REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

El complejo arte de narrar de Jean August Strimberg


Edwin Lugo

Independientemente de la pléyade de buenos escritores que nos ha dado Suecia, de los que merecen especial mención: Halmar Söderberg (1869-1941), Pär Lagerkvist (1891-1974), Harry Martinsson (1904-1978), Stig Dagerman (1913-1954), Willy Kirlund (1911-2009), Brigitta Stenberg (1932), Stig Claesson (1928-2008), Torgny Lindren (1938), e Inger Edelfeldt (1956) entre otros, dos nombres sobresalen a cual más importantes: Selma Lagerlöt (1858-1940), autora de El maravilloso viaje de Hils Holgersson y de El Carretero de la Muerte, premio Nobel en l909, y August Strimberg, (l849-l912) que si bien no consiguió la codiciada presea, es considerado hasta nuestros días el más destacado autor de la literatura sueca, no sólo porque su vasta producción literaria abarca todos los géneros: novela, cuento, drama, poesía, ensayo, periodismo, libros de viajes, biografía, tratados de Historia, de Lingüística y de Ciencias Naturales, sino porque su obra representa una renovación que marcó además una época en el desarrollo de la literatura sueca.
Strimberg nació en Estocolmo y fue en su juventud: docente, actor y funcionario de la Real Biblioteca, cargo que le obligó a aprender incluso el chino a fin de poder catalogar debidamente los manuscritos orientales que pertenecían a la ilustre institución, actividad que seguramente debió despertarle la inquietud y el deseo de viajar por diversos países de Europa.
No obstante su vida tortuosa y sumamente accidentada, tanto por sus conflictos existenciales, psicológicos, religiosos, su misoginia, y una enorme captación de múltiples conocimientos en los que se podría enlistar, filosofía, teosofía, esoterismo, ocultismo, historia y conocimiento de las religiones, incluyendo el culto brahmánico, la religión mahometana y todas las variantes cristianas, partiendo de la simiente católica al protestantismo luterano, alimentado por un envidiable conocimiento bíblico, y por lo tanto un dominio absoluto del Antiguo y Nuevo Testamento. Pese también a su militancia infatigable en el periodismo, el escritor, justamente comparado con su homólogo francés Honorato de Balzac, fue a su vez un galeote de las letras, considerado como un connotado novelista y tan prestigiado dramaturgo como su colega noruego Henryk Ibsen, (1828-1906) -el primer auténtico feminista del mundo y autor de Casa de Muñecas, Peer Gynt, Espectros y El Pato Salvaje entre otras-. August legó a la posteridad obras tan impactantes como El Hijo de la Criada, que vio la luz en l886, la cual podríamos situarla como una novela autobiográfica y en la que no obstante la amargura que destila resulta fascinante, tanto por la descripción de los ambientes, como por los contenidos, caracteres de los personajes perfectamente delineados, y mensajes abiertos u ocultos; El Cuarto Rojo novela realizada en 1879 y la cual es una pintura viva de la vida bohemia de la capital sueca, y que sirve además de punto inicial a la era moderna de la literatura del país nórdico; Utopías de la Realidad la cual es una narración que al decir de los estudiosos pertenece a una segunda etapa de la producción del artista y que excepcionalmente posee un tono más bien optimista; Los campesinos de la Isla de Hemsö publicada igualmente en 1879 y cuyo escenario es el archipiélago de la ciudad de Estocolmo en el que vive un grupo de estudiantes; en ella el autor nos traslada virtualmente al friolento entorno geográfico donde convergen tierra y mar en una virtual competencia de maravillas; Inferno, publicada en 1898 de la que nos habremos de ocupar más adelante, y en la que se entremezcla la narración y un diario; El Alegato de un loco, producida en 1872 fehaciente demostración de una extraordinaria penetración psicológica, no sólo del protagonista que podría ser incluso el propio autor sino del personaje femenino quién se desenvuelve en versiones diferentes, noble-plebeya, dama-prostituta, abnegada compañera-difícil esposa, roles en los que materialmente consume a su contraparte masculino, atrapado en las redes de una seducción casi enfermiza; El Inspector Alex Boig, Antibarbarus, La Sonata de los Espectros y El Pelícano obras publicadas a principios del siglo XX en el año de l907.
Con amenidad recrea un libro de viajes El país de los Tártaros y en un documentado ensayo nos detalla la historia de las Relaciones de Suecia con China.
Strimberg se magnifica con su vasta producción teatral, sus dramas históricos como El Maestro Olaf, Gustavo Wasa, Gustavo Adolfo y Carlos III, y los escritos en el período místico-religioso de su vida A Damasco y Semana Santa son piezas magistrales, que al igual que La señorita Julia y El Padre, le han valido un prestigio internacional como comediógrafo traducido a muchos idiomas, aunque en su país natal sea más preferido en su modalidad de novelista.
Dignos son de mención también sus libros de poesía Blancura de Cisne y Juego de Sueño.
Pero si la obra de Strimberg resulta extraordinaria, su personalidad es asombrosa. En ella convergen el genio y la locura, la religiosidad y la blasfemia, el realismo descarnado y la fantasía que se vuelve demasiado real, sus novelas contienen la narración y el diario y su realismo nos lleva a sospechar que son biografías, o por lo menos vivencias de su autor que se han entremezclado con su imaginación, sin que sea posible separar lo que pertenece a la vida real y a la ficción.
Inferno es un claro ejemplo de esa confusión, cuyo antecedente podrá ser la Sefaradita de Balzac. La obra corresponde a un turbulento período en el que el autor rodeado de teósofos, ocultistas, psiquiatras, religiosos, influido a veces por Voltaire, por Swendorf, por Lutero con su corriente protestante, y a la vez por el acendrado catolicismo que presidió su infancia y buena parte de su juventud, nos transmite la demoledora inquietud que asedia al protagonista quien jamás encuentra un verdadero momento de reposo, perdido en ese inmenso dédalo en el que dueño de una deslumbradora sabiduría busca entre los tormentos del insomnio, la miseria, el egoísmo, el orgullo, la avasallante necesidad de afecto y amistad unida al imperioso deseo de estar sólo sufriendo entre la misoginia, sin encontrar el remedio que alivie el mal del espíritu que pretende aliviar con los libros del místico, filósofo y científico sueco Manuel Swedenborg, (1688-1772) creador de una nueva doctrina religiosa que inspiró a su muerte, la creación de la iglesia llamada Nueva Jerusalén, y que poseído de la sincera certidumbre que había sido iluminado por una revelación acerca del verdadero sentido de la Biblia, obtuvo según él, una visión directa del mundo espiritual, volcada en sus libros: Cielo e Infierno, Amor divino y Sabiduría, La Verdadera Religión Cristiana entre otros. Súmese a esta influencia la de la teósofa Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) Fundadora en 1875 de la Sociedad Teosófica de Nueva York y viajera por México, la India y hasta el Tibet donde logró penetrar en 1856, escribiendo las controvertidas obras: La Doctrina Secreta, La voz del Silencio y La Clave de la Teosofía y se tendrá una idea cabal de la terrible confusión en la que deambula en cada momento, el protagonista de Infierno, que puede ser nada menos que el propio Strimberg; quien por si fuera poco ha perdido a su segunda esposa y sólo después de largas peripecias logra ver a su hija a quién educa su suegra. En medio de esa soledad, apenas mitigada por cierto éxito literario, el personaje apenas consigue sobrevivir enajenado además por las teorías múltiples que se difundieron en ese período crucial de la humanidad donde se asomaron además las primeras manifestaciones, algunas con carácter pseudo-científico del espiritismo propagado por Alan Kardec, el hipnotismo difundido por el Dr. Charcot y el coronel Rochas, los revolucionarios libros de Ouspensky y Gurdieff y los primeros experimentos de Freud.
Inferno es una obra cuyo sabor amargo nos conduce a concluir la inútil búsqueda de la verdad, la que nos puede traer consigo el sosiego y la verdadera tranquilidad espiritual; y que inútilmente muchos buscan en las contradictorias conclusiones humanas; y que para los auténticos cristianos está al alcance, resumida en las palabras del Divino Maestro: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.