REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 01 | 2020
   

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David A Figueroa Hernández

Bernardo Reyes. Un liberal porfirista. Al remitirnos al Siglo XIX y primera década del XX, uno de los personajes que más peso tuvieron y que la historia oficial ha olvidado, fue sin duda Bernardo Reyes, tal vez el más disciplinado General, formado en el Porfiriato y que ayudó a configurar el México moderno y en paz que se requería en esa época.

En la actualidad, el nombre de este ilustre General sólo es recordado por quienes residen en el norte del país, o en quienes de antemano conocen los orígenes de nuestro intelectual don Alfonso Reyes; para el resto, es una figura oscura de un régimen que más allá de traer prosperidad se caracterizó por la escasa libertad en todos los órdenes.

Este magnífico libro, no sólo nos cuenta la tradicional biografía sino que los datos que proporciona sobre los acontecimientos así como los nombres y fechas, es lo sustantivo para confirmar los hechos palpables de este gran personaje.

Los militares de la época referida, defendieron con amor, disciplina y coraje a nuestro país ante las adversidades y no sería diferente para el joven “Héroe de la Mojonera” quien aprendería de sus maestros el arte de la guerra y la estrategia; en lo político, aprendería de Porfirio Díaz. Su historia también fue de batallas y sendas glorias que lo llevaron a destacar y ser un firme candidato a ocupar la silla presidencial.

Mucho habría que hablar sobre Bernardo Reyes, pilar fundamental para la necesaria pacificación que el México bronco requería. No obstante, también fue una figura en la que Díaz supo delegar poder, administración y paz en el norte del país, principalmente Nuevo León y Coahuila. Jalisciense de nacimiento, nunca pudo estar al frente de su estado natal pero sí lo hizo y de una manera muy importante en el estado de Nuevo León, como gobernador interino y constitucional, donde no sólo calmó las tempestades revolucionarias sino también, las electorales.

Vale la pena mencionar que a pesar de no estar completamente de acuerdo con ciertas acciones del Presidente de la República, él entendía muy bien el papel militar y político que jugaba; la disciplina y obediencia a la figura del Ejecutivo se anteponía a cualquier asunto debatible en su mente o en los comentarios de sus allegados Sin duda al llegar el grupo de los “científicos”, él fue uno de los dos pilares -con José Ives Limantour-, sobre los que podía recaer el timón del país. Reyes era la mano fuerte del Porfiriato, la practicidad; Limantour, el idealista, el filósofo.

Como se relata en esta lectura, su estadía como gobernador contribuyó al mejoramiento económico, político pero sobre todo, social de la zona norte que comprendía los estados de Coahuila, Durango, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas y Baja California. Las grandes obras sociales y el apoyo constante que dio a los planes educativos encabezados por Justo Sierra, fueron primordiales para él. Gran legado heredó Alfonso Reyes, ya que de su padre recibiría disciplina, educación intelectual y amor por México.

Una vez expulsado el dictador y llegado el momento de alzarse en armas tras un tiempo de encarcelamiento, encabezó una lucha en la que perdería la vida; murió antes de lo previsto. Para la prospectiva histórica, tal habría sido el mejor continuador de la obra de Díaz pero el destino lo alcanzó y le quitó la vida dejando el camino a otro militar que sí accedería legal y políticamente al poder: Victoriano Huerta. La historia en ocasiones es injusta y los verdaderos héroes son olvidados.

Bernardo Reyes. Un liberal porfirista. Artemio Benavides Hinojosa. Editorial Tusquets Centenarios. 2009, 380 pp.

dfigueroah@yahoo.com.mx