REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 09 | 2020
   

Confabulario

Nuevos Brevicuentos


Roberto Bañuelas

LA FUERZA DEL DESTINO
Los caballos, concentrados en el motor de ocho cilindros, se desbocaron al sentir la recta prolongada de la carretera y Ambrosio, conductor nostálgico de auto prestado, no pudo controlarlos. Asido con desesperación al volante forrado de piel, visualizó en un instante la mitad del accidente que le costó la vida a su amiga Elisa.

Además del fallo de los frenos y de la crueldad del destino, el juez ya dictó sentencia.

¡ESTO ES EL FIN DEL MUNDO!

Era el caos de la desesperación y la organización de la angustia. El hombre común, el que forma y da vida a la masa de empleados, al ejército pacífico del proletariado y la materia prima de la carne de cañón ya había agotado las maldiciones, las denuncias, las manifestaciones de protesta y el recurso de invocar la ley en un Estado de Derecho que había prometido la Justicia y otras abstracciones que ahora estallaban a cualquier hora en bombas olvidadas en la bolsa de las compras o en algún regalo enviado a los representantes de la delincuencia en el poder que habían hablado de revolución triunfante y de conquistas del mañana mientras el presente perdía la paciencia y de las religiones se usaban, como proclamas recién nacidas, los anatemas y las profecías de venganza y de castigo.

SOLITARIA

En la gran feria, fascinante por sus prodigios y difusa por abigarrada, fuimos pocos los curiosos afortunados en conocer la pieza más valiosa, casi escondida en la más modesta de las carpas. Ahí, en estuche-prisión de cristal tallado se exhibía, diminuta y reluciente, LA EXCEPCIÓN DE LA REGLA.

RONDA DE SICARIOS

Sabía que despierto podría luchar contra los enemigos -desconocidos o disfrazados- que en sueños lo perseguían en la cita puntual de cada noche, los cuales emergían del fondo oscuro de una calle abandonada de durmientes protegidos con puertas de doble aldaba, llegaban hasta el farol de la esquina y ahí hacían brillar la impaciencia de sus puñales. Otras veces, de camino obligado a casa, era atacado por una pandilla capitaneada por un contrahecho con gafas trifocales que, sin mirarle de frente, daba una señal para que todos vociferaran su repertorio de maldiciones que escupían en forma de saurios irritados.

Durante la última pesadilla, a pesar de la debilidad dolorosa de sus piernas, intentó cruzar una gran avenida, pero cientos de automóviles (sin distinción de marcas o modelos) se arrojaban contra él en representación de sus infames perseguidores. En un esfuerzo nutrido de pavor, saltó para esquivar la embestida de un coche nuevo pagado a plazos y, para no escapar a una desgracia establecida por el destino, fue atropellado por un destartalado V.W. al que, según dijo el estudiante de canto que lo conducía, le fallaron los frenos. Oyó voces y pensó, atrapado todavía en el sueño, que los curiosos se acercaban para ver al herido que se convulsionaba. Gimiendo de dolor, en la soledad formada por la lejanía de amigos y parientes, abrió los ojos y reconoció, a pesar de las máscaras y de las voces fingidas, a los enemigos que se integraban a la vida diaria de abyectas simulaciones.

INTERCAMBIO DE ESLABONES

Cuando el hombre (el más inteligente y voraz de los depredadores) estaba acabando con las selvas, los monos (sus más resignados parientes) optaron por emigrar hacia las ciudades más cercanas a los restos de su hábitat. Transcurridos algunos años de penosa adaptación y lento aprendizaje, muchos de los inmigrantes adquirieron, en grupos diferenciados, actitudes de vanidad, sometimiento servil, elegancia afectada, simulación circunstancial, pragmatismio cínico y mal uso del poder.

EL CAZADOR FURTIVO

Tenemos un amigo, detective de profesión, que no deja de ejercer su oficio a ninguna hora. Nos ha confesado que sufre de pesadillas, pero que éstas le han dado la clave de la solución de muchos casos difíciles a los que algunos colegas, desesperados por el hecho inevitable de parecer ineptos de vocación, habían renunciado a encontrar la causa, el lugar y el culpable. Su charla, especie de biografía testimonial, resulta más amena que muchas novelas del género policíaco; pero nos disgusta que mientras fuma su pipa o sorbe el café que le invitamos, no deja de escrutar con la mirada el lugar en que podría quedar escondida el arma homicida que algún día, por amarga fatalidad, usaríamos mi mujer o yo. Y nos molesta su actitud por muchas razones: somos un matrimonio armónico, tanto racional como sexualmente; nunca provocamos una discusión con temas de religión, política o arte moderno, y, sobre todo, ambos creemos en algunos beneficios del divorcio.

LOS VIAJES DE LA VIRTUD

Después de haber sembrado la represión y las variantes del temor al pecado, a lo largo de una gira de conferencias, el moralista profesional regreseó a su casa de solterón apócrifo, morada y laboratorio para la elaboración continua de virtudes obsoletas y rentables.

Antes de proyectar los temas e itinerarios para la siguiente gira, acostumbraba colocar en el reino de este mundo el descanso y los placeres necesarios: situado entre la fuga y la contemplación de una ambigüedad flotante, optaba por recorrer el campo internacional y apátrida de la masturbación ilustrada.

EXCELENTE SERVICIO

Después de terminada la fiesta -en las orillas de un turbio amanecer- nos quedó la inmensa tarea de limpiar la casa y de dar sepultura a un desconocido que encontramos debajo de la mesa de billar.

CUÑADA IMPOSIBLE

-Yo no sé si tu hermana es virgen o no; pero lo que a mí me tiene cansado es que se pasa los días creyéndose lo que no es. Si está viviendo con nosotros, digo yo, que haga lo posible por llevar una vida normal, que trate de entender a la gente de aquí y que no gaste las benditas horas del día en estarse quejando como una solterona amargada y reseca. Aunque el pueblo es chico y aquí las muchachas se casan o se van antes de cumplir los veinte, Celia no ha cumplido ni los veinticinco y puede encontrar marido aquí o en el otro lado: no ha de faltar un gringo o un chicano que se entusiasme con ella. A tiempo yo le aclaré que con esas ínfulas que se da, en aquellos tiempos, no hubiera aceptado al Señor San José porque era el carpintero del barrio. Yo digo que la pobre no sabe lo que quiere o no se entiende a sí misma… Lo que la tiene con ese carácter tan agrio es que el año pasado despreció a Victor porque una vez lo vio pasar en bicicleta con los pantalones arremangados y se burló de él porque no tenía bellos en las piernas. Y ya ves lo qué ha pasado: lampiño y todo, se casó con la hija de don Lorenzo y ya está compartiendo con el suegro las ganancias que deja la farmacia… Pero no llores, Rosario; todo lo que te he dicho es para ayudarte con tu hermnana y que la aconsejes bien porque si no… Chin, ahora me toca contigo… Bueno, ya cálmate y vamonos al cine a ver la nueva del 007.

REINO LEJANO

Antes de proseguir su camino, cuando se vio rodeado de tantos imbéciles que no habían comprendido ninguna de sus parábolas, proclamó con voz tonante: “EN VERDAD OS DIGO QUE MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO”.

ESPEJO INTERIOR

Ese hombre que lee poesía para eludir el retorno a otro sueño incumplido, es tu esposo. Sin embargo, lo sientes más lejano que al joven que se quedó en el otro país con el recuerdo de tu amor. Tú paraste el juego, sabia y fríamente, cuando te presentaron a este hombre que no acabas de conocer. Estás habitada de recuerdos y de frustraciones. Esta casa, con sus lujos y el ceremonial que te rodea, no logra cancelar la prolongación dolorosa de aquella hora de júbilo en la playa cuando quisiste detener el tiempo de tu dicha, junto al mar sonoro y la tarde que todo lo cubría con su luz dorada. La tibieza que hay en esta sala te trae un reflejo de aquel verano. “¿Deseas algo, querida?” Agradeces y sonríes, tomas el primer sorbo de la copa de coñac y te estremeces ante la velocidad del viaje que has realizado de aquel pasado a este presente. Caminas hacia el ventanal y sientes tristeza al contemplar la nieve que cubre los campos como si la vida fuera a quedarse congelada para siempre.

NATURALEZA Y FICCIÓN

Tú llegaste hasta la puerta de su habitación, agradecido y exaltado porque acababas de conocer a la niña que nació esa tarde; las lágrimas brotaban fácilmente de tus ojos maravillados, pero sin que el nudo de tu garganta se deshiciera para expresar tu felicidad. Entraste y te pareció prudente, o de buen gusto, o repitiendo la escena de una película en la que tú te habías sentido el más solitario de los espectadores, arrodillarte y llorar al borde de su cama mientras ella te acariciaba los cabellos. Pudiste hablar para preguntarle cómo estaba y ella, con una sonrisa casi profesional, te contestó que muy bien, que esa primera experiencia sería la última y que muy pronto podría volver a bailar y cantar en los centros nocturnos con las luces los triunfos fama relaciones admiradores invitaciones fotografías revistas de obras son amores en viajes coches homenajes residuos de la anestesia…. Pero de la niña, con la turbación de padre primerizo, tú hiciste todos los comentarios.


* Del libro inédito Los inquilinos de la Torre de Babel.