REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 01 | 2020
   

Letras, libros y revistas

Líbano, Kismet y Gibrán Kahil Gibrán


Edwin Lugo

La exposición presentada en el Museo Sumaya por la Fundación que patrocina el empresario e ingeniero Carlos Slim con el tema Gibrán Kahil (o Jalil) Gibrán induce a echar una mirada a la república del Líbano, la antigua Fenicia, asiento de las célebres ciudades de Tiro y de Sidón que dio más tarde lugar a la actual Beirut, sede desde entonces de comerciantes, navegantes, aventureros y viajantes por todo el mundo, particularmente por el Mediterráneo; estuvo durante muchos años dominada por los turcos y luego pasó a ser colonia o protectorado francés, cuya pretendida liberalidad atenuó un poco la tiránica ortodoxia del fanatismo otomano.

Ocasionalmente fue también víctima de la intromisión rusa.
Pese a las conflagraciones que han sacudido a la sufrida nación, actualmente debidas en parte a encontrarse limítrofe con Israel, en la primitiva Salda luego Sidón aún se conservan las ruinas de una fortaleza construida por los cruzados en 1228 y también los restos de Balbek, ciudad romana en la que pueden visitarse los milenarios vestigios del templo de Júpiter, cuyas columnas todavía en pie, formaban parte del altar de Baco; así como las murallas del templo de San Gil en el puerto de Trípoli que datan también de la época de las invasiones europeas motivadas por la pretendida liberación de Jerusalem y las consiguientes luchas por el rescate del Santo Sepulcro de manos de los infieles.

La población constituida por árabes y armenios profesa en un cincuenta por ciento el islamismo, mientras la otra parte practica la religión cristiana administrada por la Iglesia Católica Maronita, dando lugar a que en otras épocas, en busca de un equilibrio democrático, el presidente del país fuera cristiano y el primer ministro musulmán.

El país es muy joven, pues la república fue proclamada y reconocida apenas en 1941 y los franceses permanecieron hasta 1946, aunque continuaron interviniendo más tiempo a petición del entonces presidente Chamúb.

Este lejano rincón del planeta conocido en otra época como el Paris del medio oriente fue el designado por el inapelable Kismet (hado, destino, fortuna) para que naciera uno de los más universales ciudadanos del mundo, mitad poeta, mitad filósofo, o por mejor decirlo medio artista y medio intelectual llamado Gibrán Kahil Gibrán quién vio la luz primera el 6 de Enero de l883 en el pueblo de Becharre, -mismo que aún conserva la cripta con sus restos, al norte del Líbano, casi a la sombra de los cedros milenarios.

Su madre fue Kamile Rahme. En 1894 cuando contaba diez años emigró a Boston en compañía de sus hermanos: Pedro, Sultana y Mariana, en tanto que su padre jamás quiso abandonar su pueblo natal.

En 1896 regresó solo a Beirut donde permaneció hasta l903. A los l5 años se matriculó en la Escuela de la Sabiduría Al-Hikmat donde concluyó con honores sus estudios.

A los 17 años dibujó varios retratos de poetas pre-islámicos y escribió la primera versión de su célebre libro El Profeta, que a estas alturas debe haber rebasado el centenar de ediciones y traducciones, viajando después de su graduación por Italia, España y Grecia, hasta estacionarse entre l901 y 1903 en Paris donde estudió pintura, mientras escribía en su lengua materna su libro Espíritus Rebeldes, el cual apenas publicado, se incineró en la plaza pública de Beirut por considerarse altamente peligroso, revolucionario y venenoso para la juventud, lo cual además le valió ser excomulgado por la Iglesia Católica Maronita.

En 1903 regresó a Boston debido a la muerte de su hermano Pedro y de la menor de sus hermanas así como de la grave y fatal enfermedad de su madre, pasando el resto de su vida en compañía de su hermana Mariana.

En ese tiempo aprendió a hablar inglés, lengua en la que más tarde habría de escribir sus exitosos libros.

Entre los años de l903 y l908 escribió otra versión de El Profeta a la vez que presentaba exposiciones con sus dibujos y pinturas, en una de las cuales conoció a la que más tarde sería su hada madrina Mary Elizabeth Hastel, no obstante, al éxito obtenido siguió un devastador incendio que calcinó muchas de sus valiosas obras.

Hacia 1908 regresó a Paris y luego visitó Londres estudiando en la Academia Julián y en la escuela de Beaux Arts.
Entre los años de 1908 y 1910 se relacionó y pintó a varias celebridades lo que le valió acrecentar su prestigio. Regresó a Boston pero decidió establecerse definitivamente en Nueva York donde presentó entre 1910 y 1917 exposiciones en las galerías de Montross y Knoedler de Nueva York y en las de Dolls y Richards en Boston.

Conjuntamente escribe, aún en árabe Lágrimas y Sonrisas, Ninfas del Valle, Las Procesiones, Las Tempestades y Alas Rotas donde hace una bien fundada reflexión sobre la religión y las feudales tradiciones de su país dominado por una moral absurda y caduca derivada del Corán, concluyendo en una dura crítica de la sociedad libanesa no obstante su ferviente nacionalismo y secundando así a otros intelectuales que pugnaban por una liberalización de costumbres acordes con la cultura occidental, destacándose entre ellos a la escritora feminista nacida en Nazareth, May Zaiden.

Alas Rotas es una novela, posiblemente autobiográfica, cuyo canto al amor adolescente, puro y diáfano, no está exento de pasión y se diría hasta de heroísmo, su heroína Salma Karmas huele a jazmines, y está maravillosamente descrita, aunque el patético final de la obra concluye en un doloroso y conmovedor desgarramiento, dando lugar a que el autor afirme que en la vida de todo hombre siempre hay un primer amor que se asoma en la primavera “ y colma con su música el silencio de las noches”, su asunto se hermana con el tema de María del periodista y novelista judío-colombiano Jorge Isaacs y se desarrolla en el mes del Nisan (Abril); en ella el amor desgraciado, socorrido tema de las novelas, aporta colores sorprendentes, resultado del armonioso enjambre de las palabras, la hondura de los mensajes, la profundidad de los pensamientos, en una palabra del linaje del narrador y decidido humanista cuya valiente pluma denuncia la terrible situación de la mujer árabe que desgraciadamente aún perdura en muchos países islámicos, incluyendo Turquía que no obstante estar incrustada dentro del mismo continente europeo y pese a las reformas de Attartuk, persiste ese brutal sometimiento de la mujer ensombreciendo los avances evolutivos y tecnológicos y que a pesar de las exigencias y recomendaciones de todas las naciones civilizadas, desgraciadamente hasta hoy día consigna la prensa como en algunos países asiáticos y africanos retrógrados y fanáticos todavía en nombre de Dios y del Corán se practican las bárbaras lapidaciones a los adúlteros, ordenadas por la intransigencia de los inhumanos talibanes.

Gibrán es ante todo un romántico, así lo reitera otra de sus novelas: Novia de la Pradera publicada en l906, donde reafirma su devoción por la venerada diosa del amor y de la belleza: Isthar, cuya estatua aparece en los templos rodeada de siete vírgenes desnudas en diferentes poses, la primera llevando una antorcha, la segunda una guitarra, la tercera un incensario, la cuarta una jarra de vino, la quinta una rama de rosas, la sexta un manojo de laurel y la séptima un arco y una flecha., así Isis la egipcia, pasa a ser también la griega Afrodita (título de la novela de Pierre Louis) más tarde convertida en la Astarté de medio oriente, para concluir en el “eterno femenino” del que nos habla nuestra insigne chiapaneca Rosario Castellanos.
La Procesión es una reflexión amplia sobre la vida y la inevitable consecuencia de la muerte.

Alas rotas tiene ecos de las novelas del marino francés Pierre Loti autor de Aziyadé y Las Desencantadas, si bien en todas las obras del libanés, campea una bien pulida prosa poética, porque Gibrán es ante todo un poeta.

En Estados Unidos empezó a darse a conocer desde l9l8 con la publicación de El Loco que fue traducido del árabe, cuando aún su autor no dominaba el inglés, por la señorita Haskel, quién además de correctora de estilo fue mecenas del autor.
Cabe señalar que la primera edición de El Profeta llevó l2 ilustraciones del autor y que sólo hasta 1923 se publicó en inglés.

En l926 se publicó Arena y Espuma, delicioso libro que contiene meditaciones y brillantes conceptos del filósofo.
En 1928 apareció Jesús, el Hijo del Hombre, donde si bien no reconoce la divinidad de Cristo, lo califica solamente como un hombre incomparable e irrepetible.

El 10 de Abril de 1931 muere Gibrán en Nueva York a los 48 años, en los tiempos siguientes se publicaron Los Dioses de la Tierra, El Errante y El Jardín del Profeta publicado en 1933 por la poeta y escritora. Bárbara Young que de simple admiradora se convirtió en secretaria, amiga y más tarde biógrafa, y a cuya pluma se debe el libro Este hombre de Líbano, otro de sus biógrafos fue Mikhai el-Naumy, (La Noche Desesperada) en tanto que el crítico Kaim afirmaba que Gibrán es un oriental para el occidente y un occidental para el oriente.

Su obra aunque relativamente corta es rica por su intensidad, saturada de una inusual sabiduría, su orientalismo conlleva reminiscencias de hombre del desierto y de encantador de Las Mil y Una Noches, en sus poemas se asoma el milenario Zaratustra, la aventurera inquietud de William Blake o del polaco Joseph Conrad; en sus versos hay aromas de los cedros de Líbano envueltas en un universalismo al alcance de todos los intelectos; esta accesibilidad le ha concedido la trascendencia y yo diría el universalismo. Es un mago que con el crisol de Aladino transforma todo lo que ve en poesía, su obra es un monumento a la lírica, su vida concordó con lo que escribía, y si bien su larga estancia en los Estados Unidos lo llevó a asimilar la cultura occidental, supo salvaguardar su concepción mística y oriental, del pragmatismo sajón, al igual que su policroma imaginación y exacerbada emotividad. Es reconocible la influencia del simbolismo francés tendencia oscilante entre lo mítico y lo alegórico, eludiendo el realismo y nutriéndose de la leyenda, la fantasía, los sueños, la religión y la filosofía, es decir de lo subjetivo; y al igual que Tagore es ante todo un esotérico.

Gabriela Mistral que lo visitó un par de veces afirmaba que en él había inteligencia penetrante, dulzura infinita, delicadeza y figura indescriptible, la prensa libanesa le dedicó el epitafio: “Ha caído el cedro más hermoso y perfumado del bosque de Dios”.
No le importó morir joven porque creyente en la reencarnación se le oyó decir: ¡Tenemos eternidad!