REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 08 | 2020
   

EDITORIAL

año 12, núm. 127 2011

Vargas Llosa y las drogas en América Latina

una recomendación que debemos reflexionar

Mario Vargas Llosa arrancó joven su vertiginosa carrera literaria. En 1958, a los 21 años, publicó el primer libro: Los jefes. Con esta obra obtuvo un primer premio internacional concedido en España: Leopoldo Alas. En 1962 ganó el Biblioteca Breve con la celebérrima novela La ciudad y los perros. Luego, nada se interpuso entre el autor y el éxito. No existe galardón de importancia que no le hayan concedido. Su obra es extensa y ampliamente difundida: ensayo, novela, cuento, teatro, periodismo, traducción. No descuidó, algo frecuente en los escritores, la academia y es doctor en letras con una tesis sobre García Márquez. Políticamente, dirían aquellos que tienen el encanto de dividirnos con simpleza, es conservador. Crítico de Fidel Castro, Hugo Chávez y de sistemas que le parecen anacrónicos ante el triunfo de la globalización y el derrumbe del socialismo, sus detractores no logran animarse contra su trabajo literario. Su talento los desalienta. Sólo los cubanos, quienes lo ven como a un converso, una vez que recibió el Nobel, se atrevieron a juzgarlo como buen literato y pésimo político. Por fortuna no vivimos ya aquellos tiempos en que más de un sectario intentaba probar a través de textos perversos que no sólo la conducta de Borges era reaccionaria sino también su literatura. La polémica sobre el compromiso político del intelectual es fastidiosa, sobre todo en un país donde los intelectuales mayoritariamente están con el poder, cualquiera que sea su filiación.

Vargas Llosa vino a dictar un par de brillantes conferencias. Recibió el máximo galardón que el gobierno mexicano le concede a los extranjeros que son amigos cercanos: el Águila Azteca en el Castillo de Chapultepec. Fue realmente reconocido y festejado. Atrás quedaron los malestares por su señalamiento crítico sobre la antigua forma de gobierno, a la que calificó como 'dictadura perfecta'. Hoy dijo que el país había cambiado. No sabemos qué tanto lo conoció en su paso por aquí, pero hace unos días declaró que América Latina debería legalizar las drogas si no querían caer en los graves problemas que pasan en México. El gobierno de Calderón nada repuso. La diplomacia nacional guardó, como es casi una rutina, silencio. Es de suponer que a Felipe Calderón, inmerso en una guerra que no parece tener fin y que ha tenido un alto costo de sangre, insistió, sin referirse a las declaraciones del más reciente Premio Nobel de Literatura que la lucha debe darse hasta el final. De acuerdo, ¿pero cuál será el final y quién triunfará? A veces parece que los mexicanos estamos dando la guerra por Estados Unidos más que por los mexicanos.

El Búho