REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

La interpretación cantada


Roberto Bañuelas

La música instrumental y la vocal requieren para su presencia la intervención especializada del intérprete que, en el caso del cantante, es al mismo tiempo el recitador, el actor y el músico de su propia voz, representante de la declamación cantada.
La canción es la unión melódica del significado de la poesía.
La melodía vocal con acompañamiento no improvisado se establece en las primeras décadas del siglo XVI.
Con el madrigal se describen los sentimientos y estados de ánimo por medio de los “tempi” combinados con acordes en modo mayor o menor.
La conciencia del valor personal del individuo del Renacimiento le lleva a una creatividad diferenciada de la calidad en el contenido poético y musical, en contraste con el canto de grupo, gregario y dogmático de la precedente mentalidad medieval.
Con la canción homofónica se revela el valor expresivo de la poesía en la exaltación de la música que la conduce al mismo tiempo que cada palabra debe ser comprendida y acompañada de matices expresivos.
Claudio Monteverdi eleva en sus óperas el sentido de la declamación a la expresión dramática de la música que en el canto se manifiesta con pasión y belleza. Todas sus obras representan el interés de lo novedoso y la superación de un cómodo tradicionalismo. Los textos revelan la verdad de los sentimientos y de las pasiones, y la música, en la sinceridad de la expresión cantada, las manifiesta con grandeza de arte.
La canción para una voz con acompañamiento tiene como finalidad combatir la confusión del contrapunto vocal y hacer comprensible el texto con las emociones que expresa, lo que da lugar a la exigencia de la interpretación.
Las vocales son las portadoras del sonido, apoyadas sobre la producción muy rápida de las consonantes.
El canto solista representa la versión definida del individuo con una expresión frente al mundo de su época.
Las cuerdas vocales deben formar cada tono con la misma facilidad que el cerebro reproduce cada imagen que capta el sentido de la vista.
Con excepción de la tensión espontánea del diafragma, el canto debe realizarse con esa rara combinación de energía y soltura, poder y relajamiento. El aire que se aspira y la distención, liberación y creatividad ordenados por el cerebro y la sensibilidad artística.
La maestría y la excelencia son el resultado de la disciplina de trabajo que realiza con gozo el poseedor de un talento definido y creativo.
En toda recreación cantada, el intérprete está obligado a diferenciar los contenidos que van de lo poético a lo épico, de lo emocional a lo descriptivo, revelando los matices de las palabras en conjunción con la belleza y fuerza variable de los sonidos musicales.
En el canto operístico, el artista debe combinar la excelencia del canto y la música con la verdad de la actuación, sea la obra dramática o de carácter cómico. El canto, musicalmente, recrea y sustituye a la declamación.
Existen cantantes que son intérpretes como instrumentistas musicales, y otros, con temperamento declamatorio de actor, que suelen ser los cantantes de óperas dramáticas.
La música exige del intérprete el paso de la emoción hablada a la expresión cantada en toda la gama de sentimientos y situaciones que confronta y experimenta el ser humano integrado a la cultura.
Todas las arias de ópera son, en su realización, arias de la locura de amor, de venganza, de heroísmo del personaje y del mismo cantante.
El actor-cantante encarna e interpreta vocal y corporalmente la dinámica dramática del personaje: emplea su voz para unir la potencialidad de la palabra con la música.
El mito de Orfeo deja de ser fábula en la voz de cada actor-cantante que evoca las emociones y las transforma en teatro cantado.
El cantante no debe ser un repetidor de melodías ni un recitador convencional, sino un intérprete intenso y profundo del mensaje poético y la creación musical para esas palabras.
En la música cantada del solista se unen e identifican la emoción y la razón.
En el Lied tiende a imponerse la estructura poética a las formas estructurales del compositor.
La forma del Lied se establece y define en la forma por la incorporación musical del acompañamiento pianístico que contribuye a la descripción del ambiente y la emotividad del texto cantado.
Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven, establecen las bases y lineamientos para la creación de la forma del Lied que, posteriormente, Franz Schubert lleva a caminos de equilibrio y perfección, convirtiendo al intérprete en un esmerado músico de cámara.
Schubert, intérprete y creador de su emotiva imaginación, plasma en algunos Lieder efectos que corresponderían al dramatismo intenso de arias de ópera en los que propone la intensidad del ff, como es el caso del Doppelgänger o Die Allmacht.
Robert Schumann es el compositor que combina el poema pianístico con el texto poético: describe con la música del piano el paisaje, el tiempo o el estado emocional del poeta-recitador-cantante.
El compositor de canciones de concierto como el Lied, obtiene parte de la música con la pronunciación melódica del poema.
La música que parte de un tema sobre el poema elegido, debe variar y evolucionar con el sentido íntimo de los versos.
La autonomía musical es válida y expresiva en los instrumentos que suplen a la voz cantante, pero en la voz cantada, el poema sigue vibrando en la melodía que motivó. Aunque la música instrumental se basta a sí misma, en el canto la idea musical se asocia profundamente a la impresión y expresión del poema.
En la composición del Lied, la música instrumental no debe ser de mero acompañamiento, sino una realización musical, melódica y armónica, plasmadas por el sentido íntimo y descriptivo de cada poema.
Los poemas, musicalizados en forma de Lied, alcanzan una expresividad sublimada por la música que exalta en otra dimensión la esencia de los versos.
En la interpretación del Lied, el cantante es a la vez músico y declamador, fiel al sentido del poema y a la expresión de la música.
Una de las más evidentes cualidades de la obra artística es la de incitar al espectador a compartir una más elevada línea de pensamiento y emoción. El intérprete recrea la obra del gran autor, y, al darle vida para comunicarse con el público, se establece un diálogo en el que todos hacemos nuestro el mensaje estético.
En el arte como en la ciencia, el hombre ha creado obras al servicio y beneficio de la humanidad. Creadores, investigadores, intérpretes y maestros, han establecido una conducta de inspirado trabajo que compromete a cada generación a cumplir con una misión de servicio.
El cantante solista no debe esperarse a la sonoridad de la propia voz para comenzar a interpretar, sino que debe prepararse anímicamente con el sentido poético o dramático del personaje desde la música que precede la acción de su voz.
Bellini, Donizetti, Rossini y Verdi, en su intento de componer canciones de cámara o de recital, no pudieron escapar a la tradición y a la experiencia repetida de componer romanzas o arietas con sentido teatral en que la música del piano sustituye o sintetiza la sonoridad de la orquesta.
En el canto artístico se unen y combinan la sonoridad y el significado del lenguaje con la dinámica y la expresión de la música. En el Lied, el pianista (acompañante solista) representa al compositor y el cantante al poeta que recita con palabras sus ensueños y delirios. La ópera es una sinfonía con actores y la sinfonía es un drama con música.
En las óperas de Verdi predomina la verdad de la acción dramática que culmina en el efecto teatral que hacen coincidir el canto grandioso y la sonoridad dramática de la orquesta.
En la ópera, para su realización y la comprensión del lenguaje poético-teatral y el musical, todos reunidos en el canto con la acción dramática.
Las canciones de Debussy están determinadas en la melodía por el significado y la sonoridad musical del idioma para expresarlo casi como un recitativo, mientras la música del piano pudiera ser autónoma como pieza instrumental. La música vocal de Debussy es para recitante y concertista de piano, más evocación que expresión directa de imágenes y emociones.
Maurice Ravel, en sus Trois Chanson de Don Quichotte á Dulcinée, combina el sentido recitante con el canto de gran lirismo.
La interpretación del canto, en los matices y colores de la voz, debe ser tan diversa como la paleta de un pintor al pasar los colores, luces, sombras y veladuras que conforman la expresión del cuadro.
En la interpretación del Lied se combina una manifestación poética con una expresión musical en que los acentos dinámicos y los matices se corresponden en una fusión artística.
La contribución de Gustav Mahler a la creación del Lied consistió en combinar con el canto la música de la orquesta y no el exclusivo acompañamiento pianístico.
Richard Strauss, compositor de óperas que después de las de Wagner logró una evolución hacia el expresionismo, apoyado en un sinfonismo dimensional, compuso casi cien Lieder en los que, con frecuencia, emerge el esplendor vocal en frases de exaltación operística
En 1904 el compositor Herrwarth Walden afirmó que su intención no era la de escribir música sobre un poema, sino unir poesía y música en una forma tan íntima que no fuera posible imaginar al poema sin la música y viceversa: unidad indivisible de sonidos y palabras en un significado artístico único.
La música vocal debe estar concebida como un trabajo de creación artística y no como material sonoro para consumidores de melodías agradables.
El cantante, en la diversidad de su repertorio, no debe pensar sólo en las melodías para la propia voz, sino creer en el mensaje del poema o del texto que expresará en unión con la música que es melodía, palabra, armonía y estructura formal.
El creador y el intérprete realizan con su vida un acto de continua comunicación. Lo contrario, es una negación de vida y arte.
El deseo y el acto de comunicarse artísticamente es coexistir y convivir, socializar y dialogar, dar y transmitir.
Hay creadores incomprendidos o negados en su tiempo porque ellos representan el avance del presente y los públicos el conformismo de la tradición o del pasado.
El artista creador es un estudioso que busca innovar frente a un público educado en los valores aceptados del pasado y que sólo acepta lo que heredó como sentimiento estético.
Desde hace medio siglo, el público crece o aumenta por los medios masivos de difusión que le informan, forman y deforman aunque no quiera. La diversidad de creadores y de intérpretes es material de información con objetivos utilitarios y económicos. La ciencia y la técnica de los medios de difusión ponen al alcance de los individuos desde la posibilidad de cultivarse hasta el simple acto de la diversión y evasión, logrando así, rebajar el sentimiento y degradarlo ante la manifestación de arte.
En la cultura occidental los autores están relacionados con la economía y no con fórmulas y rituales de tradición, lo que se da en la música ritual de oriente.
La obra de arte requiere más recreación intelectual que interpretación anímica. La pintura, la escultura, la literatura y la música no necesitan cambios y sí identificación para entender las características del estilo.
El goce ante el fenómeno estético es para todos en el grado en que la sensibilidad aprecia y responde.
El compromiso de dedicarse a la música, desde la calidad del ejecutante de conjunto al intérprete solista, es el de alcanzar la cercana o posible perfección para la propia realización y el goce de los oyentes.
El talento es un exceso de energía aplicado y expresado en la creación de obras o interpretación de las mismas, más allá de lo práctico y utilitario.
Mientras la mitad de la sociedad usa la voz para lamentarse de su suerte o maldecir a los enemigos, el actor y el cantante emplean su voz para expresar la grandeza del drama o de la música.
El acto de la creación artística, por difícil que resulte el proceso, está más relacionado con la iluminación que con la dificultad del alumbramiento.
Actuar o representar está definido en el inglés (to play), en el francés (jouer) y en el alemán (spielen) en su relación íntima del verbo jugar. Actuar es jugar en serio a representar la verdad que va de lo trágico a lo cómico.
Lorenzo da Ponte, libretista extraordinario de las tres óperas italianas de Mozart, concluyó que la poesía y el drama debían estar en equilibrio y a la altura y profundidad de la fuerza creadora del genial compositor. En la oposición de personajes trágicos y cómicos, el compositor acertó a plenitud en la caracterización musical de los personajes y las situaciones inherentes a su desarrollo teatral.
Las arias y los conjuntos aparecen como elementos oportunos de la trama y no como números convencionales para agradar al público como cliente. En Le nozze di Figaro y en Don Giovanni, el público no puede escapar al desarrollo intenso de la obra teatral, dimensionada intensamente por la música y el canto, siempre expresivos entre lo cómico, lo dramático y, a veces, de lo trágico.
El aria de concierto, de Mozart a Beethoven, es una versión operística que no pertenece a ninguna ópera; pero que se presta al lucimiento de técnica y de virtuosismo vocal: se trata siempre de una pieza para una brillante ejecución. Su creación se debe a la admiración que los compositores, especialmente Mozart, que compuso más de 40 arias, tenían por determinados cantantes con facultades musicales extraordinarias a la par de sus voces prodigiosas.
Beethoven, en su ópera Fidelio, realiza una obra sinfónica cuyo desarrollo está motivado por el argumento y las situaciones dramáticas de los personajes. El canto es instrumental y se compromete con la expresión íntima y declamatoria de las palabras.
La técnica vocal debe ser para el cantante como un catálogo de recursos instrumentales con seguridad y solvencia musical. La voz, en su técnica y tesitura, no deben tener problemas ni limitaciones en los años de plenitud física de cada cantante.
Si no se considera fácil y posible la interpretación de una obra musical, la sensibilidad y las posibilidades expresivas se incorporan como factores negativos.
El poema sinfónico, basado en motivos históricos, de leyenda, de homenaje o de recreación descriptiva, es el drama sinfónico sin palabras.
El lenguaje hablado y sonoro de cada idioma es la manifestación más íntima y personal para cada ser, y, cuando la poesía sirve de base a la música, la comunicación emotiva es más intensa que cuando la poesía o la música actúan separadas.
En la ópera la música expresa la emotividad y los sentimientos del poema o del texto al mismo tiempo que describe el ambiente, la situación y la acción de los personajes con su entorno.
La declamación emotiva de las palabras, unidas a la dinámica expresiva de la música, da por resultado el canto artístico.
En la creación y en la interpretación de la canción como Lied, coinciden el sentimiento poético, la visión plástica y la expresión de la música.
El compositor de canciones artísticas se identifica con la visión de la naturaleza descriptiva que propone el poeta como mensajero del hombre y la vida, uniendo en una versión la expresividad dual de las palabras y los sonidos como música y canto.
Además de la música fonética que contiene un bello poema, la música del compositor eleva y engrandece la expresión rítmica y conceptual de las palabras.
El intérprete, aunque esté acostumbrado a la sonoridad de su propia voz, debe sentir la presencia del compositor en la diversidad de matices, acentos y emociones exaltados en cada discurso musical.
La voz suena, pero canta el músico, el actor y el artista es una sola persona.
Arnold Schönberg, teórico consecuente con la creatividad, buscó y encontró una nueva integración armónica con el dodecafonismo y una dimensión melódica de diversa expresividad para su música vocal. Los textos de sus Lieder o de sus óperas coinciden con la nueva mentalidad tonal. Propone una realidad sonora en que los intérpretes deben cambiar su mentalidad y su visión de lo convencional y lo rutinario, debiendo considerar que la estructura métrica del poema se adapta y fusiona al desarrollo de la estructura musical, así como la voz se integra al desarrollo de la polifonía que deja de ser disonante porque no hay consonancias.
En las obras vocales de Mozart, a la perfecta definición rítmica del texto se fusiona la dinámica expresiva de la música y el sentido pleno de la realidad teatral con la vida y el mundo en la verdad y lo artístico. Los cantantes son personajes del mundo que se integran al discurso musical y teatral en la vivencia estética de la propia voz con el canto-lenguaje.
En la interpretación de oratorios, pasiones y cantatas religiosas, la interpretación vocal debe prestar atención especial a la comunicación y expresión del texto, del cual viene en cada pasaje la adecuada realización, evitando, además, la emisión sonora con ampulosidad operística. En épocas de cuaresma, cuando se suprimían las representaciones operísticas, los oratorios se representaban en forma teatral en los atrios de las iglesias. Händel, compositor de ópera, prefería presentar sus oratorios en teatro que en alguna iglesia.
Lo esencial y determinante en la ópera es la acción que procede del drama y la dinámica de la música que establece, a veces, variaciones sobre la repetición de un texto o del mismo formato músico-vocal.
Las grandes óperas, los oratorios, las cantatas y la canción artística (Lied, Mélodie, art song), determinan y exigen la adquisición de una técnica que permita al intérprete acercarse y recrear el nivel expresivo en lo musical, lo poético o lo dramático en la obra a representar.
El Lied alemán, la romanza italiana y el aria de ópera, así como la Mélodie francesa, han influido internacionalmente en la forma de la canción de concierto en diversos países. La diferencia de estilo y expresión proviene, en el caso de la canción española, mexicana y latinoamericana, de la esencia poética y de la música popular (no comercial) de cada país. La canción de concierto es, por reflejo estético, la unión de la sonoridad musical del idioma poético que incita y refleja en la música que forma la melodía cantable y su ritmo armónico que la integra en forma expresiva. A la expresión de cada poeta corresponde, así, la del músico compositor para integrar una realización formal, estética y expresiva.
Una de las más evidentes cualidades de la obra artística es la de incitar al espectador a compartir una más elevada línea de pensamiento y emoción. El intérprete recrea la obra del gran autor y, al darle vida para comunicarse con el público, se establece un diálogo en el que todos hacemos nuestro el mensaje estético.
En el arte como en la ciencia, el hombre ha creado obras al servicio y beneficio de la humanidad. Creadores, investigadores, intérpretes y maestros, han establecido una conducta de inspirado trabajo que compromete a cada generación a cumplir con una misión de servicio.
Más allá de ver pasar la vida, el objetivo supremo es el de hacer la vida y entregar, desde nuestra tarea personal, en amorosa reciprocidad, lo mejor de nosotros mismos a cambio de lo mucho que hemos recibido en un mundo perfectible, en un mundo de acción en que la vida es herencia de tareas y compromisos a cumplir.
Durante 52 años de actividad profesional, al margen de toda inútil vanidad, me he sentido gratificado de ser el puente expresivo entre las obras de los grandes maestros y la sensibilidad del público al que sirvo, amo y respeto con el mejor empeño de mi trabajo.
En estos once peldaños del siglo XXI, gracias a la magnitud prodigiosa de los medios de comunicación, la cultura puede sobrepasar los límites de élites ocasionales para transmutarse en un servicio de los más altos valores al servicio de cada sociedad.
Para crecer como nación necesitamos desarrollarnos como pueblo. El arte, históricamente, ha sido la firma más autorizada del proceso llamado civilización.
Para todo artista profesional, el camino del arte resulta siempre más largo que la breve vida, lapso que nos permite maravillarnos ante la magnitud de lo creado y concentrarnos en la línea y esencia que reclama, para expresarse y encontrar su razón de ser, el llamado persistente de la vocación, la cual nos impulsa y compromete a dominar un oficio que exige las condiciones de la excelencia. En el arte, el anhelo de superación no es una meta lejana, sino un camino que debe recorrerse a diario.
El intérprete es un afortunado heredero que se compromete a servir con celo y amor la riqueza de las obras creadas por talentos superiores que, en algunos casos de sublime excepción, alcanzan la genialidad, luz de todos los tiempos.