REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

La miseria: generadora de la violencia


Jorge Herrera Velasco

Hay que reconocer que en México hay muchas cosas buenas y bonitas, aunque ya pocas veces baratas. Se podrían enumerar una buena cantidad de cosas agradables o muy agradables, incluyendo algunas debidas a las decisiones de los gobiernos, pero definitivamente eso no es el objetivo de este artículo. Sí lo es el mencionar, evidenciar y denunciar algunas de las situaciones y vivencias más desagradables que sufren, como víctimas, muchos mexicanos. Se trata de quien recibe una agresión física o moral, de quien tiene una pérdida patrimonial, de quien es afectado en la salud propia o la de sus seres queridos, o padece la muerte de uno o varios de ellos. Y también se alude a quien, no siendo una víctima directa de lo anterior, sí lo es de sufrir el estado de ansiedad que causa el vivir en un entorno de inseguridad y violencia como el que rige en una gran parte del territorio nacional. Muchas cosas disfrutamos quienes vivimos aquí, cosas que quizá sólo en caso de perderlas llegamos a conocer el valor que tenían, a veces enorme, a veces vital.
Es importante no acostumbrarse pasivamente a sobrellevar tal estado de malestar, y expresar al menos la inconformidad con tan lastimosa y pertinaz situación de inseguridad, corrupción e impunidad a la que se ha llegado. Mientras mayor sea el número de voces que denuncien los hechos que lastiman y degradan a la sociedad, se tendrán más posibilidades de tomar conciencia de la grave problemática que se vive en México, y con ella se dará un paso hacia la acción que induzca a salir del estado de postración e indefensión en que se hallan la mayoría de los mexicanos y, quienes no siéndolo, optaron por vivir en nuestro país. Este artículo es básicamente una delación ante tantos crímenes e injusticias que perpetran, no sólo los delincuentes comunes, sino también no pocos gobernantes y funcionarios, quienes han sido parte esencial en la construcción de la estructura nacional de corrupción e impunidad que nos abate por su ilegalidad y también por la falta de ética que con frecuencia ha sido arropada por leyes y normatividades que privilegian a las elites políticas y económicas.
Quien no ha sufrido un ataque a su integridad o a la de su familia ha corrido con mucha suerte, pero eso no lo excluye de estar en riesgo y de resultar afectado anímicamente al enterarse de lo que sucede a millones de compatriotas. Ha ido agrandándose la extensión del territorio nacional en donde campea la violencia, y ésta ha ido aumentando el grado de crueldad; de seguir ganando terreno la zona dominada por el crimen organizado no es difícil imaginar que llegará a cubrir enteramente al país. Si la sociedad –toda– no cobra conciencia ya de este terrible futuro al que nos estamos encaminando, y actúa en consecuencia expresándose contra los malos gobernantes que participan o toleran la corrupción y la impunidad, será casi irremediable llegar a la total descomposición del tejido social. Es irresponsable permanecer indiferente ante tan lúgubre perspectiva.
El alcance que puede tener este artículo es limitado en cuanto al número de lectores, pero de cualquier modo podrá sembrar algunas semillas de inquietud que a su vez germinen y posibiliten la toma de conciencia de nuestra lamentable situación a un mayor número de personas.
Cabe mencionar el poema del alemán Martin Niemöller –también atribuido a Bertolt Brecht–, un pastor protestante que estuvo encarcelado por el gobierno de Hitler de 1937 a 1945. 'Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista / Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío / Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista / Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante / Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada'. No sería difícil, en el caso de México, redactar un texto equivalente mencionando los estados de la República que en los últimos años han sido violentados. Podría ser: “Primero fue Chihuahua y no dije nada porque yo vivo lejos de allí, después fue Tamaulipas y no dije nada porque yo no vivo en ese estado, después fue Michoacán y no dije nada porque vivo en la Capital, después…” También se podría ir aludiendo a los grupos sociales que han sido atacados, o también en relación al tipo de crueldades –a veces inauditas– que se han ido incorporando a nuestra cotidianeidad.
Muchos pueblos han sido subyugados por su indolencia y falta de solidaridad; ojalá que ambas todavía se puedan combatir y abatir lo suficiente para no llegar al fondo del desbarrancadero y recuperar un buen nivel de convivencia social.

Como inicio se menciona la nota fechada el 29 de julio de 2013 de la edición digital del diario El Universal, donde se lee: “Entre 2010 y 2012 aumentó la pobreza en el país, al pasar de 52.8 millones a 53.3 millones de personas. Además, 40.7 millones de habitantes son vulnerables y podrían caer en pobreza, ya sea por tener ingresos bajos o por no tener acceso a la educación, salud, vivienda o seguridad social.”
En contraste, en la página de internet de Forbes México fechada el 22 de noviembre de 2013, aparece la nota titulada “Los 35 mexicanos más ricos” escrita el 18 de marzo del mismo año por Forbes Staff, donde se mencionan a los 35 hombres más ricos de nuestro país, cuyas fortunas –en ese tiempo– oscilaban, entre 558 millones de dólares –del más “pobre” de los 35– y 73,000 millones de ya se sabe quién.
¿Cuántas veces es mayor el ingreso del más pobre de los ricos en relación al más rico de los pobres? La cifra no importa, pero sí salta a la vista la insultante inequidad que rige en nuestro país, causada en buena medida por la legislación que favorece la creación de enormes fortunas y lacerantes miserias que matan. Por sabido se calla que también la corrupción y la impunidad apuntalan considerablemente ese proceso discriminatorio económico y social.
Hay muchas maneras de matar: pueden darte un balazo, quitarte el pan, no curarte de una enfermedad, no poder acceder a una vivienda digna, torturarte con un trabajo que esclavice, inducirte al suicidio por falta de una actividad retribuida, ser víctima y no contar con un efectivo sistema de justicia, etcétera. Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado. Claro que el instinto de conservación de quien se siente amenazado de muerte lo impulsa a acabar con tal acoso, y actúa de acuerdo a los valores éticos que lo mueven. Si estos le dictan respetar las vías establecidas por el Estado, su acción no será agresiva hacia los demás; sin embargo, también puede no guiarse por tales vías y buscará su objetivo sin importar los medios que utilice, acción que fácilmente conllevará un deseo de desquite hacia la sociedad –y por ende, del Estado– que lo ha marginado. Es fácil adoptar esta actitud cuando después de repetidos intentos honestos no se logra salir de la miseria. El caso es que, sin negar que para algunos es cómodo, y hasta natural, rechazar la vía legal, muchos, muchísimos, son verdaderamente “lanzados” a delinquir como única salida hacia la sobrevivencia. Además hay que tomar en cuenta que no es cosa de resignarse a simplemente sobrevivir, sino a vivir, y a vivir como se desee; esto para algunos puede significar el gozar de estándares como los que tienen quienes aparecen en la revista Forbes. Entre estos “lanzados” es frecuente que haya individuos dispuestos a perder la vida –y muchos la pierden– en su intento de lograr lo que se propongan, lo que implica también que estén decididos a pasar sobre quien les estorbe en su propósito. Obviamente que esto es un riesgo, pero no tan grande si se toma en cuenta que hay pocas posibilidades de que la víctima, si es que sale con vida, formule una denuncia ante las autoridades competentes, por desconfianza a éstas y a quienes se ocupan de los procesos judiciales, e incluso al sistema carcelario. Todo esto queda consignado en la página digital de El Sol de Sinaloa del 8 de octubre de 2011, en cuyo artículo titulado “Crece la impunidad en México; sólo se castiga el 2% de delitos”; en el texto se comenta la presentación del libro Justicia inútil, de Bibiana Delsasso y Jorge Fernández. Un fragmento dice: “De 22 millones de delitos que se cometieron en el 2010, sólo el 10 por ciento se denunció, pero sólo el 2 por ciento causó el encarcelamiento de los presuntos responsables pero también más de ochocientos de esos acusados se fugaron de las cárceles.” Realmente es desolador el panorama de vulnerabilidad e indefensión que se vive ante la impunidad que rige en nuestro país.
No está lejos de la realidad considerar que la raíz de la mayoría de los problemas de inseguridad que vivimos en México se originan por la situación de miseria de millones de mexicanos, situación muy relacionada con el abuso y el despilfarro de los dineros públicos, cuya práctica es patente de parte de muchos funcionarios y gobernantes, quienes salen indemnes pues un sistema de complicidades los cobija. Uno de tantos abusos “legales” que es práctica común en los tres poderes del Estado se realiza gracias a las facultades que les otorga la ley a los cuerpos de legisladores, magistrados y funcionarios de ciertos organismos, entre las cuales se incluye el privilegio de poder asignarse a sí mismos el monto de sus ingresos Además de los sueldos están los bonos, seguros, comisiones, viáticos, aguinaldos y otros emolumentos que con frecuencia suman más que los mismos sueldos, y qué decir de las jugosísimas jubilaciones que disfrutan. La elite del sector público se apoya en eficaces medios “legales” para disponer de los dineros del erario sin quebrantar las leyes. Esto, a pesar del contrasentido, bien podría llamarse “corrupción legal”, y es legal porque no hay motivos jurídicos para enjuiciar a nadie.
Noticias como la que apareció el 25 de noviembre de 2013 en la página digital de la revista Proceso, firmada por Jesusa Cervantes, son una auténtica burla a los mexicanos. Se informa: “La Cámara de Diputados hará un pronunciamiento en contra por los altos aguinaldos que recibirán funcionarios federales, entre ellos los propios diputados y senadores integrantes del Congreso de la Unión. Eso sí: no pasará de pronunciamiento y no está planeado que tomen ninguna acción al respecto. Después de que el diario Reforma revelara que el gobernador del Banco de México (Banxico), Agustín Carstens, recibirá un aguinaldo de 886 mil 910 pesos y los subgobernadores 841 mil 347, la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados aceptó discutir el tema en la sesión de mañana martes”. Estos descomunales aguinaldos son muestra de los innumerables abusos que perpetran las autoridades ¡qué cachetada con “guante negro” para los millones de mexicanos pobres! Y los diputados propinan otra al “pronunciarse” contra los altos aguinaldos, pero por lo visto sin actuar en consecuencia. En términos muy mexicanos se dice “les vale madres”; desde luego no piensan salir de su cómoda posición de privilegio, de su jugoso “hueso”.
Cabe recordar lo que se publicó el 18 de agosto de 2009 en la edición digital del diario El Universal, en relación al manejo de los dineros públicos que hacen algunos –¿serán pocos, serán muchos?– legisladores. La nota se titula “Diputado panista devuelve 1 millón de pesos de ahorros”. Se informa que el diputado Gerardo Priego Tapia regresó el dinero que le sobró de su trabajo legislativo por concepto de boletos de avión durante los tres años que fue legislador. Pregunta: ¿A cuánto ascenderá la cantidad que un diputado recibe para viáticos de viaje, si el simple sobrante es de más de un millón de pesos? ¡Qué manga ancha de la normatividad que rige en la Cámara de Diputados para disponer con tal largueza de los recursos públicos! Para que este hecho constituya una noticia –que mucho se comentó en ese tiempo–, no es difícil concluir que se trató de un caso insólito. Y al día siguiente, el 19 de agosto del mismo año, en el diario La Jornada salió el siguiente episodio de este asunto con este titular “Cada diputado recibió $820 mil por ‘remanentes’ de sus viajes”. El legislador panista denuncia el manejo irregular de esos recursos que ya habían sido pagados por concepto de boletos de avión. Asegura que él ya devolvió el dinero a la instancia correspondiente. ¿Y qué hicieron y siguen haciendo la mayoría de los legisladores?
Por otro lado, la elite del sector privado ha tenido tanto éxito que cuenta con decenas de multimillonarios. Sin negar que existan en nuestro país empresarios muy capaces y honestos, no sería posible que acumularan tan enormes fortunas si no disfrutaran de los grandes privilegios que les han otorgado los gobernantes durante décadas. Tales privilegios también están dentro de la normatividad existente, o sea que todo eso es “legal” –lo ilegal, que también puede existir, está en otro costal–. Además de las jugosísimas concesiones monopólicas, la elite del sector privado ha disfrutado de regímenes tributarios que se acercan mucho a la exención del pago de impuestos. En el portal de internet de Plumas Libres, en nota de Gisela Uscanga, se dio a conocer el 30 de septiembre de 2013 una relación de 40 empresas que por años han arrastrado adeudos al fisco, adeudos que han llegado a sumar 214,665 millones de pesos. Dichos adeudos siguen creciendo y se añejan, a veces tanto, que parece que apestan, de modo que ha sucedido que el Servicio de Administración Tributaria ya no quiere saber de ellos y prefiere condonarlos, como es el caso que se publicó en el portal de Aristégui Noticias que se tituló “Congreso avaló la ley que condona impuestos a Televisa: SAT”. En el artículo se dice: “Aristóteles Núñez, titular del Servicio de Administración Tributaria, aseguró que la condonación de 3 mil millones de pesos de impuestos a Televisa, fue legal, lo determinó el Congreso y explicó que cualquier contribuyente puede acogerse a la figura del programa ‘Ponte al corriente’”. O sea: todo es “legal”, y desde luego que también es una manera “legal” de mejorar la posición en el ranking de la revista Forbes.
El régimen de gobierno que hemos vivido en los últimos lustros ha propiciado que actualmente en México haya más de 53 millones de pobres y que la riqueza del país se haya concentrado en un reducido número de multimillonarios. Por otro lado, la inseguridad y la violencia han llegado a niveles inimaginables que han dejado muchos miles de muertos entre nuestra gente. Obviamente la relación entre estos factores no es casual; podría formularse en términos matemáticos: “la violencia y la inseguridad son directamente proporcionales a la miseria”.
Las elites políticas y económicas han conformado un país a la medida de sus privilegios, sin importar que se haya llegado a un estado de grave insatisfacción para las mayorías. Se puede preguntar hasta dónde podríamos llegar, pero ya sabemos bien hasta dónde hemos caído; por lo visto las elites siguen ciegas y apostando a que podrán seguir medrando abusivamente. Claro que para los poderosos es fácil tener cada vez más escoltas de seguridad, proteger sus casas con cercados electrificados, ahuyentar sospechosos con perros de ataque, etcétera. Por lo visto, prefieren esto a atacar las raíces de la violencia de la que tanto temen ser víctimas, violencia que empeora día a día y que cada vez llega a más y más mexicanos de cualquier estrato socioeconómico.