiendo con todos ustedes una fiesta de libros organizada por una soberbia universidad, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.
Gracias, muchas gracias, como suelo decir en mis grandes momentos, de todo corazón. Gracias a la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, gracias a José Manuel Piña Gutiérrez y a sus distinguidos colaboradores y a todo el estado. Estoy sorprendido y emocionado.

*Discurso pronunciado en la inauguración de la FULTABASCO que fue dedicada a René Avilés Fabila el 11 de noviembre de 2013.