REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2019
   

De nuestra portada

Muere Emmanuel Carballo y con él la gran crítica literaria


Daniel Dueñas

Una vez más, para mi desgracia y pena, muere un amigo y con él se va, sí, parte de uno mismo, tal es el triste deceso de Emmanuel Carballo, dolor que compartimos Martha, Daniela y Yo, ya que con Emmanuel y Beatriz Espejo, su esposa y compañera de cuatro décadas, escritora de los mejores cuentos de nuestros días, así como con Francisco, su hijo y ahijado de Martha, nuestro trato fue familiar, de amor, respeto y lealtad, ventura que muy raras veces se obtiene, porque qué difícil es contar con amigos generosos en el cariño y, repito, la lealtad como la nuestra con los Carballo.
A Emmanuel lo conocimos recién desempacado de su natal Guadalajara, joven apuesto, de inteligencia desbordada, ávido de saber, simpático con gran sentido del humor, dicho siempre con el tono de hablar jalisquillo que, pese al chorral de años que vivió en la Cuidad de Mexico, nunca perdió, simpatía y buena traza que, amén de su habla culta, le abrieron las puertas a los cenáculos culturales y a los alones de esa sociedad emergente a la mundanidad de los años cincuenta, años que dieron a luz al mexicano que salía, dijera Octavio, de su laberinto solitario, esos cincuenta del nacimiento de México y lo mexicano, ensayos filosóficos inspirados por el republicano español, José Gáos, desde su aula en Mascarones, a sus discípulos Leopoldo Zea, Emilio Uranga, Jorge Portilla, sumergidos en el intríngulis del existencialismo Heighdegeriano y los balbuceos geniales de Samuel Ramos.
A ese mundo llegó un engrane que faltaba, pues si bien ahí estaban los filósofos, los historiadores, los artistas plasticos, los músicos, y los coreógrafos de ese retorno al nacionalismo, a ser mexicano, se requería del crítico literario que, primero, nos ubicara en nuestra literatura a partir primordialmente del siglo XIX, época cuando nace México como país independiente, cuando se funda la primera República, cuando nos llega la literatura francesa y europea en general, ese engrane, ese eslabón que faltaba en la cadena, lo fue, lo es para la literatura de los siglos XX y XXI, Carballo, el crítico a fuer severo, el crítico, el Aretino, quizás odiado por los creadores, pero, como lo decía el propio Emmanuel, odiado pero respetado y respetado es como muere.
Nuestra amistad, retorno a ella, tuvo momentos de franca confianza, como la “entrega” que Martha hizo de Emmanuel a Beatriz el día de su boda, llevándolo como su madre del brazo al altar, en este caso la mesa que presidía el juez del Registro Civil, provocando en Emmanuel decirle mamá a Martha a pesar de los años de diferencia, ceremonia en la Casa de los Espejos, propiedad de la madre de la novia, la bella Beatriz, musa del Dante, escritora, ensayista y catedrática mexicana, maestra de varias generaciones de literatos, conferencista, difusora de las letras en todo lo que éstas tienen, dan y valen, con Beatriz y Emmanuel nos une el compadrazgo pues Martha junto con el poeta Carlos Pellicer, atestiguaron el registro oficial de Francisco, el hijo amado de ambos.
Emmanuel murió en la vida, sí, pero nos deja el respeto a su memoria, donde se encuentre ahora seguramente estará propinando a quienes lo rodean, los palmetazos críticos, a Beatriz, calma, pero sobre todo, que siga fiel a su Espejo diario, a Francisco, el ejemplo de honradez de su padre, reciban el amor y el respeto de Martha, Daniel y quien también llora al amigo.

Publicado en La Jornada Morelos. Jueves 24 de Abril de 2014.