REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

Confabulario

Poemas


Benjamín Torres Uballe

Caracolas
Estoy enamorado. Mis ojos me delatan.
Son caracolas festivas en la noche.

Mi corazón, perpetuo yo, llamándote.
Mi voz es arco presto del guerrero; buscándote,
flechándote.

Estoy enamorado. La espera me delata.
En el inacabado viaje de las nubes, cambio el cielo por tu
nombre.

En tu cabello ondulan fragmentadas, en ingenuidad,
pausadas horas;
son luciérnagas de abril, doncellas desposadas, las horas,
las horas…

Tus manos quietas en mi alma, la reposan, la apacientan.
Estoy enamorado. Eres amor, eres preámbulo y epílogo.

Tierra entera, libertad y ansiedad. Tu cuerpo escribo con
mi espera.
Estoy enamorado… me gustaría que lo supieras…



Olas
Callada, imponente. Luminosa rompes la mañana.
Al igual que olas vencidas, en la tregua de tu mar, preciso
amarte.

Serena descansas, me atrevo a tocarte con el alma en
ristre.
Mis besos devoran tu cuerpo, soy explosión, quiero vivirte.

Laureles ciñen tulipanes del recuerdo; tus horas ciertas
para siempre.
Todo es verde en este valle; reina aquí la placidez, no
quiero ni marcharme.

Guardas mis ojos en los tuyos, soy lágrima olvidada.
Soy aquí en tu morada. Deja en el crisol pausado, tiempo
exacto a nuestras manos.

En tu cálido fulgor, converge el paso de los años.
Tantas huellas de sol, de luz, de tardes, de las noches…
estrelladas.


Piel Nocturna
Bajo la piel longeva de la noche, camino solo… furtivo.
Mecen al viento los hijos del cielo, samaritano y preludio.
En la espesura solemne del tiempo hay unos pasos cansados.
Viajan luceros, cometas; mesura imponente, recuerdos
pausados.

Las farolas danzan, como fallidos fantasmas; en los
albores.
Enigmático, imperturbado, el universo es abanico meciendo
colores.
Camino, mi tiempo sin prisa, sólo me importa ella… la vida.
Los pájaros son mensajeros, las estrellas señoras; la luna
cautiva.

El sendero es mar, es agua de plata, caricia pronta, cauda,
reproche.
Es doncella virtuosa, a las doce, en el corazón de dos… yo y
la noche.
El tibio aliento quiere besarme, ocurrente, en la frente, en los
ojos.
Mis manos son remolinos quietos, guerreros dormidos,
soñando, de hinojos.

Tiritan las luces, llegan los disfraces; de las luciérnagas,
de las gladiolas.
Cálido el aroma, envuelve en capullo el torrente que arrulla
las horas.
Duermen tersas las letras nocturnas en el oído de las nubes
curiosas.
Sus piernas son llanuras geométricas, la noche y sus labios,
lírica, poética.

Ángeles osados, encaramados en mis hombros; retozan,
hay tornaboda.
Esparcen luceros prendidos y atrevidos, en mi taciturna
boca.
A espaldas de mañana, estoico, el porvenir me espera, sin
amarras.
Camino sonriente, tengo argumentos, vivo sereno, osado…
liberado…