REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
09 | 08 | 2020
   

EDITORIAL

año 12, núm. 128 2011

Exhumaciones en Chile

Hace unas semanas, exhumaron los restos de Salvador Allende, presidente de Chile, para precisar si su muerte se debió a un suicidio o a los disparos de los militares golpistas. Realmente no llegaron a una conclusión seria, pero eso sí la polémica fue larga e inútil. Ahora es el turno del poeta Pablo Neruda. A petición del Partido Comunista de esa nación, tendrán que sacar a Neruda del sarcófago donde se encuentra para que un grupo de médicos forenses determinen la causa precisa de su muerte ocurrida unos días después del salvaje golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet y apoyado por Estados Unidos.

Pablo Neruda padecía un grave cáncer de próstata. Su estado físico era delicado y seguramente se agravó a causa del fallecimiento de su amigo personal Salvador Allende y la brutal represión desatada por el Ejército contra socialistas y comunistas. No es imposible pensar que esta triste noticia agravó los males del poeta Premio Nobel. Murió el 23 de septiembre de 1973, unos días después del golpe y la muerte de Allende. La sospecha es que los pinochetistas le inyectaron una sustancia letal, cosa razonable en ese momento en que la furia de los reaccionarios era imparable.

Las voces más sensatas dieron su punto de vista sobre el presidente Allende: aunque se hubiera suicidado, el arma criminal fue impulsada por los militares traidores. El caso del poeta es similar. De no darse el brutal golpe, ni Allende hubiera muerto de forma tan dudosa ni Neruda hoy despertaría suspicacias. A los ojos de las personas razonables, ambas muertes se aceleraron por la violencia fascista. En el caso de Allende no hay duda, el Ejército abrevió su vida; en el de Neruda, asimismo la aceleró, que el cáncer lo iba a matar, no hay duda, pero su muerte se hubiera dado en condiciones menos dramáticas.

Los dos marxistas chilenos fueron víctimas del salvajismo fascistoide de Pinochet y sus secuaces.

El Búho