REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

Lo k no saben los xabos
Parece novedoso y hasta libérrimo el uso que hacen los jóvenes del español y especialmente del alfabeto, en sus mensajes por internet o celular.
Aspiran, sin declaratoria previa ni argumentación gramatical, a escribir como hablan, sin respeto a las reglas ortográficas, sin consideraciones históricas de la palabra y sin reparar en las diferencias de significados.
Claro que si el léxico es mínimo y no se llega a finezas del lenguaje, no verán muchos de ellos la necesidad de respetar la ortografía, ni a dar en sus escritos el real valor fonético de las consonantes. Para decir: “Qué pasó güey, ¿vamos a Tequis?”, les basta con tagarotear: “k pso wey bamos a tx?” o algo parecido y si es que llegan a incluir el signo final de interrogación.
Difícilmente sabrán que “una acción benéfica” será muy distinta a “una acción venéfica”, ni querrán averiguar que una puede ser legal y la otra criminal, ya que implica la intención de envenenar a alguien.
Y como se oponen a la «h», porque es muda, tampoco distinguirán entre un habano y un avano, ni les interesará saber que el primer sustantivo nombra a un cigarro o puro y que el segundo es un ventilador con aspas, de los que cuelgan del techo.
Si fueran cultos, si leyeran, podrían alegar en su favor que un jurista, poeta y educador venezolano del siglo XIX, Andrés Bello, fue el primero que propuso la imposible simplificación del idioma y que luego en el siglo XX, un Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, apoyó la eliminación de la «g» en su sonido fuerte, la que quería sustituir por la «j» de su nombre y apellido y que más recientemente, a fines del siglo XX otro Premio Nobel, colombiano éste, Gabriel García Márquez, terció en la proposición.
Ninguno de ellos, aunque pretendían que se simplificara la ortografía y se abolieran ciertas distinciones, para que los signos respondieran a su sonido, propuso que el sonido fuerte de la «c» se cambiara por la «k», ya que esta letra no se pronuncia “ke”, sino “ka”, en todo caso.
A Bello –tal vez la más remota autoridad en la materia, aunque él se quiso apoyar en Alfonso el Sabio, que omitió la «h» en homo–, se le ocurrió sustituir esa «c» de sonido fuerte, con la «q», a la que debía quitársele la «u» muda, y otro tanto tendría que hacerse con la «u» muda de la «g», que sonaría suave en “guitarra”, “guerra” y otras semejantes: gitarra, gerra. Desde luego quería que la «c» desapareciera, pues el sonido suave de la «c» lo sustituiría la «z». La «h»–que masculinizó y la llamó «el h»– tendría que dejar de existir y también la «y», en su sonido de vocal «i». A la «v» la sustituiría la «b», aunque bacilo y vacilo, tengan sentidos diferentes, como Nobel y novel.
Así que xabos, si quieren apoyar culturalmente sus pretensiones ortográficas tendrán que acudir a don Andrés Bello y al carbono 14 para hallar las raíces de sus objeciones, que surgen más de la incapacidad de entender la ortografía que de revolucionar la escritura.

Ni en la paz de los sepulcros creo
¡Qué escándalo!
¡Cómo se atreve la actricita coja (Claudia), de cervantesco apellido y emparentada con el fallido Calderón, a hacer un reventón por su cumpleaños, donde reposan los muertos ilustres!
¡Ni que fuera el 2 de noviembre!
¿Qué no estaba la pobre preservando la costumbre centenaria de divertirse entre las fosas, como hace mucha gente el Día de muertos?
¿Que no era 2 de noviembre y que no eran sus muertos? (Quién sabe: a lo mejor don Calixto Bravo o don Juan José de la Garza o don Francisco Montes de Oca o don Miguel Ruelas u otros de parecida fama menor, es su pariente cercano o lejano)
La pobre debe haber visto –es propio de la gente de la tele no tener otro tipo de información que la visual– la divertida, irónica película de Luis Alcoriza Mecánica Nacional y con esa inspiración se le habrá ocurrido la puntadota de recordarle a sus fans que ya cumplió 35 años y como ya no la festejan de la misma manera que lo hacían cuando era niña, planeó con la ayuda de su amigocho Véctor Romo, el Jefe Delegacional de la Miguel Hidalgo un fiestonorrón en el exclusivo antro del Panteón de Dolores.
Y si quería que su cumpleaños fuera recordable, en verdad que lo consiguió.
Los cultos reporteros que saben de la importancia de los enterrados en la Rotonda de las personas ilustres (ocurrencia de ese magnífico reivindicador del género en el lenguaje que fue Vicente Fox) le hicieron el caldo gordo a la notita vaciladora de TV y Novelas, para provocar la incomodidad de los también cultos lectores que no tienen idea de qué tan ilustres fueron: Manuel Azpiros, José Cevallos Cepeda, Diódoro Corella, Ignacio González Guzmán, Pedro Letechipía, Pedro Ogazón, Basilio Pérez Gallardo, Carlos Ramírez Ulloa, Antonio Rosales, Carlos Rovirosa, Cesáreo Castro y otros no tan desconocidos, pero cuya fama no es la de Agustín Lara, Diego Rivera, Amado Nervo, Alfonso Reyes, Dolores del Río, Siqueiros, como José María Luis Mora, Gabino Barreda, Isaac Ochoterena, Genaro Estrada, José María Mata, Miguel Ramos Arizpe, Arturo Rosenblueth, Moisés Sáenz, Felipe Villanueva, María Izquierdo, por citar algunos.
Y los pintitos, hijos o nietos de tigres, se indignaron (no todos: los hijos de Silva Herzog, la nieta de Alfonso Reyes, los descendientes de Diego Rivera, de Carlos Pellicer, de Guillermo Haro (Elena Poniatowska, su viuda y su hijo, de ellos no se supo que hubieran protestado), como si no hubiera asuntos más graves ante los cuales indignarse, como las leyes entreguistas y rufianescas que están aprobando senadores y diputados, a nombre de “sus electores”.
Pero todo ayuda a distraer la atención: el futbol, la derrota ante Holanda, el fiestonorrón de Claudia, el albergue de ‘Mamá Rosa?, las distinciones militares a un presidente segundón, como el de Perú, el uso de Los Pinos como foro de La Gaviota y su hijita, para mostrar trapos de alta moda…

La alianza perversa
Bien “maiceados”, son legión los aplastateclas habilitados de comentaristas políticos –ni redactar saben– que urden calumnias extremas, aunque suenen disparatadas, para alinearse ante quien les paga o podría contratarles.
Ahora resulta que el registro de partido político concedido por el nuevo Instituto Nacional Electoral a la asociación política que se ha esforzado en organizar Andrés Manuel López Obrador, Morena, es una maniobra del gobierno de Peña Nieto para derrotar en las próximas elecciones a panistas y perredistas.
En una jugada extraída de El Príncipe de Maquiavelo y orquestada por el sagaz ocupante de Los Pinos, se unirán el león y la raposa para pulverizar los restos de los agonizantes negocios llamados PAN y PRD, ¿para dejar fortalecidos al PRI y a Morena? (“Yo a las Morenas quiero/ desde que supe/ que Morena es la Virgen/ Cielito Lindo/ de Guadalupe”, es la parte de la futbolera canción que se pondrá de moda y atraerá sufragios al nuevo partido)
Cierto es que a López Obrador se le han ocurrido leninistas alianzas que lo han minado más que fortalecido, pero no hay razón para pensar que el infarto que sufrió le haya afectado el coco de tal manera, pues ni la táctica ni la estrategia aconsejarían unirse al enemigo jurado, menos aún dormir con él.
Suponerle esta alianza perversa, es una manera de negar al verdadero opositor del régimen actual, que ni remotamente se ha acercado a las posiciones mercantiles más que políticas de Peña Nieto y es una forma recomendada de restarle importancia al movimiento de real militancia y verdadera popularidad, como lo muestran las multitudinarias reuniones que sólo unos cuantos medios de comunicación presentan, pues el duopolio televisivo no lo toma en cuenta, ni los programas radiofónicos le hacen eco.
Si alguna organización tenía derecho a convertirse en partido, es precisamente Morena y no los otros que salieron de la manga de algún mago, para dar la idea de pluralidad ideológica. Uno es el Partido Humanista (PH), que se dijo sería el parapeto de Calderón. Lo niegan, tanto el dirigente del Humanista, Javier López (no Chabelo, sino Macías, ex-panista), como el funesto ex-presidente Felipe Calderón, pero no que sigan las tendencias de la derecha, aunque no aclararon si las iniciales los acercan al Palacio de Hierro o a la Pinche Histeria.
El otro, Partido Encuentro Social (PES), dirigido por Hugo Flores Cervantes, sólo tiene influencia local en la frontera bajacaliforniana, donde tiene fama de fascistoide y clerical, aunque proceden algunos de sus componentes del PRD y del PRI. Sus siglas, ¿darán lugar a que se le confunda con el PEZ cristiano?
¿Tienen alguna significación nacional, como para que se les reconozca como partido político nacional y se les otorguen las prebendas de ley? Los 600 millones de pesos que se les darán, ¿no constituirán un derroche si –como cabe esperar– en las elecciones del 2015 no van a alcanzar nacionalmente el mínimo de votos?
Otro infundio puesto en circulación y que repiten sin análisis algunos taxistas es que el gobierno le va a dar 300 millones de pesos a López Obrador, aunque en realidad se le van a entregar, por mandato de ley, al partido en que él milita y que formalmente no dirige. No se dice lo mismo de quienes encabezan los otros partidos, porque ni figuran en la memoria pública. Tampoco se difunde en forma de rumor, que los otros partidos formales, los grandes –PRI, PAN, PRD– recibirán mucho más y que la chiquillería (Panal, Verde, Convergencia o como se llame ahora y PT) igualmente serán beneficiados, porque de lo que se trata es de que se vea que son los intereses personales los que mueven a AMLO.
En fin, “calumnia, que algo queda”, aconsejaba Goebbels, el propagandista de Hitler.

A la educación por la palabra
Aunque los legisladores ya aprobaron algo que hicieron creer era “La reforma educativa”, la verdad es que se la siguen debiendo al país, que necesita verdaderamente modificar los principios en que se basa –si es que tiene algunos.
Si algo hay que lamentar ante Holanda, no es que en futbol le haya anotado al equipo mexicano que fue a competir al Mundial de Brasil 2 goles, porque la peor de todas las golizas es la de 40 a 0, en materia de educación matemática y científica, y en lectura (lo que confirma el diagnóstico de la OCDE: México tiene un rezago de 60 años en lectura). Y eso sí es para avergonzar al país y sus gobiernos.
Se hacen planes y planes educativos, se proponen sistemas, métodos, nuevas pedagogías, diferentes didácticas y el resultado es el mismo: los educandos no avanzan, la impreparación es notoria, la cultura se empobrece, el vocabulario se achica y la tontería progresa.
Cada vez se instruye más que educar a las personas. Se les prepara para obedecer y no para pensar, menos aún cuestionar. Es mano de obra barata y sumisa. Así quieren los empleadores a los trabajadores y así se les entrena en las escuelas. No imaginan los empresarios cuánto pierden por no tener gente calificada y creativa en sus negocios, ni lo que dejan de percibir por no impulsar y estimular la inteligencia.
Resulta decepcionante encontrar gente con preparación de bachillerato que no tiene idea de la Historia, la Biología, las Matemáticas, incapaz de escribir algo coherente y con buena ortografía o de entender cabalmente lo que lee. Ni siquiera la acepción de las palabras, menos el significado profundo de lo escrito. Y lo peor es la falta de curiosidad intelectual, pues nadie la enseñó a preguntar, ni menos aún propició la duda.
Un ejemplo es significativo.
Cualquier mexicano, aun el más ignorante, ha leído, recitado, cantado, cientos, miles de veces el Himno Nacional, pero pocos, escasos, son los que saben qué significa el bridón, que es lo que se le pide al ciudadano apreste en defensa del país: “Mexicanos, al grito de guerra/ el acero aprestad y el bridón…”
Y cómo van a disponerlo si no saben lo que representa esa palabra.
¿Por qué, en cuanto la oyeron, no les preguntaron a sus maestros o sus padres el significado? ¿Por qué no les ha interesado averiguar en diccionarios o enciclopedias? Porque nadie estimuló esa curiosidad y en cambio sí aplaudió el conformismo, el no querer saber más ni interesarse en indagar.
¿Alguien preguntó por qué la A es la primera letra del alfabeto? ¿Algún profesor se interesó por darle sentido lógico a lo que enseñaba? ¿Qué significa leer, escribir, qué es número, por qué se llama suma a esa operación o multiplicación a la otra? ¿Qué debe entenderse por escuela, profesor, alumno, pupitre, estudio, libro, cuaderno, lápiz, pluma, mochila?
El mismo docente no lo sabe, ni siquiera lo que implica la docencia. Y de seguro tampoco entiende la necesidad de conocer la etimología de las palabras. Por ello retiraron del Bachillerato la asignatura inútil de Etimologías o la reservaron para quienes pretenden estudiar Derecho, como si el médico no requiriera para su desempeño profesional diario, pues todo mundo se enferma y se cura en griego y en latín.
Parece que a los pedagogos y a los expertos en procesos cognitivos y sistemas didácticos, no se les ha ocurrido que en vez de restringir el conocimiento del significado de las palabras, debiera extenderse a todos los niveles de preparación escolar, desde el jardín de niños hasta los posgrados.
¡Cómo se ampliaría el conocimiento con una medida tan sencilla! ¡Y cómo se incrementaría el afán de saber si se le enseñara al niño a preguntar, que es un camino seguro hacia el conocimiento!
Una generación de niños pensantes y preguntones, sabría a cabalidad lo que significa bridón y no se limitaría a repetir la letra del Himno, sin comprenderla.

Las consonantes suenan y tienen nombre
Aunque la Fonología es parte oficial de la enseñanza del español, seguramente la inmensa mayoría de los que cursaron primaria y secundaria e incluso bachillerato, jamás fueron informados de que las consonantes suenan y tienen nombre.
Lo más que llegó a saber el educando es que había la «b» y que era bilabial y que la «v» chiquita, era labiodental (ahora los del banco BBVA, se empeñan en que se le llame «uve» y como es el patrocinador de los libros y las actividades de la Real Academia Española, cuenta con la colaboración de esa entidad del idioma, que quiere imponer esa denominación para que la consonante sea también vocal, lo que en el español de México no es necesario).
Pero ¿cuántos escolares que aprendieron de memoria el orden de las letras consonantes, supieron que se llaman así porque “suenan” y a cuántos se les informó que tenían nombre: africada, bilabial, alveolar, apical, dorsal, fricativa, interdental, labial, nasal, oclusiva, palatal, sibilante, sonora, velar? Y en el mejor de los supuestos, ¿se les enseñó a identificar el nombre con la letra?
Como ya ni llorar es bueno, aquí La Culta Polaca –por cortesía del heterónimo Héctor Anaya, que está preparando “Libros de texto para sobredotados”, hace a sus cultos lectores la aportación de darles gratis una lección sobre el sonido que produce la pronunciación de consonantes, que les quedó a deber la Escuela, pública o privada:
Al pronunciar la P, hay una explosión y luego se cierra el canal por donde pasó el aire (Oclusivo)
Al decir F o V, entre los dientes superiores y el labio inferior hay un roce de aire (Labiodental y fricativo)
En el caso de la CH, el sonido empieza oclusivo y termina fricativo (Africado)
Hay en la B, vibración de cuerdas vocales y toque de labios (Sonoro, labial y fricativo)
Al decir T, se usa la punta de la lengua y los dientes superiores (Apical y dental)
La D se pronuncia con ambas hileras de dientes (Interdental)
La S se pronuncia al pasar el aire por un canal que se hace con la lengua abatida (Sibilante)
La L requiere que la parte anterior del dorso de la lengua se pegue al paladar (Palatal)
La N, en cambio, exige que la parte central del dorso de la lengua, toque el paladar y haya una resonancia nasal y alveolar (Dorsal, nasal, alveolar y sonoro)
Al decir G, el aire roza el velo del paladar (Velar)
Y para decir M, el aire requiere la sonoridad nasal y la fuerza de los labios (Nasal, bilabial y sonoro).
En cuanto estén a la venta los libros de Héctor Anaya (en coautoría con el joven genio Andrew Almazán Anaya, su nieto) se les informará a los lectores, para que sepan de la diferencia entre libros comunes y libros para enseñar a pensar.