REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 11 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Querido compañero poeta: Roberto López Moreno


Marco Fonz

Querido compañero poeta:
Poeta, le escribo estas palabras como si continuáramos la conversación que hace años comenzó y que afortunadamente no ha dejado de fluir, tanto en verso, en prosa, en la vida diaria; y aún escrita en las lejanías cercanas que tiene todo viaje. Todo viaje es una experimentación interna y externa, no hay desperdicio en la escritura que busca, y tú has sido un buscador incansable de lenguajes y formas.

No recuerdo bien cuándo fue que nos conocimos, ¿lo recuerdas tú? Y si no lo recordamos será porque constantemente nos reconocemos en el ir y venir de la poesía. ¿Fue en Chiapas o en la ciudad de México? ¿Estábamos en la presentación de algún libro o en alguna reunión de poetas? Tal vez ese calor de la ciudad de Tuxtla y ese olor tan particular que tiene ese punto del estado chiapaneco me trae algo a la memoria y me dice que fue en un museo, en un encuentro de poetas y que tampoco recuerdo el año.
Pero ¿no es natural que el que se conoce con conocimiento de tiempos espaciales, al final de cuentas se ha conocido tanto como se irá conociendo en los futuros del hoy? Toda relación entre poetas es un conocerse renovado e infinito.
Por eso celebrar ser parte, de alguna forma modesta, de tu memoria escrita y tus recuerdos de vida, me sitúan en el gran gozo creativo; y en celebrar junto con amigos y lectores, el homenaje que hoy nos reúne.
Homenaje bien merecido y bien ganado por tus más de cincuenta libros publicados. ¡Vaya que eres un hombre de letras y de palabra!
Sabemos querido amigo que los homenajes pueden ser de bronce en el sueño del aire y que es el celebrar la reunión del poeta con su obra lo que más deberíamos de acompañar. Pero siempre es bello para la lágrima del tiempo, que la sonrisa se vuelva líquida y el aplauso alma, para seguir alimentando la tierna tradición del poema.
Te contaré querido poeta que desde antes de conocerte ya te leía o más bien leía entre tus versos tus trabajos y tus días, tus urdimbres e hilos escogidos entre los colores de las letras, entre el cielo del colibrí y la tierra de la iguana y leía lo profundo que es y debe ser la construcción de un poeta.
Te has construido a ti mismo poeta. Y compartes ese descubrimientos de ti y de tu ser, y lo prodigas para que otros sedientos vayamos a beber de tu fuente vital y lúdica.
Tu obra, monumental en volumen, verosímil y verdadera en la acción de la poesía, permite acompañar entre tus versos gran parte de la historia de la poesía mexicana.
Si es justo podemos decir como ya otros lo dirán que has incursionado en casi todos los géneros de la literatura.
Cuando entré a tu obra, creí felizmente ser un afortunado, por fin conocía a un escritor como aquellos escritores nacidos y formados en el siglo XIX. Escritores que no tenían ningún miedo a la vida. Escritores que se lanzaban directo y a pleno vuelo a VIVIR, y esto con mayúscula. Un escritor vivo y con un destino maravilloso de construcción de su persona en carne y hueso, en vísceras y sangre, en sueño y verso.
Así, al ritmo de un bongó, de un danzón, de un canto negro, nos cantabas sobre la noche y sus misterios, sobre el manco que arde loco en su genio, sobre los murales en movimiento de tus poemurales, sobre los trópicos y las ciudades sobre négridas y su enigma. Si fueran justas las comparaciones, Saint-John Perse dialogaría con tu obra en un jardín bíblico y con danza de las llamas de la creación primera.
En este punto no se podría considerar que pasas desapercibido en el ámbito de la poesía mexicana. Por el contrario, tu obra y tu nombre son referencia obligada para quien quiera ver en práctica todas las formas del verso, desde los versos más clásicos hasta la experimentación matemática, musical, casi un noise, y la práctica de un idioma personal y espacial que claramente se puede identificar con un estilo propio y particular y que podemos decir con seguridad que fue escrito por López Moreno.
Desde mi más revoltoso comienzo de poeta en la tierra de los poetas, tu verso siempre ha sido una compañía de emociones. Aunque algunos amigos en Chiapas te mencionaban como el bongosero de la poesía, como si marcar el ritmo de esa forma fuera algo malo o de risa. Yo por supuesto me reía de ellos y salía feliz con mi libro de Roberto López Moreno.
Sabes también mi querido poeta que te debo varios apoyos en la vida diaria, que gracias a ti conseguí casa y nada menos que la casa-estudio del pintor José Hernández Delgadillo. Una tarde en el café de Coyoacán, platicábamos y me presentaste con la hija de Hernández Delgadillo, quien con gusto y con la confianza de ser tu amigo, ofreció la casa-estudio de su papá y así fui a dar a vivir unos meses al Ajusco medio.
Comprobando en esa ocasión y otras tantas veces, que tu palabra está unida con tus acciones y que eso en un poeta se agradece y se comparte hasta el grado de saber que eres un humanista de hueso colorado.
Así mi querido poeta tanto en palabra como en acciones has demostrado incansablemente tu ser noble y brillante.
Cuando supe de tu boca la existencia de Juan Bautista Villaseca, primero pensé que era un heterónimo tuyo, pero al ver después las pruebas de la existencia de tal poeta, pues me dediqué a escucharte como un infante atento, todas las anécdotas que Villaseca y tú compartieron en vida como en versos.
Así que mi querido poeta, el homenaje en Chiapas, el homenaje en México, D.F., los homenajes que te hacen en este momento en el Instituto Politécnico Nacional, son producto de tu propia luz.
Luz incansable y reflexiva, luz indicadora que demuestra que el poeta es parte importante de toda respiración humana. Que un poeta como tú, poeta-universo, poeta-demiurgo, poeta-camino místico, tienen tanto, y tanto de todo que lo comparten a manos e imágenes llenas.
Diré un poco aventado por la lejanía, que aún hoy no he podido conseguir un prólogo de tu tinta hacia mis poemas, jajaja, pero espero en algún momento futuro, conseguirlo. Ya que esas palabras escritas por ti hacia algo escrito por mí, tendrían tal vez un destino como el dios Jano. No lo sabremos hasta que en algún momento llegue a escribir algo que te agrade y que pueda contar con tu compañía poética.
Poeta de la tradición de los poetas libres y liberadores de pensamiento, poeta natural como el océano. Un poeta que vibra y hace vibrar cuando canta en sus lecturas de poemas. Me imagino un bardo griego o medieval o vanguardista, o mejor un Poeta, así con mayúscula, invitando con su voz y sus versos a seguir construyendo en sueños todo lo mejor de ambos mundos, el onírico y el humano. Vapor de un barco astral, grito en amable desesperación, carne sagrada en la voz del poeta.
Bueno pues es momento ya de parar mi salutación desde Quito. Sabes que siempre estaré atento a todo lo que se diga, hable, hagas o publiques. Sabes que mi admiración no es hueca y mis palabras no son carrizos. Sabes querido poeta que la conciencia es parte del destino y que son indivisibles.
Que el amigo azar, causante de alguna manera del que yo esté aquí, y los amigos de Metáfora hoja de poesía, que me invitaron para hablar contigo y de ti, me han colocado en una posición existencial que agradezco desde lo más profundo de mi ser hasta los más claros versos de tu poesía.
Así mi querido amigo, mi poeta, mi viajero, me despido por este momento. Pues sé que aunque no esté seguro de cómo te conocí, siempre estaré seguro de que seguiré leyendo tus poemas, historias, cuentos, ensayos y experimentos. Y estaré seguro de que cada vez más personas compartirán tu obra y creación y que seguiremos conversando con obra, palabra y pensamiento.
Recibe pues un gran-gran abrazo desde la poetada vida. Y a seguir celebrando tu obra y tu vida y a seguir escuchando para aprender y quedar prendado de luz y sabiduría.

Gracias.

Quito, Ecuador, 2013