REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2019
   

De nuestra portada

Sumas y multiplicaciones


Roberto López Moreno

Se trataba de esto, se trata, de un campo abierto, “y riesgoso”, porque ni más ni menos que impele a transitar en medio del Llano en llamas hasta “reposar” en los horizontes, también en contundencia, de Los muros de agua. Hacer el reconocimiento de Aurora M. Ocampo, no es ni más ni menos que mucho, digamos todo, y sólo se tienen dos manos para hacerlo y una imaginación que poco ayuda porque siempre tiende a las industrias de la vagancia. Un reconocimiento a la mujer, a la maestra, a la intelectual, que ha crecido más y más en la construcción del Diccionario de Escritores Mexicanos del siglo XX y luego lo ha hecho crecer y lo ha enriquecido, y más, y más, un reconocimiento a esa entrega es demasiado para uno, por lo magro que uno posee para ofrecer en alabanza a tales méritos. Se toma conciencia y en ella, se llega a la conclusión, justamente, de que el hablar de lo grandioso de la empresa obliga a ser breve; entre más breve se sea, más posibilidad existe de capturar tal cosmos, si es que… o que por lo menos en el intento se ande. Empezaré por decirle a ella: Maestra Ocampo ¡Cuánto le debemos los escritores… y los no escritores. Cuánto le debe México. Cuánto el ser humano, sobre todo esta parte del ser humano (ceñido a tiempos y espacios, a atmósferas y geografías) que goza del innombrable beneficio!
Quiero decir aquí que lo que Aurora Maura Ocampo ha estructurado junto con sus colaboradores es un catálogo en donde se reúnen las fichas biobibliográficas de quienes por medio de la letra han tratado de interpretar, de decirnos, cada quien a su manera, esta parte tan agitada de la historia a la que llamamos Siglo XX, desde su corresponsalía mexicana. Lo que ha integrado en ese segmento de la curva de la espiral redunda en una gratificación propia que ella reconoce cuando dice: “la mayor satisfacción que he tenido de la literatura ha sido permitirme conocerme a mí misma”; y mediante ese su conocimiento -asunto de interacciones- nos da los elementos para conocernos a nosotros mismos, y lo apuntado así es una presencia de equilibrios comburentes.
Es tan importante la obra de Ocampo y sus colaboradores que al hablar yo de equilibrios comburentes se presenta aquí el fenómeno de equipotencialidad (las equipotenciales de un campo -nos recuerda el breve manual de fisiquerías- cortan perpendicularmente las líneas de fuerza-. Retorno al eléctrico literario y me detengo en esto: abro el Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX y me encuentro con la documentada ficha de Octavio Paz, uno de nuestros más deslumbrantes poetas de todos los tiempos; abro el Diccionario y me encuentro con la amplia ficha de Emilio Carballido valioso dramaturgo que enriqueció nuestro teatro con su talento y creatividad; abro el Diccionario y me encuentro con la detallada ficha de José Gorostiza, uno de mis poetas más entrañables; abro el Diccionario y me encuentro con la ficha de Juan Bautista Villaseca, un hombre que estoy seguro que pocos de los lectores conoce, pero que está aquí, en el Diccionario. Repito el nombre de Juan Bautista Villaseca y alguno de ustedes exclamará: pero por el pio convento de las niñas recogidas de Santa Rosa de Viterbo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas ¡y quién diablos es ese fulano! Pero ahí está Villaseca en el Diccionario, expuesto a la vista general, y entonces con su sólo nombre abre ante nuestros ojos el episodio de uno de los más intensos poetas contemporáneos de México, desconocido hasta los huesos, ignorado por todos, pero que en el Diccionario está, sólo en el Diccionario, Juan Bautista Villaseca: para decirte adiós no me cabría/ la sílaba del mar ni del pañuelo/ ni la descalza carabela en vuelo/ de la alondra polar de la agonía./ Cuando se dice adiós, la luz se enfría./ Llegan los trasatlánticos del duelo/ y uniformados por la sal y el hielo los marineros de la lejanía./ Decirte adiós fuera olvidar la astilla en el timón del ámbar que te aparta./ Ser la pleamar para perder la orilla./ Decirte adiós fuera exiliar la herida/ y vagar vagabundo en una carta,/ de buzón en buzón hasta tu vida.
Entonces la vitrina de papel a la que llamamos Diccionario de Escritores Mexicanos del siglo XX acaba de cumplir una más de sus trascendentes funciones. Ahora la pasada expresión de: pero por el pio convento de las niñas recogidas… etcétera, saldrá sobrando porque ya el Diccionario de Aurora Ocampo y los suyos, nos han puesto sobre la pista del personaje; ya a nosotros nos tocará reencontrarlo con el pedazo de vida que nos había arrancado desde antes de conocernos para ponerlo a caminar entre sus versos. En esa luminosa mecánica abre uno el Diccionario y encuentra la ficha de Carlos Pellicer; abre uno el Diccionario y encuentra la ficha de Aurora Reyes, la poetisa chihuahuense de colosal fuerza centrifugada en su palabra poética-política, y quien además fuera la primera muralista mexicana, librando contra el fascismo, que ya desde aquel entonces nos amenazaba, aquellos combates de pasadas décadas, mano con mano, hombro con hombro, junto con sus hermanos de tiempo y de pasiones, Diego, Siqueiros, Clemente, Fermín Revueltas…
Lo que quise aquí fue referirme a las sumas que nos da Ocampo, y como más por más da mucho más, estamos en el regocijo de la cosecha, en la multiplicación de la tinta que nos propone, desde la acumulación de nueve tomos, en los que laten los datos logrados en acopio de investigadora pasión, sin discriminaciones de ninguna naturaleza, sólo asentando el peso de realidades comprobables.
¿Esto es un texto de reconocimiento? Sólo sé que la obra de Aurora M. Ocampo merece más, mucho más que esto. Y como para intentar el logro de la mayor eficacia posible me propuse ser breve, entonces, para concluir, éstas son las sumas con las que hago mi reconocimiento, para ello, quiero tomar una frase del poeta Enrique González Rojo, con la que decidió darle nombre al proyecto de toda su obra poética; se la pedimos prestada por un momento para decir que el trabajo de Aurora M. Ocampo y sus colaboradores es un gran empeño que le agradeceremos permanentemente, un empeño realizado Para deletrear el Infinito.
El pasado 18 de enero celebramos en Cuernavaca (en la bella e inmortal Cuernavaca) los 84 años de la doctora Aurora M. Ocampo y contando.