REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
09 | 04 | 2020
   

Letras, libros y revistas

XIX Certamen Literario Juana Santacruz


Varios

El pasado 31 de mayo el jurado calificador del “XIX Certamen Literario Juana Santacruz” emitió su fallo. El jurado integrado por Angelina Muñiz-Huberman, Anamari Gomís y Federico Patán, tras un exhaustivo análisis de los textos presentados a concurso, decidió declarar ganador el trabajo titulado “La burla de Dios”, de Óscar Bacerott. La premiación se llevó a cabo el 6 de julio del presente en las instalaciones del Ateneo, ubicadas en Hamburgo #6, en la Colonia Juárez.

Este año la participación fue sumamente amplia: 189 trabajos provenientes de México y del extranjero. La calidad de los cuentos presentados fue muy alta, de ahí que no sólo hubo un ganador sino que el jurado decidió otorgar 2 menciones honoríficas a los trabajos: “Cristal”, de Mónica Pavón y “Un sombrero, por favor…”, de Begoña Ayuso.

El “Certamen Literario Juana Santacruz” se realiza de manera anual, con recepción de trabajos durante los primeros meses del año y su característica más específica es que el tamaño máximo de los cuentos a participar debe ser de una cuartilla. Este certamen es organizado por el Ateneo Español de México, A.C.

El Ateneo Español de México fue fundado por un prestigioso grupo de exiliados españoles compartiendo ideales de libertad y justicia en el año 1949, como institución cultural y con la idea de preservar la memoria de una infortunada época en la historia de España en que muchos de sus hijos lograron salvar sus vidas saliendo de la península para emprender un exilio, esparciéndose por el mundo, siendo México el país que mayor número acogió. El Ateneo ha sido un lugar de encuentro, memoria histórica del exilio, y a través de los años, ha ido enriqueciendo y preservando su importante legado cultural y artístico, fruto de donaciones de socios y amigos. Su biblioteca, cuenta con aproximadamente 40,000 volúmenes en que los libros de la Guerra Civil y el exilio superan los 14,000 títulos. El acervo documental constituye también otra importante fuente de apoyo para investigadores y estudiosos del exilio.

El premio “Juana Santacruz” es otorgado por un hijo de ese exilio en recuerdo de su madre que escribió un libro donde cuenta el terrible momento de perder su patria y salir con sus hijos a través de la frontera con Francia hacia la libertad.

A continuación presentamos los tres cuentos ganadores de esta emisión:

La burla de Dios
Óscar Bacerott

Desafortunadamente los cuentos que había leído hasta entonces le resultaron una pérdida de tiempo que bien hubiese ocupado leyendo a sus autores favoritos. Tenía, sin embargo, el compromiso de leer todos los escritos que habían llegado a su oficina, pues era ésa precisamente la labor que le correspondía como juez del certamen de cuento breve que había organizado el Ateneo Español de México.

Habiendo leído la mayor parte de ellos, no sin antes vomitar un par de veces, se encontró con un relato que le intrigó desde el momento mismo de leer el seudónimo del autor: Papa Benedicto XVI. Mientras su vista seguía el contorno de las letras, su mente pensaba casi inconscientemente en el momento exacto de su vida en que tomó la decisión de ser ateo. Su madre no había recibido con agrado la noticia y eso le seguía causando ruido.

Al terminar el relato cayó en la cuenta de que no recordaba absolutamente nada, por lo que procedió a leerlo de nuevo obteniendo exactamente el mismo resultado. Esta vez recordó aquella ocasión en que hizo su primera comunión: el padre le había hecho una pregunta que no supo contestar correctamente y por algún motivo este detalle lo acompañaba aún con un poco de pesar.

Sabiéndose incapaz de decidir si realmente la historia escrita valía la pena, tomó la determinación de leerla una y otra vez hasta caer en la cuenta de que era imposible hacerlo. Por algún motivo cada vez acudían a él diferentes imágenes de su vida religiosa como si se dispararan por efecto de magia. Por último, decidió darse por vencido, no sin antes consultar el verdadero nombre del autor: Jesucristo. Una risa iluminó su cara. Una risa que bien valía quince mil pesos.


     Menciones hororíficas:

Cristal
Mónica Pavón

Retazos de diamante caen hoy sobre las plantas. Astillas del cielo que se viene abajo inevitablemente. En un mínimo instante la luz traspasa el alma de los fragmentos, creando reflejos tan efímeros como hermosos. Acribillado el aire no opone resistencia: deja fluir su paso, su peso, su paso. Trayectos que sólo duran fracciones de segundo; descensos sin escalas; contundente final. Arañazos en la atmósfera de la tarde. Un estruendo. Una reacción. Un golpe. El cristal hecho añicos. Lluvia de terror al interior de la florería. El suicida saltó del quinto piso. Su cuerpo inerte yace entre los tiestos.

monica_pavon@yahoo.com.mx

Un sombrero, por favor...
Begoña Ayuso

El párroco había salido temprano, como era su costumbre desde que llegó al pueblo. La sotana le impedía caminar rápido. Al doblar la esquina sintió una ráfaga de aire frío en la cara, y se dio cuenta que había olvidado su sombrero. Del otro lado de la calle lo saludó Saturno, el policía. A él también lo tomó por sorpresa la ráfaga, pero en su caso no había olvidado la gorra, y ésta se elevó sin remedio. Saturno corrió tras su imprescindible gorra. En eso estaba, cuando algo le cayó del cielo, y justamente sobre la cabeza. A pesar del desconcierto, la aceptó bien.

Un hombre conocido por todos, corría detrás de la boina que el viento le acababa de arrancar, que no es que fuera muy fina, pero era lo más nuevo que tenía. Al dar la vuelta y verla en la cabeza de Saturno, Goyo en su condición de vagabundo, no tuvo fuerza para reclamarla. Pero a cambio obtuvo el suyo. Un elegante bombín se posó suavemente sobre su cabeza. El hombre del bombín sintió la pérdida cuando estaba por subir a su auto pero al ver su reloj decidió dejarlo ir. Para su sorpresa encontró en el asiento un gorro y probó suerte. A su chofer le sucedió lo mismo unas cuadras más adelante. Efectivamente, su gorra se despegó de su bien peinada cabeza, en cuanto bajó del auto. A cambio encontró la de Saturno a escasos metros.

Unas horas después el viento calmó sus ímpetus mañaneros, y el párroco se dispuso a impartir la santa misa. Estaban todos reunidos como siempre, pero algo había ocurrido en el pueblo. Saturno, el policía, se hizo amigo de los gatos. Goyo, por su parte, se afeitó después de muchos años. El banquero se olvidó de las prisas y el chofer con la gorra de policía bien puesta, no volvió a pasarse un alto. Finalmente, la de éste llegó a la cabeza de una vaca despistada que aprendió a caminar en reversa sin girar la cabeza.