REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Conjugando al futbol de Ramón Ernesto Abarca Romero


Jorge Luis Herrera

¿Y lo jugado, quién me lo quita? Conjugando al futbol *,
de Ramón Ernesto Abarca Romero: “varia invención” balompédica


El futbol no era salir de la rutina sino
entrar de lleno a la vida.

RAMÓN ERNESTO ABARCA ROMERO


¿Y lo jugado, quién me lo quita? Conjugando al futbol* es el primer libro publicado por Ramón Ernesto Abarca Romero, quien, por medio de una serie de textos de distintos géneros (crónica, cuento, ensayo, poesía, entre otros), se vale de la “ficción” y de la “realidad” para jugar y escribir en torno a tres de sus principales pasiones (él las denomina “entusiasmos”): el futbol, la literatura y la docencia.
Pareciera que este libro hubiese surgido luego de que su autor hiciera un alto en su camino, para respirar hondo y reflexionar sobre varias de las personas, andanzas, emociones, ideas, aficiones, temáticas y actividades que más lo han marcado, preocupado y ocupado. Es como si el silencio producido por la pausa hubiera motivado el acto creativo, el rencuentro, la reconfiguración del ser y, al final, cierta clarividencia.
Como el título del libro lo sugiere, el futbol es el hilo rector de los textos; en general, la existencia de los narradores y de los demás personajes, “reales” y “ficticios”, será “bendecida” o “maldecida” por algún elemento vinculado con el balompié (a pesar de que los textos cambien de género, tono y léxico, el balón permanece en movimiento en todas las páginas). Así, esta obra se integra al grupo, cada vez más rico, de libros sobre futbol, pero desde la trinchera literaria (sólo por mencionar dos: Dios es redondo de Juan Villoro y El futbol a sol y sombra de Eduardo Galeano).
El estilo literario de ¿Y lo jugado, quién me lo quita?... se distingue, antes que nada, por su ritmo ágil, dinámico, y por su tono familiar; la picardía y la corrección sintáctica también destacan. Otro aspecto relevante (quizá una huella de la academia), es la propensión a introducir citas y referencias cuidadosamente seleccionadas que incrementan la profundidad de los textos y enriquecen las reflexiones propuestas. La mayoría de las citas y referencias están vinculadas a los tres “entusiasmos” antes mencionados, y sus autores son variados (desde Helen Keller, Antonio Machado y Juan Villoro, hasta Paulo Freire y Johan Cruyff).
Abarca Romero se da tiempo para cavilar sobre temas vinculados con el juego, el arte y, en especial, la docencia; por ejemplo, en determinado momento afirma: “Y es que la educación consta de dos partes: la educación de las habilidades y la educación de la sensibilidad, ambas en continua aplicación. Partir de la práctica, luego recurrir a la teoría para transformar nuevamente nuestra práctica. Sin la educación de la sensibilidad, todas las habilidades se tornan sin sentido” (45). Por otro lado, el autor frecuentemente plantea cuestionamientos interesantes y propone respuestas originales; una muestra: “¿Habrá una relación entre el futbol y el aula?” (44); la respuesta está en el libro, donde también hay chispazos constantes de humor; sirvan las siguientes líneas para ilustrarlo:

Es cierto que no había queja alguna por mi desempeño como jugador, pero en las clases siempre estaba distraído (ahora sé que se llama Déficit de Atención con Impulsividad, TDA); me gustaba irme de pinta al cine (ahora sé que era cinéfilo); y todas las actividades que los maestros planeaban las transformaban en juego. Así, tuve que repetir tres veces el tercer año de Secundaria (ahora sé que innové un Doctorado) (29).

Gracias a los textos de este volumen queda en evidencia el afán experimental de Abarca Romero, sobre todo en los aspectos formales; por ejemplo, el fragmento que aparece a continuación está construido por medio de títulos de obras literarias:

Me instruyeron, con profunda vocación de golondrinas, a verme en muchos de los personajes que les sucedía lo mismo que a mí. No me preguntes cómo pasa el tiempo, pero me enseñaron Desde el Siglo pasado, en La edad de las tinieblas, El principio del placer de tener a la literatura siempre presente en mi vida. Desde entonces, aunque me pierda en Las batallas en el desierto y en la lógica insana de Irás y no volverás, como La arena errante o las Islas a la deriva o El viento distante. Sé que las maestras y maestros de la Universidad habitan en esta Ciudad de la memoria y Tarde o Temprano los recuerdo Como la lluvia. En fin, me iniciaron a saber intimar con los libros (37-38).

En torno al género literario de ¿Y lo jugado, quién me lo quita?..., en un primer instante podría resultar difícil identificarlo (porque es heterogéneo y, hasta cierto punto, inaprehensible). No obstante, considero que pertenece al género denominado “varia invención”; me parece relevante hacer un paréntesis para explicar, grosso modo, las características del mismo, con el objetivo de otorgar herramientas útiles para la comprensión y el disfrute de la obra de Abarca Romero.
Juan José Arreola acuñó el término “varia invención” para bautizar un género literario que hasta entonces carecía de nombre y que se distingue, antes que nada, por estar constituido por diversos géneros, diluir las fronteras entre distintas formas textuales, dialogar con otras tradiciones literarias y experimentar constantemente con elementos de forma y fondo; además, en ocasiones se caracteriza por su culteranismo, agudeza intelectual, libertad imaginativa y actitud crítica ante la “realidad”. En términos generales, la “varia invención” admite múltiples “modelos textuales” (incluso no literarios), prefiere los tonos irónicos y paródicos, y es breve, sobria y capaz de sostener la tensión por medio del uso preciso del lenguaje. Por otro lado, entre los géneros que convergen pueden hallarse los más “tradicionales” (cuento, ensayo, poesía) y algunos menos “canónicos” (crónica, autobiografía, “alburema”); asimismo, es común que se valga de formas textuales propias de otras clases de discursos y materias (futbol, pedagogía); este último rasgo le otorga un carácter multidisciplinario a la obra, aunque en ella debe predominar “lo literario”.
En ese sentido, el género dominante de ¿Y lo jugado, quién me lo quita?... es la “varia invención”. Las siguientes palabras de Felipe Vázquez, incluidas en “Juan José Arreola y el género ‘varia invención’”,1 resultan útiles para aproximarse al libro de Abarca Romero desde la perspectiva de los géneros literarios: “La varia invención aparece […] como la resultante de tres vectores: la libertad, la imaginación y la inteligencia. Un triángulo creativo que se condiciona y complementa con un triángulo de orden formal: la hibridación genérica, la intertextualidad y la brevedad (una brevedad signada por la tensión)” (s/p). 2
Respecto a la estructura del libro, éste se halla dividido en nueve partes (más un apéndice y una bibliografía). Los títulos de las secciones emulan al mundo balompédico, ya que, como se verá a continuación, se llaman igual que los segmentos de un partido de futbol. El primer apartado, denominado “Preliminar”, sirve de prólogo: el autor establece, explícita e implícitamente, las “reglas del juego” (por ejemplo, el tono literario y el tipo de lenguaje predominantes); además, manifiesta que les dedicó el libro a “todos aquellos y aquellas capaces de reconocer que las emociones futboleras están tejidas a su ser, en su historia, raíces, lealtades, identificaciones como una red de portería” (9). También expone los motivos por los cuales escribió esta obra y, en particular, las razones que lo llevaron a explorar literariamente por distintas brechas y desde diversas perspectivas el mundo del futbol; afirma: “Escribir sobre futbol y corresponderlo con temas de la vida me implicó honrar, respetar y validar las raíces que me confieren sello de identidad. Pero no sólo a mí, sino a muchos y a muchas que al igual que yo, hemos crecido teniendo al balompié como un sólido defensa central en nuestra biografía” (7).
En la segunda parte del libro (la más extensa), “Ejercicios de estiramiento de la memoria y calentamiento del corazón”, Abarca Romero muestra sus dotes de cronista y hace un ejercicio de reconstrucción de su propia identidad e historia, en cuatro tiempos: “Del pretérito perfecto compuesto”, “Del pretérito perfecto simple”, “Del presente confuso” y “Del futuro complejo”. De este modo, el narrador se examina a sí mismo bajo la óptica del futbol, y se piensa y se reconfigura en el pasado, el presente y el futuro. A continuación transcribo las primeras frases de esta sección, pues delinean la postura del narrador frente a parte de la herencia cultural de su familia: “Yo he nacido en una familia futbolera. Uno nace en una familia y asimila todo de ella” (12).
A grandes rasgos, esta segunda parte expone muchos de los motivos por los cuales el autor gusta del futbol; uno de los principales: su familia ha sido apasionada de este deporte; por ejemplo, su abuelo paterno, don Ernesto Adolfo Feist Guerrero, fue jugador semiprofesional y fiel aficionado, al igual que su mujer, doña Guadalupe Montes Centeno, quien es definida como “una fanática del futbol disfrazada de ama de casa” (15). Más adelante, Abarca Romero cuenta las razones por las que decidió jugar de portero, enumera los múltiples equipos a los que ha pertenecido y revela su amor incondicional por el América. Además, relata la manera en que la lectura y la literatura lo transformaron y, en cierta etapa, decidió “olvidar aquella ilusión de jugar en un equipo de Primera y convertir a la literatura en el eje existencial que me permitiera mantenerme en la vida” (37). Al respecto, el narrador refiere con humor algunas de las “dificultades” que encontró al tratar de “conciliar” la literatura y el futbol; una muestra: “Aunque no lo decían explícitamente, mis compañeros de futbol pensaban que sólo un ‘maricón’ podía ir leyendo poesías en el camión que nos llevaba a jugar contra otra Universidad” (38).
A continuación da inicio la siguiente sección, el “Primer tiempo”, constituida por cinco cuentos. Las narraciones son breves, ágiles, poseen un lenguaje “fresco” y, lo principal, su centro gravitatorio es el futbol. Por ejemplo, en “El futbol y los fugaces amores eternos” que es una especie de pastiche compuesto con segmentos de otras obras literarias que se resignifican al mezclarse se relata un encuentro de futbol como si se tratara de un “encuentro amoroso”.
Después de las emociones del primer tiempo, comienza el espectáculo de “Medio tiempo”: un dossier fotográfico conformado por veintidós imágenes que muestran el estrecho y constante vínculo que ha mantenido la familia del autor con el futbol; es posible ver, por ejemplo, al abuelo paterno y al padre vestidos de futbolistas; y a Abarca Romero, pequeño, cargado por Manuel Camacho Meléndez (portero suplente de la Selección mexicana en el Mundial de Suecia 58); incluso hay dos fotos de Pelé tomadas por el padre del autor, cuando caminaba en el estadio de CU, lesionado, el 2 de febrero de 1961, luego de la derrota del Santos de Brasil ante el Necaxa de México.
Al concluir el descanso entra de lleno el “Segundo tiempo”, compuesto por seis poemas en verso libre, de diferentes extensiones, que descuellan por su ingenio. Estos textos también evidencian el afán experimental y lúdico de Abarca Romero; una muestra es el caligrama incluido en “Las porterías abandonadas”. Para no variar, las temáticas de los poemas están vinculadas al futbol; para ejemplificarlo, un segmento de “Hay días en que uno entra a la vida” en el que se establecen paralelismos entre la vida y un partido:

[…] En fin…
Hay días en que uno entra a la vida
Lo mismo que al terreno de juego…
Y de un momento a otro,
cuando menos te des cuenta,
te descubres en un golpe de luz,
elevando al cielo los ojos y las manos celebrando,
a grito abierto,
un gol fantasma
porque en realidad
perdiste el partido
y
ni siquiera acariciaste el balón (91).

Luego de un encuentro muy parejo, como el marcador quedó empatado, el partido se va al alargue. Entonces, el narrador da el silbatazo de inicio y se baten en la cancha cuatro poemas construidos con frases y expresiones propias del argot futbolero, comunes en las transmisiones televisivas. Estos textos provocan la sensación de estar oyendo la narración de un partido. Los títulos revelan con claridad cuál es el tema central de los mismos: “El debutante”, “Se encienden las pasiones”, “El jugador creativo” y “Futbol femenil”; sirva de ejemplo un fragmento de “Se encienden las pasiones”:

Empiezan a moverse
abriendo los espacios
las defensivas se rompen
quedando mano a mano
hacen una buena jugada cuando se juntan
se juegan el todo por el todo (99)

En el “Segundo tiempo extra” alinean dos ensayos (breves, pero sustanciosos). El primero se titula “‘La mano de Dios’: lo paradojal entre lo divino y lo demoniaco”, donde se analiza la jugada denominada “La mano de Dios” desde la perspectiva de las categorías de lo “divino” y el “bien”, en oposición a las de lo “demoniaco” y el “mal”. En el segundo ensayo, “Ángel Fernández: juglar moderno de futbol”, se homenajea a este insigne comentarista mexicano y se destaca su ingenio y creatividad; al respecto, Abarca Romero asevera: “Ángel Fernández fue un ser dotado para narrar las proezas de los héroes de pantaloncillo corto, del ‘Juego del hombre’, como él bautizó al futbol […] era un hombre espectáculo. Su misión era ser un artista del entretenimiento, causar alegría a ‘Todos los que quieren y aman el futbol’” (112).
Sigue la “Serie de pénaltis”, compuesta por veinte “alburemas” breves y uno de mayor extensión, denominado “Cuauhtémoc Blanco”, quien allí es honrado. Un “alburema” desde la óptica del poeta Elías Nandino es un híbrido, mezcla de poesía y albur, conformado por juegos de palabras con doble sentido, con connotaciones sexuales, pero sin que pretenda ser ofensivo o vulgar (a diferencia de buena parte de los albures); sirva de ejemplo el titulado “De entrenador a entrenador”:

Cuando veo a tus jugadores
en la zona de traslado
apretando el calentamiento
siento que ahora sí
quieres ponerme
la cosa dura.

El volumen concluye con unos “Comentarios finales”, breves, donde se rememora y se celebra el campeonato conseguido por el América en el torneo Clausura 2013 de la Liga MX. Ni modo… De cualquier forma, a pesar del americanismo del autor, vale la pena leer ¿Y lo jugado, quién me lo quita? Conjugando al futbol.

*¿Y lo jugado, quién me lo quita? Conjugando al futbol* (México: Editorial de otro tipo, 2013).
** * Jorge Luis Herrera (México, D.F., 1978) estudió la licenciatura en Historia del arte y la maestría en Letra mexicanas. Es autor de Voces en espiral. Entrevistas con escritores mexicanos contemporáneos y del libro de cuentos Cuando estés en el cielo; además, es coautor de la serie de libros de texto de español para secundaria Letras y voces. Ha colaborado con cuentos, entrevistas, reseñas, ensayos, artículos de divulgación y/o fotografías en múltiples libros, revistas y periódicos.

Vázquez, Felipe. “Juan José Arreola y el género ‘varia invención’”. Espéculo. Revista de estudios literarios. No. 32. Año XI. Marzo-junio de 2006. España: Universidad Complutense de Madrid, 2006. Internet. Abril de 2014. 2 Según Felipe Vázquez, Juan José Arreola inventó el término “varia invención” inspirado en un soneto de Góngora escrito en 1584:
Varia imaginación que, en mil intentos,

a pesar gastas de tu triste dueño
la dulce munición del blando sueño

alimentando vanos pensamientos […] (s/p)