REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

La isla del toro


José Juárez

En este lugar paradisiaco único en el altiplano, que fuera bastión de agua y fuente alimenticia para los aztecas, existe una isla llamada del Toro, en el lago de Xochimilco. Aquí aún se escuchan desde las primeras horas de la mañana las notas musicales. A medida que vamos avanzando en la trajinera, se oye la vocalización de las aves: el cenzontle con sus mil voces despierta al resto de los pájaros, y de tanto en tanto escuchamos el vuelo de las gallaretas, las que se elevan para cambiar de sitio o las que planean, posesionándose con delicadeza en las márgenes de los canales y apantles. Hay infinidad de gallaretas, que constituyen la mayor población, pero también las hay cuyo nombre común varían: como aves acuáticas de la familia Rallidae. Todas las especies del género Fulica, —Gallinula chloropus— nombre común de la gallareta pico rojo o polla de agua, las que habitan esta zona y otras más que han emigrado, pero que la gente mayor vio antes de que se fueran poblando las chinampas con los agricultores que viven, hoy en día, de las hortalizas y del turismo.
El conductor de la trajinera en que viajaba me contó que hace muchos años las había nadadoras como los patos canadienses y pequineses, los gansos impulsados por las patas, ―no así las gaviotas― como los porrones buceadores, pardelas, cormoranes fochas, pretreles buceadores, mirlos acuáticos, alcatraces, cisnes, cigüeñas, flamencos y águilas pescadoras. Además de pájaros cantores que pertenecen a los fringílidos: son estos pájaros conirrostros como el gorrión y el jilguero.
Las trajineras viajan a una velocidad imperceptible con el ir y venir del conductor apoyado por una pértiga de cinco metros de largo; en algunos canales se acercan varias trajineras que ofrecen sus servicios de música o la venta de comida, flores y recuerdos a los pasajeros de otras embarcaciones. Este tipo de transporte se utilizó durante la primera mitad del siglo XX para el comercio entre el lago de Xochimilco y la ciudad de México y se mantuvo por medio del Canal Nacional que, inaugurado en 1877, permitía el paso desde la garita de La Viga en la ciudad de México pasando por Mexicalzingo.
Mientras viajaba en la trajinera cuyo nombre era Ileana, la cual estaba adornada con un arco floral, que resaltaba al frente del techo, embellecido con flores de diversos colores y tamaños, ella se reflejaba sobre el agua con todos los matices propios, deslizándose suavemente en un silencio sepulcral. El arco es una remembranza de los grandes adornos que se hacían en la antigüedad, que eran hechas por artesanos especializados, los mismos que aun hacen los pórticos floridos para las fiestas patronales tales como la del Niño-Pan, usando una estructura de barras y un relleno de tule que resaltaba. Me contaba el conductor de la trajinera que las embarcaciones antes del desecamiento se hacían trajineras por todas las poblaciones ribereñas pero al quedar solo el lago de Xochimilco los pueblos y barrios de la zona se especializaron en la construcción de diferentes tipos de embarcación, por ejemplo el Jumbillos o tulillos se elaboraban en la zona serrana de Xochimilco en el pueblo de Momozco hoy en la delegación Milpa Alta. Estas embarcaciones se usaron extensamente para el transporte no sólo de Xochimilco sino de todos los pueblos originarios de la cuenca del Valle de México, como Tacubaya, Tlalpan, Iztapalapa, Coyoacán, Azcapotzalco, Texcoco, Cuautitlán, Ecatepec, Zumpango, etc. Muchos de los cuales por la pérdida de los lagos de la cuenca hoy son difícilmente relacionados con un pueblo lacustre.
Al llegar a la Laguna del Toro en cuyo centro estaba un islote con el mismo nombre de aquel espacio abierto, en el que confluían diversos canales y apantles.
En ese momento se llevaba a cabo una fiesta en tal isla, con jóvenes entre los quince y los veinte años ―hay varones y mujeres― la música y el baile resonaba como un tam-tam en la jungla solitaria de la Delegación Xochimilco. De pronto vi que en el borde poniente de la isla una jovencita de escasos dieciséis años manoteaba y forcejeaba con un muchacho un poco mayor que ella. La niña después de defenderse por algunos minutos cayó al agua y no la volvimos a ver, no sé si buscó un acceso por un lugar más cómodo para subir al islote o se la tragaron las raíces del lirio o el lodo del fondo de la laguna; mientras tanto el resto de los demás jóvenes ebrios de alcohol y de frenesí no se percataron del accidente y de la agresividad a su compañerita.
―Cuando pregunté a mi guía, él me dijo eso suele suceder con frecuencia, cuando por negligencia los padres no cuidan ni corrigen a sus hijos.
―¿Y qué va a pasar con esa niña?
―¡No se preocupe señor, ya la buscarán sus padres, si es que tiene!... Si usted quiere venga un sábado por la noche cuando haya lunadas en esa isla y le mostraré cómo se comportan esos jovencitos. Si quiere déjese venir el próximo sábado, yo lo invito a una de esos reventones, tengo apalabrada una fiesta con el hijo del señor Aguilar, uno de los caciques de Xochimilco. Si se anima búsqueme en el Embarcadero Celada. Xochimilco tiene otra cara, otro lado oculto, que pocos conocen y que de vez en cuando pasan desapercibidos por las autoridades, porque nadie se quiere meter en problemas. En cada uno de estos lugares hay cosas que nos sorprenden y apaciguan nuestra imaginación y hasta nuestras debilidades carnales; desde sus museos, los canales, las chinampas y su riqueza natural, las tradiciones que prevalecen y hacen que una visita a Xochimilco sea una exaltación a nuestros sentidos.
―¡Pero que descuido de las autoridades, no es posible que esa situación empañe esta parte encantadora que prevalece dentro de la capital mexicana!...
Finalmente pasadas algunas semanas, me entró la curiosidad de presentarme con el “Chindo1” como le apodaban al canoero que me condujo por los canales de Xochimilco, era un sábado como a las veinte horas de la noche. En el embarcadero Celada había mucho ambiente, todos los faroles encendidos daba la impresión de estar a mediodía. Pregunté por el Chindo y otro canoero le gritó entre las oscuras trajineras varadas y ordenadas como un pelotón de floridas trajineras, formadas en innumerables filas. Él salió abrochándose la bragueta del pantalón y acomodándose las gorra que traía puesta.
―¿Quién es preguntó a sus compañeros que pacientes esperan clientes sentados sobre las escaleras?
―¡Soy su cliente! Le grité desde arriba de las escaleras. ¿Ya se acordó de mí?...
―¡Claro patroncito!, ¿quiere ir a una de esas lunadas que le platiqué?
―Por supuesto Chindo, pero hoy sí vengo decidido a participar en uno de esos reventones que me platicó; pero vengo con dos amigos míos.
―Do-not problems! Así será más fácil introducirnos a la fiesta… Hoy hay un “huateque” de chavos universitarios, esos ya saben a lo que le tiran.
―Después de abrirnos paso entre la multitud de trajineras, salimos del embarcadero Celada, mientras mis amigos y yo platicábamos y echábamos unos tragos a pico de botella, mientras uno de mis amigos cantaba el Cielito Lindo tocando su guitarra para amenizar el viaje a la Isla del Toro; saben esta canción que tantos autores se la adjudican es de un compositor de Tuyehualco que se llama Quirino Fidelino Mendoza y Cortés. Poco a poco nos fuimos metiendo por los pequeños canales llenos de cipreses; dimos una vuelta para llegar por el oriente de la isla. Al desembarcar nos recibió el “comité d'accueil” y de inmediato comenzamos a relacionarnos con el grupo de muchachos y muchachas que bailaban al compás de un conjunto de música “guapachosa”.
Uno de los organizadores me decía: ―“Maestro qué bueno que vino, venga para que le presente una chava que seguramente lo disfrutará; con ella no hay fijón. También les presentaré unas chavas para sus amigos, para que no le vayan a jalar el pescuezo al pato. ¡Ja,ja,ja,ja!…
―Seguramente él me confundió con algún maestro por mi edad, y calculó o intuyó, que yo, ya no me cocía al primer hervor.
Mis amigos cada vez más se sorprendían del léxico parroquial de Juan el organizador. Pero ellos se divertían al igual que yo al son de la Guantanamera. Tres horas después, el Chindo me dice al oído: Patrón me dijo el Juan que nos subamos a la trajinera que nos invitan a un pequeño grupo para ir a la casa de otro de los organizadores. Súbase a la trajinera para seguirlos. Y tráigase a las chavas que seguramente ahí se va a poner a todas “M´s”.
Después de un recorrido de una hora, bajo la luz de la luna, llegamos a la Isla de las Muñecas, por unos apantes, para mí desconocidos entre árboles plagados de muñecas, que pudimos observar durante el viaje en la trajinera fantasma, por los históricos canales de Xochimilco, isla que ya se ha convertido en amuleto para algunos supersticiosos y un terror para niños y adultos que pasan por allí durante la noche.
―Esos juguetes nos dice el Chindo: “que causan ternura en las niñas son invocados para ahuyentar a los malos espíritus y mejorar los cultivos, y quien comenzó con esa costumbre fue el campesino mexicano Julián Santana, que durante cincuenta años convivió y conversó con sus muñecas. Eran muñecas viejas que colgaba del cuello de un brazo o de donde podía, sobre las ramas de los ahuejotes2, algunos de estos amuletos eran como los preferidos de Santana, ciertas muñecas estaban arregladas o decoradas con collares, lentes oscuros y hasta con biquinis'.
Los rumores en esa zona del sur de la Ciudad de México dicen que hace dos años apareció ahogado Santana en su chinampa (muerto y flotando en una laguna de este lugar) y entre las versiones que cuentan los lugareños está la de que fueron sus propias muñecas las que lo mataron”. Nuestro conductor explicó que, después de la muerte de Santana, se cuentan historias de que este chinampero puso las muñecas porque una muchacha se ahogó ahí, cerca de su chinampa y por temor a su espíritu que solía espantarlo, él las colgaba para protegerse.
―Después de un largo recorrido por algunos canales llegamos al Apatlaco uno de los canales más grandes e impresionantes, con casi cincuenta metros de ancho, la luz de la luna plateaba sus aguas y todo el paisaje. Para entonces mis compañeros comenzaron a inquietarse, con la historia de Santana. Sólo escuchaba en la soledad de la noche algunos gritos, seguramente de los demás invitados en las dos trajineras que nos seguían en la inmensidad del canal que parecía no tener regreso.
Nos orillamos al borde del Apatlaco sobre una chinampa que estaba muy cerca de la carretera que va a san Gregorio, ahí nos bajamos y caminamos por entre sembradíos de rábanos, nopales y coliflores, hasta llegar a una casa enorme con una enramada en el patio.
La relación entre nosotros se hacía cada vez más íntima como si se tratara de una gran familia, a esas alturas de la noche todos se tuteaban y el agasaje subía de tono. Nuestras acompañantes con la historia de la muerte de Santana, se acurrucaban en nuestros regazos.
El Chindo se acercó y me dijo al oído, patrón suba al primer piso ahí hay varias recamaras vacías, se puede quedar toda la noche, yo tengo que irme sólo le pido que se moche con un “quinientón”, ya ve aquí todo le saldrá gratis; pero apúrese o le gana la paloma.
El baile continuó, en aquel lugar, ahí todos bailaban contra todos, parecía una danza macabra al compás de la música, de los “pericasos” y los toques de la achicalada. Algunos chavos y chavas al día siguiente, crudos y desvelados lloraban desconsolados porque en esa bacanal habían perdido su orgullo y su virginidad.
Yo no ingerí alcohol, ni ningún alucinógeno, para poder cuidar de mis amigos franceses y sacarlos sanos y salvos de aquel lugar. Alrededor de las siete de la mañana los desperté a jicarazos de agua y salimos caminando hasta la carretera a San Gregorio Atlapulco; ahí tomamos un taxi que nos llevó de regreso a nuestros hogares, sanos y salvos.

México, 20 de noviembre de 1972

Espalda mojada o trabajador del edo. de México que emigra al D.F. para buscar trabajo.
2 Salix bonplandiana, es un árbol de la familia de las salicáceas, a la que pertenecen, entre otros, el sauce llorón.