REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 09 | 2018
   
01-08-2014 
Habitacion Con Vista Al Vacio
Autor: Erick Navarro

Arlene era la mejor amiga de Ramón. O al menos, eso él creía cada vez que le atisbaba su bonita boca, sus suaves cabellos derritiéndose por sus sienes blancuzcas. Cuando al verle triste, se le acercaba y le procuraba todo el permisible apeo. Eres perfecta, Arlene, no debes preocuparte, le dijo en una ocasión en la que su prendado le había abandonado. Tranquila, ya vendrá otro cachorrito como él, vamos al parque a tomar unos helados; a calmarnos, tranquilízate, le dijo un día que se le murió su labrador. Luego, le abrazaba, y le seguía adulando, como si fuera la única mujer en su vida. Pasaban los días como caballos salvajes sobre las colinas, cuando Ramón, notaba que la distancia era mayor.
Decidió pasar más tardes con ella, por consiguiente, tendría que preparar más frases pasionales, y un hombro para llorar, si en todo caso, ella lo necesitaría.
Le dio tanto apoyo, aquella tarde, que inclusive él, necesitaba café para amargarse la vida; como todos lo hacemos. Ella sonreía, mientras le sostenía la mano. Ramón le abrazo, y le dijo que trataría darle todo su apoyo.
Pasaron los días, Ramón llamaba a Arlene cada vez que podía, y siempre le contestaba con la misma frase: Mira, hoy me encuentro bien, no necesitas llamarme. Se quedaba suspendido, en el silencio, solo el latir sorprendido de su corazón se oía.
Una tarde, salió a pescar. Llovió de repente, y Ramón tuvo que ponerse bajo una covacha, para cubrirse del frío. Mas todo fue inútil, ello no evito que enfermase, y pasase los días en su cama, alejado de sus amistades, y sobre todo de Arlene; a quién extrañaba tanto. Distendido en su catre, pensaba en lo profundo de su amistad. Se sentía feliz de ser amigo de Arlene.
Nunca se había fijado en él. Era un joven bastante apuesto, pero solo lo suficiente. Tenía unos bonitos ojos color avellana, y un cabello cortado a cepillo, de color negro. A Ramón le daba poca importancia aquella presencia. ¡Pésimo error!; si de lo que más deberíamos preocuparnos es de lo que menos nos ha importado alguna vez. Frase Absurda.
Se llamaba Noel.
Esa era una tarde bastante distinta a cualquiera que hubiera elegido. Todos tendrían que realizar una marcha por la paz, y todos sus demás compañeros, hallábanse acostados en el salón, viendo por las ventanas, o leyendo (eventualmente). Atalayó a Arlene a lo lejos, sentada en su pupitre, con algo entre las manos. Justo cuando se le acercaba, apareció Noel, ambos saludaron, como viejos hermanos, y continuaron con sus rumbos; pero ambos tenían el mismo camino.
Ramón se sentó, cerca de Arlene, ella, no le saludaba. Sintió cierto escozor en el alma, como una mugrienta punzada de aguja. Arlene se abalanzó sobre Noel, y le beso en la mejilla.
- Nunca me ha saludado con beso en la mejilla- pensó-
Como todo caballero, pensó en saludarle. Pero las palabras que pronuncio Arlene, le dejaron con las frases en la boca. Dijo entonces, La jovencita, a Noel, sonriente, y quizás olvidando a su viejo camarada.
- ¿Qué otra cosa quieres?, tienes el honor de ser mi mejor amigo.
Ramón, se quedo suspendido, camino hacia la ventana, y volviendo a ver a sus espaldas, no pudo encontrar nada más, más que tan solo, la imagen de una nueva, y aburrida vida de ingratitud.