REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 10 | 2018
   
03-03-2012 
EN FIDECINE: ¿PERITOS O CHARLATANES?
Autor: Javier (sobrino de Juan Bruce Novoa) Ortiz Tirado Kelly
¿A qué destina nuestros impuestos el Imcine?

Por Javier Ortiz Tirado Kelly - Oteka

DE LO GENERAL A…

La principal diferencia entre el Fidecine y el Foprocine consiste en que el primero tiene la obligación de hacer viable la recuperación de las inversiones que el Estado realiza en las películas mexicanas. Para ello, el Fidecine se vale de un Comité Técnico que se convierte para deliberar en un órgano colegiado que se denomina Grupo de Trabajo. Sus miembros supuestamente son peritos o por lo menos especialistas en los diversos sectores de la industria cinematográfica y de la administración gubernamental de la cultura. A ellos corresponde analizar y dictaminar si los proyectos que los productores presentan a Fidecine serán o no apoyados financieramente.

Si el Grupo de Trabajo dictamina, por ejemplo, que un determinado proyecto no tiene viabilidad comercial, debe ser, supuestamente, porque sus miembros son peritos, o por lo menos expertos, en el “arte y/o la ciencia” de pronosticar si la película proyectada obtendrá una ganancia razonable o, por lo menos, recuperará la inversión. Porque si sólo dictaminan basados en sus latidos o sus sospechas, en forma subjetiva, sin método y, sobre todo, sin atinar a sus pronósticos, podría decirse, en el mejor de los casos, que sólo son charlatanes, si no es que emisarios de ese tipo de intereses que recientemente han denunciado la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas y la Sociedad Mexicana de Directores-Realizadores de Obras Audiovisuales, instituciones apabulladas por el des-consuelo.

El diccionario de la Real Academia, en términos del derecho, define al perito como “persona que, poseyendo determinados conocimientos científicos, artísticos, técnicos o prácticos, informa, bajo juramento, al juzgador sobre puntos litigiosos en cuanto se relacionan con su especial saber o experiencia”.

Y al charlatán lo define como embaucador: “aquel que engaña, alucina, prevaliéndose de la inexperiencia o candor del engañado”.

Desde que Fidecine fue creado en el año 2002, hasta el año 2011, ha financiado la producción de más de 140 películas. Para cumplir con sus fines, a diferencia del Foprocine, las películas apoyadas deberían haber recuperado la inversión que Fidecine hizo en ellas. Sólo así, los peritos que emitieron sus pronósticos de éxito comercial, se habrían justificado.

¿Pero qué podremos pensar si sólo 3 de las 140 películas han retornado al 100% su inversión a Fidecine?

El Grupo de Trabajo, órgano colegiado del Comité Técnico de Fidecine, ¿ha sido integrado por peritos confiables? ¿Cuáles son sus herramientas y su método para pronosticar el supuesto éxito de las películas? ¿Cuáles son sus valores, ideología, prejuicios, dogmas e intereses que los hacen apoyar o aniquilar los proyectos? ¿Qué pasará por las mentes de los despiertos (porque hay quien ya se le encuentra dormido sobre el ‘imperium de su curul’), cuando durante quince minutos los demás aparentan escuchar, en actitud prepotente como haciendo el favor, con sus caras inexpresivas, las exposiciones que les presentan los productores desde el banquillo de los acusados?

¿Qué tanto influye su aparente competencia en el lamentable hecho de que sólo el 6 por ciento de los asistentes a las salas cinematográficas de nuestro país acude a ver películas mexicanas?

Y los charlatanes, peritos en embaucar, en maquillar la rendición de sus cuentas, ¿a quiénes benefician?, ¿a quiénes creen que engañan?

A pesar de ello, hay muchos productores y creadores que tienen ‘fe en el cine’ (fide-cine) y quieren hacerlo bien y con calidad, aunque ciertas autoridades les llenen de trampas el camino. Ojalá que al terminar este sexenio, quienes asuman los cargos sepan simplificar la inaudita tramitología burocrática, esa avalancha de carpetas imposible de leer y analizar a fondo, con todo y que se esmeren los “carpetistas o carpeteros”, nuevo oficio que, gracias a la burocratitis, las escuelas y los centros de capacitación cinematográfica se aprestan a enseñar, toda una tramitología que debe cumplir el común de los mortales, pero de la que quedan exentas Conaculta, las autoridades de arriba y su red de beneficiarios, haciendo evidente que el gobierno hoy discrimina entre dos clases de cineastas mexicanos, los de primera y los de segunda... Que los nuevos comités y órganos colegiados sepan respetar la libertad de los creadores para manifestar sus creencias y sepan demostrar a los contribuyentes su profesionalismo, imparcialidad para administrar los recursos del Estado sin traficar con las influencias, y sí con transparencia y honradez.


… LO PARTICULAR.

Una mayoría de ese Grupo de Trabajo de Fidecine, acaba de hacerme víctima de un dictamen que no sólo se arriesga a pronosticar que el proyecto de mi película 'Vivir Amando' es inviable comercialmente, sino que, en forma indirecta y con argumentos falaces, esconde tras sus conclusiones las verdaderas razones con las que pretende restringir mi derecho a la libertad de manifestar libremente mis creencias. Los principios 5, 6 y 7 de la ‘Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión’, describen muy claramente las restricciones que me ha impuesto el Grupo de Trabajo del Comité Técnico.

Trato de aclarar y aclararme por qué dicho órgano colegiado mandó a la hoguera mi guión. En estos meses recientes se ha encarnizado la lucha política entre quienes aprueban y quienes desaprueban las reformas a los artículos 24 y 40 de la Constitución. Quienes se oponen de manera furibunda contra la reforma del 24, entre otras cosas, no están dispuestos a que las iglesias, y especialmente la Iglesia Católica, gocen de ciertas libertades religiosas y derechos humanos elementales. En particular, se oponen a que puedan poseer y administrar medios de comunicación. Esto es una paradoja, y más hoy cuando la brasileña Iglesia Universal transmite todas las noches por los canales 4 y 9 de Televisa. Pero eso ni se toma en cuenta. Quienes se oponen a la reforma del artículo 24, reviven hoy el odio que los ultras del liberalismo y la masonería han tenido históricamente contra la Iglesia Católica y contra todo lo que ‘huela’ a militancia religiosa.

En mi curriculum (http://Oteka-Curriculum.blogspot.com) y en mi blog (http://Film-Oteka.blogspot.com), es muy notoria la relación que, principalmente en mi juventud, tuve con sectores jerárquicos y laicos de la Iglesia Católica. Aunque mi visión, mis filias y mis fobias han cambiado mucho a lo largo de los años, es probable que se me identifique – equivocadamente - como parte del sector recalcitrante que quiere acabar con el Estado Laico, etc., además de que Adán, el personaje trágico de mi película, en su juventud (secuencia 26), es evidentemente un cruzado que lucha y fracasa al defender la libertad de los católicos para anunciar el Evangelio en el cine y la televisión, libertad aún proscrita para la Iglesia, con todo y el reconocimiento jurídico que constitucionalmente se le concedió a las iglesias en el '92.

Por eso hoy, los ultrafóbicos del catolicismo, que siguen dominando a las mafias del sector cultural, luchan para que no se aprueben las libertades religiosas que propone la reforma del artículo 24. Al reducir la Iglesia a un sector de la jerarquía que ha dado ocasión a severas críticas, impiden que el pueblo laico pueda realizar su misión eclesial que supone libertad para manifestar públicamente, desde los terrados, sus creencias; desde luego sin imponerlas, respetando las de cada quien. Aquellos ultras no comprenden, ni aceptan, que esas libertades religiosas de los ciudadanos pueden coexistir con el Estado laico.

Escondiendo las verdaderas razones de su rechazo a mi guión, el Grupo de Trabajo mandó informarme verbalmente otras escuetas e inaceptables razones, a saber, “que cuenta una historia inverosímil, con personajes débiles, con diálogos mal construidos; en resumen, un melodrama exagerado, un telenovelón, sin viabilidad comercial”.

Y no son aceptables sus razones porque se trata de un guión cuidadosa y profesionalmente trabajado que de ninguna manera es un melodrama sino una tragedia moderna, género mayor que el melodrama, que impone un tono diametralmente distinto a la actuación y que, por su temática, el Grupo de Trabajo ha censurado previamente, con lo que infringe los principios 5, 6 y 7 de la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión.

Debido a que no han dado respuesta escrita a mis solicitudes de información, sino sólo acuses dilatorios, he vuelto a presentarlas al Imcine, por la vía del Infomex-Ifai, a fin de tener evidencias para evaluar si habré o no de defenderme por la vía jurídica.

En cuanto al argumento de que mi guión no tiene viabilidad comercial, he pedido a través del Infomex-Ifai que el Imcine me conteste cuánto han recuperado cada una de las más de 140 películas que ha apoyado el Fidecine desde el año 2002. Como sé, en forma extraoficial, que sólo 3 han recuperado al 100% la inversión, con la obligada respuesta oficial podría demostrar que la mayoría de los miembros que han desfilado por ese Grupo de Trabajo durante este sexenio han sido, si no unos charlatanes, sí por lo menos peritos ineficientes que no han sabido pronosticar lo que el Fidecine tiene como exigencia central: apoyar películas con posibilidad de recuperación.

No deben negarse o dilatar esa información más allá del plazo que les concede la ley, pues entre los indicadores de gestión y evaluación de Fidecine, hay uno denominado:“Recuperación de la inversión realizada para la producción de películas” y que se describe como “ingresos recuperados por FIDECINE por película apoyada para producción, e inversión de FIDECINE por película apoyada para producción”.

Sin embargo, para presentar de nuevo éste o un nuevo proyecto, tendré que esperar otro año, absorbiendo las pérdidas y costos que ello implica, pues cada vez el Imcine y los fondos que administra inventan más candados. Cambian las reglas al último momento, sincronizan de tal modo las fechas de recepción de proyectos que, por ejemplo, si alguien no resulta apoyado por el Fidecine, se viene enterando tiempo después de que se cierra la recepción por parte del Foprocine. Y si uno quiere obtener apoyo por la vía del Eficine, pues resulta que al último momento vuelven a cambiar las reglas y las fechas, como si estuvieran destinadas a favorecer a determinados sujetos de apoyo.

Como ejemplo de esos cambios inesperados de reglas, cabe mencionar que en el 2011, a los proyectos que proponían un director de ópera prima, se les obligaba a contar con un productor ejecutivo que tuviera un mínimo de dos largometrajes producidos y exhibidos. En el 2012, dicho productor ejecutivo que habrá acumulado 3 largos en su haber, con la nueva regla quedará fuera, pues ahora deberá comprobar que ha producido y exhibido 5 largos. ¿No es ilógico, contraproductivo y le cierra más las puertas a las nuevas generaciones?

Pero, como es sabido, en México ha proliferado la idea de que ‘el que no tranza no avanza’. Así que cada vez más gente se brinca las trancas y no es raro ver fichas técnicas de películas mexicanas que llevan tres, cuatro y hasta más productores ejecutivos; uno o dos reales y otros que así acumulan rápidamente falsos comprobantes de experiencia. Tampoco es raro ver fichas donde sobreabundan los productores de línea, los gerentes, jefes, asistentes y listas de hasta diez ‘script doctors’ y supervisores de script.


EN CONCLUSIÓN:

Aunque los recursos que otorga el Estado para apoyar la producción de cine sigan siendo escasos, y su demanda continúe creciendo, lo que requieren urgentemente las instituciones cinematográficas oficiales es profesionalizarse, eficientarse, transparentarse y, sobre todo, no dejar lugar a dudas en lo que concierne a su integridad.

Y como diría el activista social que se hizo famoso por retar infructuosamente a las autoridades calderonistas: Si el Fidecine y sus Grupos de Trabajo no pueden cumplir su misión, pues que estos renuncien y aquel sea liquidado. Si la mayoría de las producciones no reciben apoyos anticipados de las distribuidoras y de los exhibidores que poco o nada quieren apostar al cine mexicano, sino recuperar a lo seguro y primero, ¿¡qué tienen que estar haciendo los respresentantes de esos dos sectores en el Grupo de Trabajo, supuestamente expertos en comercialización, dictaminando por lo general en forma fallida, a favor de producciones que resultan inviables comercialmente!?

Los recursos y la administración podrían turnarse al Foprocine que tiene una misión más rica y realista, pues entiende al cine como un instrumento de difusión, nacional e internacional, de nuestros valores, sin excluir de esa misión el interés de que las películas tengan éxito y puedan llegar a grandes públicos. En cambio, el Fidecine trata de emular o clonar fallidamente los trillados modelos de producción de contenidos y de mercadotecnia yanquis, creyendo que con ello las películas mexicanas tendrán éxito comercial en el inequitativo mercado nacional de salas de cine que dominan las ‘majors’ gringas, beneficiadas por el TLC, en perjuicio de nuestro sector de producción que, cuando ya tiene la soga apretada al cuello recibe, como premio de consolación del duopolio televisivo, tres pesos por exhibir masivamente sus películas.