REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

¿El hombre…?


Marcos Winocur

¿Rey de la creación? ¿La especie más evolucionada del planeta? ¿O no pasa de un mono vestido? Por toda respuesta, dirigirse a Sigfrido, el héroe mitológico. Lo encontramos cuando acaba de dar muerte al dragón. Feliz, se baña en el chorro de sangre caliente del dragón, que lo tornará invulnerable, ningún arma podrá herirlo. Feliz, dedica la victoria a la bella Brunilda y mientras escucha el canto de las aves, de un árbol cae una hoja y se fija en su hombro. Sigfrido lo advierte, un movimiento le bastaría para quitarla, no lo hace.
¿Por qué? Tal vez el héroe se prefiere más hombre que dios y decide guardar la imperfección, ese punto vulnerable de su cuerpo. Comete así una suprema locura, y el azar de una hoja caída se convierte en destino. ¿O bien Sigfrido se siente el elegido de los dioses, siendo la hoja la señal y no está en sus manos borrarla? Como fuere, el don de la invulnerabilidad le ha sido dado mas no en completud.
Y doble locura, Sigfrido confiesa el “defecto” a su amada Brunilda, quien, prestando oídos a bajas intrigas y envidias, lo mandará matar para luego suicidarse..
Ah, el hombre, ese tonto dios fallido...

Nota de pie de página. Otra versión sostiene que Sigfrido no advirtió la caída de la fatal hoja. Naturalmente, de ser cierta, daría por tierra con mis reflexiones existenciales. La vía directa para averiguar la verdad fue preguntar al propio héroe. Corrí pues a la Opera y en un entreacto interpelé al Sigfrido wagneriano. Y me contestó:

-Yo siempre lo supe.
Y murmurándome al oído:
-Te diré más, ninguna hoja me cayó, yo mismo la corté del árbol y la puse sobre mi hombro, soy un tramposo.
- Ah, el hombre, ese tonto dios fallido...