REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 01 | 2020
   

Letras, libros y revistas

Un retablo


Leonardo Compañ Jassol

En Retablo del Gran Relajo, Hugo Argüelles (1932-2003) retoma la tradición del teatro de género chico, como señala Juan de la Cabada, para burlarse del sistema político mexicano; el de revista, o “tandas”, como recuerda Enrique Alonso.

Hugo Argüelles lo presenta diciendo: “Dedicado a la memoria de los autores, compositores, actores y directores del heroico ‘Género chico’ del Teatro mexicano”.

Llama la atención lo que aparece entre paréntesis: “Investigación y selección del autor”. Más adelante se entenderá la inquietud, después de referir el argumento.
Juan de la Cabada lo sintetiza al comentar que la obra, la pieza, como le llaman actualmente, luego que Rodolfo Usigli acuñara el término, ataca a la falocracia.

La burla ocurre desde el consabido “humor negro” mexicano al que Argüelles solía acudir para obras como Los Cuervos andan en Cuaresma, premiada en 1959, y El Cocodrilo Solitario del Panteón Rococó.

Refiramos el argumento: un hombre, Don Erasmo, aspira a la presidencia municipal de Coscotejutla, pueblo donde confluyen las tres huastecas, y su asesora, una bruja, le recomienda el falo de Napoleón como talismán, que debe colocar como supositorio, según indicaciones de un coleccionista de órganos de personajes famosos, que se lo vende. El candidato empieza a volverse homosexual hasta que lo mata, le da golpe de Estado, un coronel. El desenlace es feliz: el pueblo se rebela y acaba con el mal gobierno pisoteando el talismán, sin darse cuenta. Toda una metáfora de revolución anarquista. Muy actual el tema si consideramos el movimiento erigido por Javier Sicilia, desde su dolor, la rebelión del EZLN, las ideas del sup Marcos, expuestas en el número 77 de la revista Rebeldía, la organización de pueblos para su autodefensa, como sucede en Morelos, Chihuahua, Michoacán y Guerrero (Proceso, 1803).

La trama se desenvuelve alrededor del “talismán” y va develando las corruptelas de la clase gobernante: la iglesia, los empresarios, los funcionarios; hasta los “intelectuales” a su servicio, a cambio de premios, reconocimientos y becas o, simplemente, de plazas de aviador.

Aún cuando los guaruras no hablan, con sus zapateados resaltan la ironía, el sarcasmo y la transformación del candidato usando pelucas de colores, con sus rostros de malditos, enmarcados por anteojos oscuros o de espejo, y sus trajes y corbatas.

El retablo es un “collage” de órganos de hombres y mujeres famosos en el arte, la política y hasta el crimen europeos y mexicanos, combinados grotescamente por Casiopeo, el “intelectual”, para agradar a su nuevo jefe, el coronel, asesino del candidato homosexualizado o “ajotado” como advierte Hugo Argüelles en las acotaciones: rizos de Lord Byron, cabezas de Pancho Villa, en diferentes edades, el corazón del poeta Shelley, el sacro de la monja Alférez, el bucle de George Sand, la pierna de López de Santana, la oreja de Mozart, la calavera de Haydn, la mano del grabadista Posada, la quijada de Cromwell y otras “reliquias” más. Toda una metáfora del sistema político mexicano, que funda su “legitimidad” en valores de muerte y supuesta nacionalidad global.
Es momento de retomar la inquietud provocada por el paréntesis de Argüelles. ¿Acaso el hecho de los órganos fue real? ¿Pertenecían a hombres y mujeres preclaros? O, simplemente ¿alude a la adaptación de los sones y las canciones para la sátira política? Más aún: puede ser una anotación sarcástica.

Lo concreto es que la realidad de que se burla, la obra la escribió en 1981, es la misma; bueno, quizá con mayor descomposición y el consiguiente incremento de la violencia e institucionalización de la impunidad para el terrorismo de Estado, contra la ciudadanía.

Retablo del Gran Relajo no sólo es actual sino propositiva ante lo que vivimos. Ojalá, pese a las dificultades técnicas y políticas para montar en escena la obra, pudiésemos verla, gozarla y disfrutarla.